Venezuela lucha por el poder en chavismo

Venezuela lucha por el poder en chavismo

5 de abril del 2017

¿Cómo interpretar lo que ha ocurrido en Venezuela en los últimos días? Parece claro que hay una lucha por el poder al interior del chavismo. Pero hay un factor que se nos escapa y es el papel de Cuba en esta contienda interna. Porque el gobierno de la isla es determinante en todo cuanto sucede en el vecino país. Y el pulso entre dos fuerzas chavistas arranca desde el momento en el que Hugo Chávez, sabiéndose ya gravemente enfermo y obligado a dejar un heredero, se decanta por Nicolás Maduro en lugar de hacerlo a favor de Diosdado Cabello.

Fidel y Raúl Castro no fueron ajenos a aquella decisión. Sobre todo si se recuerda la primera aparción de Chávez ante la prensa después del golpe de de Estado del 11 de abril de 2002, cuando el líder bolivariano señaló a Cabello —allí presente, y cito de memoria— como aquel que debería tomar la antorcha de la revolución en caso de necesidad. De hecho, Cabello fue presidente interino durante las horas en que Chávez estuvo secuestrado en la isla de La Orchila.

Pero la última voluntad de Chávez dejando su revolución en manos de Maduro no es de extrañar, si la sugerencia llegó de La Habana, si se tiene en cuenta que el líder bolivariano era un hombre absolutamente abducido por Castro y la revolución cubana. Dejar a Venezuela en unas manos más moldeables como las del antiguo sindicalista del trasporte Maduro, y no en las de un militar con más resabios como seguramente resultaba para los cubanos el teniente coronel Cabello, parecía lo lógico.

Así que en un momento de derrumbe material y moral como el que vive Venezuela han llegado los nudos al peine, como dicen los italianos. Prueba de ello es la manifestación insólita de independencia de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, al afirmar que la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) asumiendo los poderes de la Asamblea significaba “una ruptura del orden constitucional”.

Luisa Ortega no es ninguna opositora, todo lo contrario, es un personaje de estricta disciplina chavista y su declaración en un momento tan delicado, es algo que no se veía desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999. Lo que queda claro es que en el curso de pocas horas ha habido en Venezuela dos autogolpes.

El primero ocurrió cuando el jueves 30 de marzo el TSJ, presidido por un juez de bolsillo —Maikel José Moreno Pérez, condenado en su momento por asesinato y expulsado de la policía por homicidio— asume las funciones de la Asamblea Nacional. Y el segundo el sábado 1 de abril cuando, tras comprobar la reacción internacional ante la usurpación de poderes por parte del Supremo, Nicolás Maduro salió de su aquiescente silencio y ordenó al TSJ que cambiara su decisión.

¿En qué quedamos? ¿No proclama el régimen en Venezuela y sus áulicos en el exterior, como el partido Podemos en España, que en la república bolivariana existe independencia de poderes? Está visto que no, y a pesar de la marcha atrás el daño ya está hecho. Tampoco se han restituido plenamente los poderes a la Asamblea y en Venezuela, como se confirmó durante esas dramáticas horas, la independencia de poderes es mera ficción.

Cabe preguntarse entonces el porqué de los acontecimientos de finales de marzo y comienzos de abril. Aparte el trasfondo de peleas internas dentro del chavismo, surgen interrogantes que reclaman una explicación. ¿Por qué en ese momento? ¿Cuál era la urgencia de dar ese golpe a escasas horas de unas elecciones en segunda vuelta en Ecuador, con lo mucho que aquello podía perjudicar al candidato de izquierda Lenín Moreno. De hecho, el líder opositor Guillermo Lasso aprovechó para pedir un voto que evitase a Ecuador el desastre venezolano. Por lo que en la marcha atrás de Maduro podría haber sido decisiva una llamada de Rafael Correa.

Otro factor importante del conflicto al interior el chavismo, como ocurre hasta en las mejores familias, es el dinero. Una de las razones por las cuales el TSJ habría arrebatado temporalmente las atribuciones del poder legislativo es porque Maduro necesita vencer la resistencia de la Asamblea Nacional a dar el visto bueno para que la estatal PDVSA se asocie a una empresa rusa para explotar yacimientos en el Orinoco.

El gobierno de Maduro cuenta con los rusos de la petrolera Rosneft para cumplir con los pagos de la deuda externa, que en abril superará los 2.900 millones de dólares, y el negocio se puso en marcha luego de que el TSJ autorizase al presidente realizar cambios a los contratos relacionados con empresas mixtas del sector petrolero sin tener que consultarlo con la Asamblea Nacional.

Hugo Chávez tenía tal obsesión con la separación de poderes que enmendó la plana a Montesquieu y en su Constitución bolivariana añadió a los tres poderes clásicos —legislativo, ejecutivo y judicial— un cuarto poder, el electoral. La violación grosera, por las razones que sean, de la aparente independencia de poderes que tanto le gustaba pregonar al “comandante eterno”, aunque fuera formalmente, ha hecho saltar chispas dentro del chavismo. Está por verse qué más consecuencias tendrá toda esta movida en los próximos días. Porque nada se ha cerrado definitivamente con la marcha atrás dada por el TSJ por orden de Nicolás Maduro.

Por Juan Restrepo 

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