Volvió a suceder: otro rico, otro poderoso, que se burla de nuestra justicia y de nuestro estado, en nuestra cara, sin remordimientos, sin respeto alguno por nuestras leyes, por un país que tanto dinero le dio, que tanto disfrutó, y del que tanto se aprovechó, y del que sin un solo asomo de arrepentimiento, por el daño que hizo, huyó, sin siquiera mirar atrás, confiando en su instinto, que es el mismo del ¨colombian stablishment¨, que cree que todo lo puede con dinero y sus relaciones personales, como incluso algunos creen que lo logran en esa Miami a donde los latinos van a lavarse la cara y dejar sus ¨basuritas¨ allá abajo, allá en el sur, a donde nunca mas piensan volver, y como si volvieran a nacer, quieren pronto, no solo olvidar, sino borrar de su pasado, esa incomoda historia de subdesarrollo que ¨nunca fue cosa de ellos¨
Solo basta ver la fotos de Víctor Maldonado en las paginas sociales usando corbatín negro, corbatas de diseñador o guayaberas en su exclusivo hotel de lujo cartagenero, para darse cuenta a que atenerse con este señor. Porque ni Miami fue suficiente, chico, no. Europa y la noble España era lo que necesitaba para pavonearse, para restregarle al mundo y a los colombianos engañados sus frívolos gustos, que se pagaba, como no, con plata de otros este bandido, tan convencido él de ser intocable, como lo era, ¿es?, en Colombia.
Creyó que ese aire de desprecio y pretendida superioridad, que tanto disfrutaba, siendo además súbdito del rey Don Felipe VI, lo iría a exonerar de cualquier responsabilidad por derecho propio, pues nunca escondió su cara, ni su vergüenzas; todo lo contrario, sus millones de dólares y sus abogados de lustre le permitieron burlarse cándido de la justicia en Colombia, y si bien es cierto que nuestra justicia es muchas veces un chiste, este sospechoso se les escapo de entre las manos, como no lo lograron, o no quisieron tal vez, sus cómplices, los otros miembros de la banda de Interbolsa.
Ojalá ahora, con suficiente tiempo en su celda para pensar sobre lo divino y lo humano, aprenda la lección este señor, y también sus cómplices; y entiendan que el desprecio y el poco temor que sienten por la justicia en nuestra país, viniendo de poderosos como ellos, hace mucho más daño que el ladrón de ocasión de las esquinas de Bogotá. Porque cuando alguien es dueño del hotel a donde todos quisieran ir, del banco en donde todos quisieran invertir, y del equipo de fútbol al que todos quisieran ver campeón, es justamente el modelo de persona a quienes muchos jóvenes quisieran imitar, el modelo que muchos quisieran seguir. Pero no, este resultó, precisamente, el bochornoso modelo que hay que evitar, el mal ejemplo a condenar, el bandido al que hay que perseguir: otro ¨cacao¨ derretido.
Víctor Maldonado: "cacao" derretido
Mié, 01/04/2015 - 11:12
Volvió a suceder: otro rico, otro poderoso, que se burla de nuestra justicia y de nuestro estado, en nuestra cara, sin remordimientos, sin respeto alguno por nuestras leyes, por un país que tanto di
