“Vivir fuera del presupuesto nacional es un error”

15 de junio del 2017

Cuando solo hacían falta dos votos para que fuera aprobada en la plenaria del Senado, la inasistencia de los congresistas hizo que se aplazara para la sesión de días más tarde

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Hace unos años, antes de emprender un vuelo de Cali a Bogotá, encontré a un hombre a quien conocía por haber ido varias veces a su muy buen restaurante en la capital del Valle. Nos saludamos y terminamos hablando largo porque faltaba un buen rato para la hora del despegue, así que me enteré de cuál era el motivo que llevaba a la capital del país a aquel conocido mesonero vallecaucano.

No eran asuntos familiares ni de negocios. Yo pensé que lo llevaría a Bogotá algo relacionado con la restauración, pues si de una cosa entendía aquel personaje era de cortes de carne, de verduras, de atención al público; y también de farándula ya que por su establecimiento, además de suculentos platos, pasaban cantantes más o menos conocidos que amenizaban con su espectáculo las cenas del local.

El hombre era de pocas palabras, digamos que no se distinguía por su facilidad de expresión. Era un poco burdo y rudo en sus sentencias, que solía rematar con algún término de grueso calibre. Muchas veces sus frases terminaban rimando con fruta o bombón. Fino, lo que se dice fino, no era el señor. De modo que mi sorpresa fue grande cuando me dijo que la razón de aquel viaje suyo era asistir a una sesión del Congreso de la república. Y no precisamente en calidad espectador sino como parlamentario por el partido Liberal. El bodeguero vallecaucano, pues, resultó ser también un padre de la patria.

Me explicó que él era esa cosa exótica que los políticos colombianos han instituido para repartirse mejor el dinero de los contribuyentes y que llaman “segundo renglón”. El bodeguero era suplente de no sé qué personaje conocido de la política regional. Así que se le permitía calentar el asiento del titular durante seis meses para figurar luego como ex parlamentario con todas las prebendas del caso, incluida una jugosa pensión.

La verdad es que, según me enteré luego, el asiento lo calentó poco porque se pasó viajando “en comisión de servicio parlamentario” por varios países de Extremo Oriente. La última vez que supe de él, hace ya casi diez años, se quejaba de que su pensión de exparlamentario, algo superior a los veinte millones de pesos, no le era suficiente para el tren de vida que llevaba después de cerrar definitivamente su negocio de carnes y cantantes.

Esta ejemplar vida política me ha venido a la mente esta semana en que la prensa se ha ocupado, sin mucho interés todo hay que decirlo, del debate sobre el ausentismo de los congresistas. Hace casi dos años está en la honorable cámara la iniciativa que trata de sancionar el ausentismo parlamentario en Colombia. Sin embargo, su tránsito por ese sagrado recinto de la democracia ha sido a paso de elefante, un animalito muy apreciado por la clase política del país desde los tiempos del inefable Ernesto Samper.

Cuando solo hacían falta dos votos para que fuera aprobada en la plenaria del Senado, la inasistencia de los congresistas hizo que se aplazara para la sesión de días más tarde y así, aplazando y aplazando, nos encontramos con que el proyecto se vuelve a archivar. ¿Qué iluso puede esperar en este país que el congreso se reforme para bien? La gente sabe lo que ganan y lo poco justificada que está esa platica.

Lo curioso de este país es que los siguen votando. Por un tamal, por una camiseta o una botella de aguardiente, los siguen votando. Y los congresistas felices, como el hombre del cuento que les eché al comienzo, viajando por el mundo, con viáticos de lujo y con pensiones de ensueño. Quizá sin saberlo han aplicado a rajatabla un albur mexicano de los políticos del PRI que dice: “Vivir fuera del presupuesto (nacional) es vivir en el error”.

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