Santos y su intento de parecer un estadista

10 de septiembre del 2013

Pese a su estirpe liberal, fue ministro de comercio exterior, hacienda, defensa y designado presidencial de gobiernos liberales y conservadores.

De Juan Manuel Santos nos dijeron que se había preparado toda la vida para ser presidente. Y ciertamente tuvo acceso al poder y oportunidades que la mayoría del resto de colombianos jamás tendremos. Como él mismo lo recordó hace unas semanas, a los veintitrés años fue nombrado en un altísimo cargo como representante de la Federación de Cafeteros ante la Organización Internacional de Café, en Londres, por supuesto. Lo que para muchos hubiera representado la culminación de una exitosa carrera, para nuestro presidente este cargo fue solo el inicio de su trayectoria al lado del poder y los poderosos en el sector público.

Pese a su auto-proclamada estirpe liberal, fue ministro de comercio exterior, hacienda, defensa y designado presidencial de gobiernos tanto liberales como conservadores. Siendo parte del establecimiento colombiano, respaldó la linea blanda del gobierno de Andrés Pastrana y fue partícipe de los diálogos del Caguán con las Farc, como también respaldó la linea dura del gobierno de Alvaro Uribe, y tomó crédito por los golpes militares más contundentes asestados por nuestro ejercito a este grupo guerrillero. Siempre ha estado del lado políticamente correcto del vaivén del estado de opinión, tanto así, que quiso acreditarse parte de la famosa teoría de la Tercera Vía que impulsara el ex primer ministro británico Tony Blair.

Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras, Kienyke

Con tal experiencia y tales credenciales, además de los modales ingleses que muchos le alabaron al inicio de su mandato, por el contraste que representaba con el capataz que gobernó Colombia por ocho años, además de los anuncios de convertirse en un traidor de clase y sus políticas de reparación de tierras y locomotoras económicas, se auguraba un gobierno con norte, que a muchos en principio nos gustó, incluso al iconoclasta Antonio Caballero, quien reconoció que si el asunto de la tierra se resolvía, Santos haría un gobierno histórico.

Pero henos aquí tres años después, nos encontramos con un presidente errático en medio de un país en ebullición, al que casi le estalla la ¨primavera de las ruanas¨ en su cara, y pareció no darse cuenta. Debe ser la primera vez en nuestra historia que el ejecutivo va a negociar con algo o alguien que nunca existió “como el tal paro campesino”. Luce tan perdido el presidente que lastimosamente parece que la única solución que encuentra a todo aquel que le protesta por algo es girar con la chequera pública, como lo hizo inicialmente con los cafeteros, y no buscando soluciones a largo plazo como esperamos todos.

También encuentro extraño que si Santos siempre se acomodó con el consenso, con las mayorías, con la opinión, decida ahora jugarse su legado y su reelección con los diálogos de La Habana, que dependen de una contraparte retrechera y poco confiable, y que dividen hondamente el país (mas por desconfianza con las farc que por otra cosa). Cuanto tendrá que entregar el presidente a este grupo para asegurar el acuerdo si la apuesta por la paz es lo único que le va quedando para mostrar de su mandato?

Sin embargo, creo que el ejemplo mas dramático de falta de liderazgo de este presidente tiene que ver con el litigio con Nicaragua por la decisión de La Haya. Mientras Ortega lleva estos diez meses mostrándonos los dientes y anunciando canales inter-oceánicos, compra de fragatas rusas y exploraciones petroleras en lo que ellos llaman ahora su mar territorial, aquí nuestro presidente sigue buscando culpables con el retrovisor, y no ha sido capaz de mirar al futuro y unificar al país en torno a una posición digna, fuerte y que acoja el sentir nacional. Si no es en estos momentos cuando el país necesita al estadista -que tanto prometían las credenciales de Santos- , al gran líder, entonces cuando? No es hora ya de que el presidente diga algo mas allá de ¨vamos a analizar el fallo ¨. O que diga cosas como que si ellos no reconocen el Tratado Esguerra-Bársenas, entonces vamos por la Costa de Mosquitos, que al final de cuentas era colombiana, o de ofrecerle a Costa Rica una base militar en su frontera con Nicaragua? Absurdo? Por supuesto, pero no lo es también la pretensión de Ortega de dejar a Cartagena sin mar y adueñarse de toda Cuenca de Colombia en el mar Caribe?

Durante su carrera política el presidente Santos siempre bailó al ritmo que le pusieron, pero ahora que es a él a quien le corresponde decidir que, como y con quien bailar, no ha sido capaz de poner el paso. Pues al ritmo que va, será recordado como un Marroquín por la perdida de Panamá o un Urdaneta por el regalo de Los Monjes.

Mariela Isabel Rueda cree que esta apatía o calma presidencial es estoicismo ” an englishman walk, will never run”. A mi me parece mas que es indecisión del presidente por querer ser políticamente correcto siempre, un whishy-washy, como dirían los gringos. Pero si como lo dijo el mismo Santos ¨solo los imbéciles no cambian de opinión ¨, pues es bueno que se entere que un buen número de colombianos ya están cambiando la suya acerca de sus capacidades como presidente, y a este paso lo único que en realidad no va a existir es la tal reelección.

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