¿Y tú qué haces para darle un respiro al planeta?

15 de diciembre del 2013

El ciudadano del siglo XXI debe ser aquél capaz de afrontar los desafíos que nos impone día a día la globalización

El ciudadano del siglo XXI debe ser aquél capaz de afrontar los desafíos que nos impone día a día la globalización, con la capacidad para identificar y resolver problemas con sentido de pertenencia e interacción con el entorno, formando así una sociedad con responsabilidad social (ética, ambiente y valores). Muy distinto a lo exigido en en siglo pasado. Según estudios del programa para el desarrollo humano de las Naciones Unidas (PNUD), se encontró que el 61% de los habitantes del planeta viven en 3300 conglomerados urbanos en los cuales se produce el 72% del producto interno bruto mundial. El resultado sociocultural de ese éxodo masivo a las urbes es una nueva manera de vivir, en cuanto a: sentir, pensar, actuar, relacionarse, creer, tener y comunicarse.

Al mismo tiempo otros estudios y observaciones realizadas por psicólogos, comunicadores y sociólogos, señalan que los ciudadanos contemporáneos usan menos palabras para comunicarse con sus semejantes; comparado con décadas atrás. Ya que los nuevos entornos donde habita lo han convertido en un ser más “anónimo”, que reside en megaciudades donde apenas conoce a su vecino e incapaz de dar solución  por sí mismo a problemas a los que se expone a diario. Probablemente la misma sociedad lo relega a ser espectador, pero lo más alarmante es que tampoco muestra el interés por dejar de serlo. Pocos son los que se atreven a ser actores y dar su aporte. Precisamente esos son los ciudadanos que se necesitan hoy en día.

Sin alejarnos de los parámetros que le impone la educación a los ciudadanos del siglo XXI, para toda persona debe ser indispensable realizar actividades que lo hagan sentir pleno, superando aquello que hicieron sus padres e incluso lo que ellos mismos piensan que pueden hacer, y ante todo dejando de una u otra forma una huella a manera de agradecimiento con su entorno. Lastimosamente la preocupación del ciudadano joven de hoy es tener el último smartphone, vestir acorde a las tendencias de la moda, ir al gimnasio para pulir el físico, tener cuenta y ser activos en cuanta red social inventan, mantener el puntaje más alto en Candy Crush (incluso presidentes como Nicolás Maduro se han declarado adictos a él), saberse la canción que está pegada, verse todo reality show o serie que exista, y así sigue muchas reglas para ser aceptado en los estereotipos del mundo moderno y no quedarse atrás. Lamentablemente el capitalismo salvaje y la sociedad consumista nos ha vuelto sus esclavos. Cuando el verdadero ciudadano del siglo XXI pensado por los intelectuales de la antigüedad, debe ser aquél que en conjunto lea y escriba libros, aprenda una segunda lengua, toque un instrumento musical, practique un deporte, tenga empleo y realice actividades como sembrar un árbol. Lo que lo haría ser un humano integral.

Puede que muchos hayamos tenido la oportunidad de cumplir en el colegio o la universidad un par de esas actividades y considerarnos medianamente “íntegros”, más, si nos comparamos con nuestros antepasados o con habitantes de zonas vulnerables en donde a duras apenas se puede aprender a leer y escribir. Es precisamente ese sentirnos “íntegros” o “afortunados” y tras analizar el último ítem del párrafo anterior en el que se mencionaba el “sembrar un árbol” (lo que no debe ser entendida en sentido literal, sino como una forma de retribuirle con nuestro sudor algo al medio ambiente por todas las cosas que nos brinda), me llevó a formularme la siguiente pregunta: ¿Qué estoy haciendo yo para darle un respiro al planeta? Intenté plantearme respuestas basándome en todas las campañas de concientización que vemos en los medios de comunicación, las cuales seguía al pie de la letra pero que resultaron ser actos hipócritas como: desconecto mi cargador en la noches (pero en el día cargo mi celular mínimo tres veces), ahorro agua cuando me cepillo los dientes (pero en la ducha me demoro media hora), mantengo todas la luces de mi casa apagadas (pero paso ocho horas diarias frente al computador o la tv). Al darme cuenta de ello me enteré que no estaba haciendo prácticamente nada, aquellas conductas por las cuales sacaba pecho y estoy seguro que usted también lo hace, sólo son una cortina de humo para camuflar todas esas otras acciones en las que pareciera que la tierra nos importara un carajo.

Por esta razón es que intenté obviar esas acciones “heroicas” en las que terminé aportando realmente cero al cuidado del medio ambiente. Y basándome en el hecho de que la cosas cuando nos cuestan el sudor de la frente más les damos sentido y valor. Me propuse desde ese momento realizar acciones que de verdad contribuyan a que la tierra tengo un respiro. Por eso comparto la primera de muchas de esas actividades que pretendo hacer de ahora en adelante.

Al averiguar en la web es sorprendente la cantidad de ideas que podemos realizar con materiales que tenemos a la mano en nuestra casa. La cuales con tan sólo hacerlas podemos darle un respiro en una millonésima de segundo al planeta (¿Se imaginan cuánto no sería si los más de cinco mil millones que habitamos la tierra lo hiciéramos frecuentemente?). Entre tantas opciones y buscando una que se amoldase a mis recursos disponibles me decidí por darle un nuevo hogar a varias plantas de agua en bombillos de luz incandescente usados (antiguas bombillas). Para realizar ello utilice los siguientes materiales: Bombillas antiguas usadas, pinza con extremo biselado, cajas de huevo, tijeras, temperas ecológicas, agua y plantas acuáticas.

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El procedimiento a seguir fue retirar el extremo metálico de la bombillas usando la pinza con bisel y dándole un giro de 360 grados (es lo único complicado de toda la actividad, puesto a que hay que tener mucho cuidado ya que las bombillas son frágiles y pueden romperse). Luego recorte las secciones de las cajas de huevo que serían el soporte de mis bombillas. Posterior a ello pinté el nuevo soporte y las bombillas para darle un mejor aspecto. Por último llené de agua las bombillas las puse sobre sus soportes y trasplanté las plantas y quedó listo el mini jardín. Posdata: Si deseas hacerlo también y vives en una ciudad tropical es necesario que cambies el agua de las bombillas gradualmente puesto a que puede ser reservorio de larvas de mosquito.

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Esta es una propuesta sencilla para darle un nuevo uso a varios objetos que no dudamos en tirar a la basura. Hacerlo no frenará el calentamiento global, ni cerrara en dos días el hueco que existe en la capa de ozono. Pero sí hará que tomemos consciencia respecto a los aportes que podamos hacer  individualmente en pro del medio ambiente, lo que sin duda él nos agradecerá. Estos son sólo mis propios aportes. Te invito a dejar de ser espectador y convertirte en un actor de los que tanto necesita la sociedad hoy. Por ello te pregunto:

¿Y tú que haces para darle un respiro al planeta?

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Este artículo fue realizado con el fin de tomar consciencia ciudadana frente a nuestro actuar con el planeta, alejándose medianamente a las temáticas tratada en este blog. Por tal motivo le presento excusas a los lectores habituales de este espacio y los invito a que visiten nuevamente el blog la próxima semana en donde encontraran una nueva entrada acorde a los temas tratados en este blog.

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 Alvaro J Tirado R.

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