Las 12 mil ‘Yulianas’ que el país ignoró

Las 12 mil ‘Yulianas’ que el país ignoró

14 de diciembre del 2016

Hace más de una semana conocimos el nombre de Yuliana Samboní, una niña de siete años que sufrió y murió de una manera tan violenta que dejó atonito al país. Al mundo.

El caso se torna más siniestro a medida de que avanzan las investigaciones. Primero, se encuentra su cuerpo sin vida con evidentes signos de tortura y violencia; el presunto culpable está en el hospital por una sobredosis de cocaína y alcohol.

Luego, se anuncia que el cuerpo fue manipulado: había sido lavado, depositado en la bañera y posteriormente el cuarto de máquinas de un jacuzzi e, incluso, se dice que fue cubierto de aceite; también se encontró que se trataron de tirar algunos rastros de sangre ropa y fluidos por el inodoro.

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A esto le sigue la muerte del vigilante del edificio Equus 66, Fernando Merchán, en lo que se anunció como un suicido, debido a una nota encontrada en la escena, pero en condiciones tan extrañas que quedan muchas incognitas por resolver. Las mismas, las despejó Medicina Legal: El vigilante murió por hipoxia severa, es decir por falta de oxígeno. Se mató.  En su sangre se encontraron rasgos de un fármaco. No aguantó la culpa. Sus demonios fueron más fuertes.

Asimismo, se sabe que la niña fue trasladada entre dos edificios, Equus 66 y  Equus 64 viva; que el asesino y sus cómplices, al parecer los hermanos del acusado, tuvieron cinco horas para manipular el cuerpo antes de dar aviso a las autoridades y que Uribe Noguera había perseguido a Yuliana en otras oportunidades.

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Y el día de ayer (martes 13 de diciembre) se dieron a conocer otras pruebas que generan incognitas por resolver. El fiscal general anunció que el vigilante mintió en su primera declaración y fue coparticipe de los hechos y, además, que se investigará por qué Medicina Legal tardó cuatro horas en transladar el cuerpo. Cuatro horas. No hay trancón en Bogotá que justifique una demora tan larga. Además de esto, se le suma la carta de un vecino donde se afirma que los familiares de Rafael Uribe Noguera conocían su actuar.

Hay un detalle que debe esclarecerse, Al parecer, según vecinos del lugar, a las siete de la noche llegó la policia al apartamento, sin el acompañamiento de la Fiscalía ni de Medicina Legal. Un caso de violencia estrato seis, se ha dicho en diferentes medios. Los hechos se tornan más confusos a medida de que avanzan las investigaciones y, en vez de generar respuestas, se producen más dudas. Las sospechas que generan los retrazos en los procedimientos e investigaciones iniciales motivan una pregunta: ¿hubo corrupción entre los autores del crimen y los medios de control público?

Sin embargo, todos los ojos están sobre la Fiscalía y sobre los Uribe Noguera, por lo que lo más probable es que, esta vez, el caso de Yuliana obtenga respuestas y justicia. Lo que no ocurre con la mayoría de casos de violencia y abuso sexual en el país.

Yuliana, un símbolo de la violencia infantil

A pesar de que Yuliana nos ha recordado la violencia a la que se enfrentan los niños en el país y que todo el país ha salido a denunciarlo y a pedir condenas más fuertes, la realidad es que Yuliana es un caso que se suma a los 12 mil casos de violencia sexual que afectan a los menores anualmente en el país. Si Yuliana hubiese sufrido los horrores de los que fue víctima en su hogar, como ocurre en el 95% de los casos, no conoceríamos su nombre, no habría celeridad en el proceso, la Fiscalía no haría un seguimiento tan juicioso del caso y, probablemente, quedaría en impunidad.

Según Medicina Legal, cada nueve horas un menor es asesinado en Colombia. Un promedio de tres infantes por día, 21 a la semana, 90 al mes y 1095 al año. Asimismo, el 86,5% de registros de exámenes por violencia sexual son realizados en niños. Y se estima que las cifras de violencia infantil subieron en el último año. Las cifras de condenas son mucho, mucho más pequeñas.

No hay palabras que puedan describir lo que sufrió Yuliana aquel domingo entre los apartamentos del Equus 64 y el Equus 66. Cada vez que escuchamos su nombre, nos llenamos de tristeza e indignación y es difícil entender cómo alguien puede hacer algo así. Sin embargo, hay menos palabras para describir el horror que viven 12 mil niños en nuestro país; niños anónimos que sufrieron tanto como Yuliana que eran un poco más jóvenes o más grandes, pero igual de inocentes. Niños que hemos olvidado y que son olvidados por el sistema todos los días, solo recordados por sus familiares y amigos, quienes no tienen un apellido que resuenen en los medios de comunicación ni en las redes sociales. Pero están ahí, vivieron, rieron y lloraron, y ¿lo mínimo que merecen es caer en el olvido?

Yuliana no es un número, como tampoco lo son los demás. Es una persona que sufrió lo inimaginable y que nos recuerda lo enferma que está nuestra sociedad y lo urgente que es que se generen penas verdaderas y, aún más importante, soluciones previas. Yuliana no es un caso, es un símbolo. Un símbolo de la violencia contra los niños y menores que pasa demasiado tiempo entre las sombras y durante los últimos días ha visto la luz. Y una vez las incógnitas sean resueltas y la condena dictada, lo mínimo que podemos hacer es no olvidarla a ella, ni a los demás. No hay peor exención que el olvido.

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