¡A otro perro con ese huesazo!

6 de mayo del 2011

A cuarenta y ocho horas de cumplirse el término de prescripción de la acción penal del descarnado crimen del avión de Avianca HK 1803, o vuelo 203,  estallado el lunes 27 de noviembre de 1989 en pleno sobre en inmediaciones de Soacha Cundinamarca, logramos la declaratoria de lesa humanidad de este reato y 20 delitos más del brazo armado del sangriento Cartel de Medellín. Esta organización narcoterrorista en cabeza de Pablo Emilio Escobar Gaviria, quien de manera sistemática incursionó en prácticas macabras que sometieron al Estado y sus asociados durante más de una década, y que en 1898, detonó mas de 250 bombas en el país, tenía un gran “socio” de quien ya he escrito antes: Miguel Maza Márquez.

Cuando logramos trasladar los procesos de Medellín a Bogotá D.C, a la Fiscalía Octava de la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, algunas de las primeras medidas que se adoptaron, en gran parte por iniciativa del Ministerio Público, fue la de estructurar un grupo especializado del Cuerpo Técnico de Investigación (C.T.I.), con el fin de que realizara un inventario de todos y cada uno de los 21 actos criminales que hacen parte de la macro investigación, que contiene crímenes que aun están en la impunidad y que son de gran relevancia en la búsqueda de la verdad de muchas telarañas narcopolíticas del país y sociedades corruptas financiadas por el narconegocio.

Luego de dar el impulso procesal debido como parte civil en procesos de Ley 600  -porque hay que decir que, paradójicamente, si a alguien hay que arriar es a los que investigan e imparten justicia- este incompetente cuerpo investigativo, sin fundamento jurídico alguno y carente de asidero legal, emite un informe sobre el objeto de la misión que le encargaron. Con gran preocupación encontré que una de las hipótesis es que el avión se precipitó al suelo, no por causa de la detonación del explosivo, sino por una falla mecánica. La locura es tal, que se evidencia en las contradicciones del documento. En el mismo, el grupo élite dice que luego de practicar las pruebas pertinentes y de haber encontrado extractos positivos, resultado de la utilización del reactivo lunge sobre nitritos y nitratos (elementos necesarios y básicos para  la elaboración de los explosivos), plantea la posibilidad de que no se tratara de un explosivo al interior del avión, sino una falla mecánica.

Otro argumento que parece pertenecer más a la fantasía que a la realidad jurídico-procesal, es alejarse de la verdad del proceso proveniente del acervo probatorio (pruebas materiales, declaraciones juramentadas, inspecciones judiciales y hasta confesiones de los autores materiales), es dar relevancia a la no perfecta coincidencia de las versiones de los lugartenientes de Escobar. Pretender esa exacta unidad en las declaraciones, confesiones y versiones en una investigación es estúpido, por decir lo menos, y más tratándose de bandidos y pícaros. Esto no se ve en materia civil; mucho menos se verá en materia penal. Lo que se tiene que valorar es que tanto las declaraciones de Carlos Mario Alzate Urquijo, alias “El Arete”, como las declaraciones John Jairo Velásquez Vásquez, alias “Popeye”, así como las demás diligencias probatorias y declaraciones oídas, apuntan durante la vida procesal, a que este fue uno más de los atentados terroristas del extinto Pablo Escobar Gaviria.

Probable es encontrar contradicciones en las versiones, no solo en esta investigación, que lleva 21 años y 5 meses, sino en cualquiera otra y por eso es menester que el ente investigativo deba actuar de manera diligente, expedita y honesta. Es sabido que dentro del iter procesal hay versiones que inclusive podrían ser encontradas, que no es el caso presente, pues acá vemos algunas declaraciones que difieren entre sí, en su estructura formal, pero el fondo es el mismo; esto es: la introducción de un artefacto explosivo al avión HK 1803 a manos de un personaje -“El Suizo”-, que se chequeó como Julio Mario Santodomingo, (nombre del propietario de la aerolínea, quien no viajaba en el avión) y engañado bajo la importante misión de grabar a una gente muy influyente que iba en el avión, que cuando pretendió grabar detonó el explosivo.

Este cuento es como los de Maxwell Smart; es un cuentazo de “no te lo puedo creer jefe”, pero sobre todo es una historia más de tratar de ocultar la verdad. Detrás de esto tiene que haber manos criminales y llenas de billetes, pues no puede creerse que un funcionario de un cuerpo investigativo de la Fiscalía General de la Nación sea tan inepto e incompetente, para incurrir en tales contradicciones y menos en crímenes de lesa humanidad, que tienen la trascendencia de la violación a los DDHH y al DIH y que han marcado el devenir de esta ensangrentada patria teñida por el veneno blanco. ¿Será la manita del DAS?

Señor Fiscal, exijo se motive el informe del CTI explicando cómo 21 años y 5 meses después cuando en materia probatoria, todo apunta a que lo que se debe hacer es unificar los criterio jurídico-procesales para evaluar las pruebas que conducen a un mismo fin, se diga que la explosión del HK 1803, pudo haber sido consecuencia de una falla mecánica.

Reaccionemos: a otro perro con ese hueso y a otro abogado con ese informe mentiroso!

Twitter: @colconmemoria

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