¡El pueblo dijo basta!

29 de julio del 2011

Esta frase que representa el tope rebosado por las actitudes reiteradas que evocan a consecuencias reaccionarias por las personas de bien, que creen en las instituciones y en el poder de la verdadera democracia, pero que por más paciencia y comprensión que las caractericen tienen un punto de irritabilidad y sensibilidad cuando se abusa de […]

Esta frase que representa el tope rebosado por las actitudes reiteradas que evocan a consecuencias reaccionarias por las personas de bien, que creen en las instituciones y en el poder de la verdadera democracia, pero que por más paciencia y comprensión que las caractericen tienen un punto de irritabilidad y sensibilidad cuando se abusa de ella, la recuerdo con nostalgia porque mi padre, que era un hombre con la paciencia de Job, eventualmente la expresaba cuando estaba al borde de la exasperación por motivos que le tocaran sus fibras más íntimas. Esto lo podemos ver en la cotidianidad de nuestra querida y adolorida Bogotá. Ya no aguantamos más atropellos y exabruptos en contra de quienes soñamos con un Distrito Capital digno de vivir, digno de mostrar y digno de servir. Se ve en las diferentes aristas que Bogotá, víctima de las últimas administraciones, tiene tantas condiciones y capacidad que hasta da para que se la hayan robado en las últimas corruptas gerencias, en manos de ratones vestidos de seda y elegantes linos cual si fuesen inmaculados solideos.

Oigo en la ciclovía, en el Transmilenio, en los restaurantes, parques y en general en los barrios de las localidades, la queja generalizada de los ciudadanos que ya no aguantan más la putrefacción distrital y su afección a consecuencia de estos actos, pues se sienten víctimas directas del sistema y de la propia sociedad que tiene que reaccionar a través de la delincuencia, porque aquellos roedores no les dejan otra opción. En resumen se oye un: “ayúdenos, estamos mamados”.

Hoy 29 de julio de 2011 es un día de gran importancia para mi vida, mis intereses democráticos y de quienes creen en mi trabajo y quieren una Bogotá optimizada en sus recursos y en su talento humano. El miércoles pasado formalmente suscribí mi candidatura al Concejo de Bogotá D.C. presentando mi programa “Septálogo de las víctimas”, a través del cual las personas de que ha dado cuenta nuestro desafortunado presente, sean parte de la solución en procura de la dignidad ciudadana tan anhelada como esquiva. Le rogué al Arquitecto de la Vida, que de regalo de cumpleaños me diera, así fuera sin empaque ni tarjeta,  la audiencia de imputación de cargos de Sammy y su divina consecuencia procesal de la medida de aseguramiento sin beneficio de excarcelación, pero estaba cantado, venía una dilación procesal: memorial radicado por el nuevo defensor argumentando la necesidad de tiempo adicional para conocer del caso y hacer uso del derecho de defensa, del exburgomaestre experto en juegos y carruseles, que no son propiamente actividades lúdicas infantiles. El olor al destapar estas ollas podridas se intensifica y cada vez se acerca más al del amoniaco, que al de los caspetes de La Modelo o La Picota.  Otro presente que pedí y que sí me dieron, ya que, así lo consideró el Juez Sexto con funciones de Control de Garantías, fue la no libertad de Moralesrussi por haber transcurrido los 90 días de ley sin que se hubiera comenzado el juicio (vencimiento de términos). Este sensato funcionario administrador de justicia iluminado por el Espíritu Santo manifestó  que existen unas excepciones a estos términos que justifican su decisión. Cuando Moralesrussi tenía sus elegantes valijas empacadas en su celda, para emprender su camino, el juez sustentado en que hay más de 5.000 folios que se han revisado en extensas jornadas de lunes a viernes de 8 de la mañana a 6 de la tarde que evidencian la complejidad del proceso, le dijo “quieto en primera”.  Este señor que no me conoce y yo a él tampoco, me adelantó el regalo de cumpleaños unas horas, pues indicó que “de allí que esa actuación compleja nos lleve a indicar que es razonable el motivo por el cual no se ha dado inicio a la audiencia de juicio“. Otro gran regalo lo recibí también ayer, cuando inscribí en la Registraduría Distrital con David Luna, mi campaña en busca de una curul en el Concejo bogotano. Me siento muy honrado de contar con el aval y el apoyo de la cúpula del Directorio Liberal, pero el regalo tiene que ser de mí para las víctimas, como lo dije en las líneas de las semanas pasadas.

Sin inclinarme por la numerología y más bien acercándome al llamado de mis corazonadas, hoy es un día que nos permite abrir los ojos y hacer una reflexión: ¿queremos más de lo mismo, queremos una Alcaldía como la actual, queremos un Concejo Distrital que tiene siete órdenes de captura pendientes contra concejales para después de las elecciones del 30 de octubre, un IDU, lleno de ratas? El 29 de alguna manera en un ejercicio aritmético básico de sustracción me da 7. Uno de mis números favoritos, no solo porque soy del mes 7 y del año 1977 (77/07/29), sino porque es un elemento numérico que integra el Septálogo de las Víctimas, que será un programa ejemplar ejecutado desde el supremo cabildo distrital, que articulado con políticas del Alcalde Luna, darán como resultado la disminución de los índices de víctimas en Bogotá a la vez que dará cuenta de los bandidos pájaros que hoy por hoy, hacen las delicias de sus normas y contratos amañados a través de los cuales desangran el erario y con el los bolsillos y corazones de los contribuyentes que seguimos creyendo en un mejor presente y futuro. Adicionalmente, el 7 integra mi querido rótulo electoral: L-17.

En el más reciente informe de “Bogotá cómo vamos” claramente deja ver a través de 1.508 personas las alarmantes cifras. El 89% no confía en el desacreditado Samuel Moreno. El 65% califica negativamente la gestión del equipo de gobierno distrital. El 38% se siente inseguro en Bogotá. El 26% ha sido víctima de delitos y para cerrar con broche de oro color Polo Democrático Alternativo, el 68% ha sido víctima de robo de teléfonos celulares. Se paga entre 50.000 y 80.000 pesos a quienes limpian los vidrios en los semáforos por el llamado “campaneo de BlackBerrys, Iphones y en general móviles de gama alta, tabletas y computadores portátiles de quienes transitan las calles de Bogotá para ser víctimas del hurto, daño en bien ajeno y demás tipos penales que se configuran en desarrollo del robo o atraco. Es crimen organizado. Debemos castigar ejemplarmente a estos delincuentes que hacen invivible e insufrible nuestra ciudad y no perjudicar al comerciante legal.

Es escandaloso ver estas cifras; el índice de victimización es elevadísimo. No obstante, dice la alcaldesa mayor (e) que la percepción de quienes nos visitan es buenísima y que vamos hacia adelante. Que tenemos una ciudad en desarrollo (obras sin terminar gracias a Sammy y sus secuaces) y que debemos seguir hacia adelante como bien nos dirigimos. ¡No hay derecho! Repito estamos hartos de esta payasada y de la falta de respeto a la dignidad de los asociados.

Qué vivan los números: los que vamos a lograr disminuir en los indicadores de víctimas y criminalidad y aumentar en participación activa de las mismas, que son parte de la solución y no del problema. El pueblo dijo basta. ¡Sigamos trabajando!

@arellanoL17

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