¡Examen de conciencia!

15 de febrero del 2011

Mientras se liberan secuestrados y analistas especulan sobre una eventual negociación de paz con las guerrillas, nosotros deberíamos pensar cuáles son las reformas estructurales que necesita Colombia para algún día vivir en relativa armonía.

Por ejemplo, es prioritario recomponer la relación entre los ciudadanos, las víctimas y el Estado. Debemos reformar la administración de justicia o el sistema penal acusatorio, porque en Colombia no hay nada más difícil que meter a un delincuente a la cárcel. Por eso es necesario “tutelizar” la justicia, volviéndola pronta y resolutiva.

Hay que reformar al sistema electoral y el acceso al poder, legitimando el ejercicio público, por ejemplo, por medio de las carreras administrativas. También es preferible un Congreso unicameral, vestido de circunscripciones unipersonales para que sea más grande la Constituyente y se facilite el control popular.

También sería oportuno reducir las barreras para el registro de partidos políticos y que la financiación estatal de las campañas funcione en realidad en las regiones y en los municipios.

Por el otro lado, la vicepresidencia sobra y Colombia debería caminar hacía el federalismo y el parlamentarismo, porque la corrupción no es razón suficiente para evitar la descentralización del país. Sin olvidar fortalecer a las instituciones, aunque sus fuerzas radiquen en conservarse ellas mismas y a como dé lugar.

Ahora bien, me imagino que cuando el Banco Mundial le recomienda a Colombia que aborde las causas del conflicto, está teniendo en cuenta las transformaciones que ha producido en ellas el narcotráfico. Por lo tanto y pensándolo bien, desnarcotizar las relaciones con USA es evadir una lamentable realidad.

Pero de todos modos, el éxito de una eventual negociación de paz con las guerrillas depende del éxito de leyes como la de tierras y de víctimas. No sin antes recobrar el control, no sólo de las armas, sino también el de la recaudación tributaria, porque evadir impuestos es algo muy grave, aunque en Colombia sea una práctica común.

Y una eventual negociación de paz con las guerrillas debería centrarse primero en una agenda política para luego sí ir desarrollando transformaciones económicas, muchas de ellas profundas y necesarias.

Sin dejar a un lado a los militares, porque como decía el general Landazábal, “la paz se hace con quienes hacen la guerra”… Luego y en caso de éxito, tendremos que pensar qué hacer con más de 500 mil hombres, si no estamos en guerra…

Pero lo cierto es que hoy y a la luz del Derecho Internacional no es posible amnistiar a las Farc, al menos que nos inventemos otra triquiñuela jurídica como con los paramilitares en Ralito, porque el Estatuto de Roma está vigente.

Ahora recuerdo leer a Bushnell cuando decía, “Colombia es más geografía que historia” y tenía razón, porque muchos colombianos antes de los “procesos de paz” en el Caguán y Ralito, ni siquiera sabían que esos lugares hacían parte del país.

Pero ¿las armas a cambio de qué? Me pregunto yo. Si la verdad es que al “Establecimiento” no le importa el conflicto o los secuestrados, siempre y cuando todo ocurra lejos de las capitales; donde sea más fácil reprimir que prevenir; o que las víctimas no sean de clase media alta para que no llamen la atención de la prensa y de los medios de comunicación.

¡Nadie está hablando de una “revolución por decreto” como decía el ex presidente López pero sí necesitamos urgentemente de unas reformas estructurales, consensuadas y después de un sincero examen de conciencia!

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