¡Gracias, muchas gracias señor presidente!

17 de junio del 2011

Muchas veces me parece sano, práctico, pero sobre todo académico, escribir algunas líneas introductorias donde se explique en un breve prolegómeno, el tema que me oficia en mis columnas. No será esta la excepción.

Senado, deviene de la voz latina senatus que a su vez encuentra su origen en el vocablo senex-is (anciano, viejo) y era un cuerpo colegiado conformado por patricios y hombres sapientes de edad mayor y gran reputación (la gran mayoría),  que en la antigua Roma se encargaba de abarcar los temas relevantes para el pueblo a través de sus cónsules, pretores y ediles. Eran hombres probos y de gran conocimiento de las costumbres y necesidades de sus gentes.

Por lo general estos patricios eran personas entregadas al derecho de gentes, bajo la premisa vox populi, vox Dei y en especial se ocupaban de legislar acerca de la guerra y de la política de la cosa pública. Pasaban sesiones casi sempiternas en deliberaciones y decisiones.

Esto como es evidente, en detrimento de nuestra comunidad ha cambiado. La probidad de los hombres es cada vez más escasa, cualquier “delfín” llega fácilmente a ocupar las curules de la importante corporación y aun peor, llegan a su presidencia personajes de muy mal talante. Ayer que fue el último día de la primera legislatura de este año, pues se adelantaron unos diítas, se escucharon casi 102 arengas, excesivos elogios y exclamaciones fervorosas de agradecimiento; era lo que se oía esa mañana en la última sesión plenaria del Senado en la presente legislatura presidida de manera sin igual, por el Honorable Senador Armando Benedetti. El frenesí y el jubiloso grito que no dejaron ahogar en sus gargantas los colegas de Benedetti, se oía por los pasillos del Senado de la República. Un clamor al merecido reconocimiento de la labor mesiánica de este caballero de las leyes republicanas.  No así se escuchaban hasta hace muy poco, pues antes, en los corrillos de la politiquería estaban a la orden del día las quejas sobre ese servidor.

Esto no asombra, pues es una manifestación más de las movidas políticas ya que, ahora que el Senador Benedetti vuelve del VIP de la plenaria a “preferencial”, sus colegas, en gran mayoría disidentes, ahora esperan con el puesto calientico y gran regocijo al representante de Santos en el poder legislativo, para lograr sus alianzas lejanas de la procura del bien común y prestos al show mediático. Por ejemplo, las víctimas piden las mínimas garantías de protección, también los líderes que las representan claman a gritos por ser oídas, ya que no cesan las amenazas y asesinatos contra los defensores de derechos humanos y líderes sociales y mientras esto persista esa famosa Ley de Víctimas será otra verdadera farsa. Ahora bien, las campañas de protección y sensibilización son de perentoria necesidad. Las disposiciones que reglan las obligaciones de nuestro país sobre el respeto y la observancia de los Derechos Humanos, en especial las que contempla la Carta Política y los tratados internacionales, que hacen bloque constitucional con aquella, son de gran riqueza retórica, pero su exégesis obliga a la aplicación de un mandato claro que acá es desconocido: el Estado es garante y es responsable de hacer respetar a través de sus fuerzas y ramas del poder los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario. Mientras todo esto no se cumple, acá vemos los elogios y adulaciones al presidente del Senado y de la República, sin hablar del expresidente y su protagonismo incesante, que además dejó una preciada huella en la Ley 1448 del 10 de junio de 2011 y que colapsó la Carrera Séptima ayer al salir como volador sin palo de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, hacia el hotel Tequendama. Este maravilloso legado de estos tres presidentes que cada vez cobra más protagonismo en el afán de destacarse en el mundillo político, desdibuja el verdadero concepto de la entrega de la actividad pública en pro de los colombianos.

El Senador Benedetti, hombre experto en el famoso pupitrazo, obviamente terminó su administración sin ningún proyecto pendiente, pero quién no iba lograrlo pasándose por la faja la Ley 5 de 1992, quién no habría de obtener un resultado “cumplidor” de su gestión al dejar por fuera de la participación en los debates, proposiciones y objeciones a los partidos y bancadas de oposición, cómo no tramitar en su totalidad una agenda legislativa a los trancazos. Se ve venir otra pregunta obligatoria ¿será que se cumple al ver estos cotidianos comportamientos antidemocráticos, el nuevo y romántico slogan del Congreso de la República “aquí vive la democracia”, no será más bien: “aquí vive la burocracia”? o inclusive, “aquí vive la demagogia”.

Deben estar los senadores romanos y hacedores naturales del ordenamiento jurídico positivo dando vuelta en sus sepulcros pétreos, casi como sarcófagos endurecidos para no dejar entrar la contaminación pseudo legislativa de estos seres que hoy hemos escogido para que representen nuestros intereses y reivindiquen nuestros derechos. Las células madre del derecho se deben estar distorsionando al desconocer los preceptos del honeste vivere, neminem laedere, suum cuique tribuere del Maestro jurisconsulto Ulpiano.

Uno viviendo en este oficio de poner el ojo en las medidas y políticas que deberían preservar los derechos fundamentales los Derechos Humanos y la observancia del Derecho Internacional humanitario, no sabe a cuál de los tres presidentes agradecer más, si al rey de los pupitrazos (pupilo de los dos siguientes), al actual expresidente o al que dijo que “si esta Ley se aprueba, habrá valido la pena ser Presidente”. Según esto, sancionando leyes que vulneran los derechos fundamentales se legitima y da sustento el ser Presidente de la República de Colombia.

Honores al pabellón nacional: que suene el himno y que sigan aplaudiendo. Gracias señor presidente!!

Twitter: @colconmemoria

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