¡No creo en los políticos del cielo!

26 de abril del 2011

Me culpo el jueves joven y me culpo el viernes viejo. Me culpo por matar a Cristo. Y en esta hojarasca, que no cree en el espacio o en el tiempo, les confieso en cofres un secreto. ¡No creo en los políticos del cielo!

Porque el Papa, padre de nadie, ora por la pobreza pero vive en la opulencia. El Papa, padre de nadie, ora para que cese la violencia pero silencia la barbarie. 50 años de silencio siguen manteniendo a los cielos amordazados por el holocausto de los germanos y la inquisición tampoco les arrebata un bostezo, un baño de oro o una copa de sangre.

¿Cuántos años más tendrán los gays que vivir la estigmatización y los señalamientos de los políticos del cielo? ¿Cuántos años más sin impulsar el uso del condón, que ayuda a preservar la salud y que controla la natalidad de las naciones? ¡África se muere de sida infectada en nombre de Cristo!

¿Cuánto tiempo tuvo que pasar para que cuando un hombre cometiera el delito de acceso carnal violento, se pudiera abortar legalmente o abortar el feto en la cara corrompida del clero? Y cuando dos novios en el acto de amar, experimentan un impase y no desean concebir, eso también justifica abortar el feto en la cara corrompida del clero.

¿Cuántos años más para que la eutanasia, que definía Bacon en el siglo XVII, se imponga sobre el invento cristiano de que debemos sufrir y culpar hasta que Dios nos convierta en morfina? Por eso y cada vez más, en las iglesias reza la soledad y el vacío; muchos creyentes son en realidad actores cumpliendo con decadentes protocolos sociales; ignorando la pedofilia y la doble moral de una iglesia, que se presta para ser el perfecto escondite para un puñado de demagogos cobardes, incapaces de salir del closet.

Y ni para qué hablar del machismo dentro de las filas eclesiásticas; del rol de la Iglesia Católica durante la época de la violencia en Colombia, cuando ser liberal era considerado ser un pecador; o las atrocidades que cometieron durante la conquista, calificando a los indígenas como “enemigos de la fe”; o los recientes rumores de lavado de activos en el Vaticano, entre otros…

Por lo tanto, ¡hoy revoco con labios de acero y colmillos calientes la excomunión de Martín Lutero, porque el Papa León V fue un pobre diablo de a peso! Me culpo el jueves joven y me culpo el viernes viejo, porque Dios cree en nosotros y no en los políticos del cielo…

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