¿A quién le interesa escuchar a los filósofos?

8 de abril del 2011

Quien más quien menos, mis cuatro primos carnales se dedican a la filosofía. Leen libros, discuten entre ellos y son admirados a distancia por el resto de la familia, fiel al principio de no meterse en las preferencias ajenas e incluso favorecerlas en la medida de lo posible. Estos muchachos, que me merecen gran respeto, se plantearon más de una vez el problema del miedo de mi tía, llegando a conclusiones oscuras pero tal vez atendibles. Como suele ocurrir en casos parecidos, mi tía era la menos enterada de estos cabildeos…” Tía explicada o no, Julio Cortázar

Soy una persona común y corriente, ni soy intelectual ni conozco a nadie que lo sea, pero me gusta leer y también reunirme con amigos a “arreglar el país”. Cuando camino por las calles me gusta observar a la gente. También curiosear vitrinas. Por eso en estos días pasé frente a una librería y entré a hojear una revista que me llamó la atención, pues preguntaba ¿Dónde están los filósofos? Tengo un hijo que quiere estudiar filosofía, y como creo que eso no sirve para nada, pensé que el artículo me podía ayudar para hacerlo cambiar de opinión.

Estaba en el lugar una señora que, escuché, había estudiado filosofía, aunque después me dijo que ella no es filósofa porque no hay ninguna universidad que lo pueda hacer a uno tal cosa. Como me gusta preguntar, conversando con ella, me contó más o menos esto que escribo a continuación, aunque no esté bien escrito porque eso no es lo mío, pero lo hago pensando en mi hijo, para que vea que algo aprendo mientras camino.

Dijo: “Desde los comienzos la humanidad se ha preguntado el por qué de las cosas, cómo es el mundo, qué es el hombre y cómo vivir mejor. Al principio, las preguntas iban dirigidas a los dioses, a través de sus oráculos. Luego, a los planetas y las estrellas. Después, al ver que ya los dioses ni los cielos contestaban todas sus preguntas, se sintió solo, tomó conciencia de su capacidad de pensar y comenzó a buscar explicaciones por sí mismo. Nació la filosofía.

Primero, con preguntas incómodas a gente en la calle, como Sócrates. Cuando las autoridades se dieron cuenta de que era como una piedra en el zapato, lo hicieron suicidar, pero unos alumnos crearon espacios más reducidos para el estudio. Fue así como surgieron la Academia de Platón y el Liceo de Aristóteles. Después aparecieron más escuelas filosóficas, con diferentes concepciones del mundo y métodos para estudiarlo. Discutían entre ellos sus teorías, a veces solos, aún a costa de ser acusados de herejes o locos, como Galileo, Hume, Nietzche y otros tantos. Aunque parece que Nietzche sí estaba chiflado de verdad.

Surgieron las ciencias, me dijo la señora, como respuesta a la curiosidad por saber más. Y, a medida que avanzaba en conocimiento, el hombre dividía cada vez más ese conocimiento en partes independientes. Pero todo parece indicar que a pesar de los avances científicos y tecnológicos, la gente aún hoy no sabe cómo resolver los problemas fundamentales, que son viejísimos: guerras, hambre, desigualdad social y económica, corrupción, injusticia, etc. O sea, que el hombre no está viviendo mucho mejor que antes. A mí me parece raro eso de que entre más estudien, menos se puedan encontrar soluciones a tanto lío, como si en vez de saber más estemos siendo igual de estúpidos que siempre. Pero bueno, yo no estudié ni filosofía ni nada.

La señora siguió diciendo que ante las preguntas, la gente espera que haya quien las conteste todas sin cuestionarlo, como los griegos con el oráculo. Nadie quiere preguntas incómodas, ni tampoco que lo haga pensar, no sea que de pronto le toque hacer algo, qué pereza. La mayoría de la gente quiere respuestas cortas, fórmulas, tips, que le digan qué hay qué hacer de una manera fácil, práctica, como cuando busca en Yahoo o en Google. También hay quienes sólo escuchan lo que ellos quieren oír sin interesarse por los que piensan distinto. Buscan a los gurús de moda en economía, política, negocios… Consultan al tarot, al cura, la carta astral, los libros de auto-ayuda, los periodistas, los libros para “dummies”, los programas de televisión, los foros del chat, toda una serie de “expertos” en lo divino y lo humano que, suponen, tienen la verdad revelada para cuanto acontece.

Por las incomodidades que los pensadores han causado, y también por la comodidad de algunos de ellos, la filosofía fue reducida a las universidades y círculos de intelectuales, como una actividad sólo para unos cuantos profesionales, con licencia para dedicarse sólo a estudiar (me explicó que de ahí viene “licenciado”), que están dispensados de la obligación de producir, entrenados para que sigamos con la idea de que entre menos comprenda la gente del común, entre menos útil sea la filosofía, mejor. Para alimentar la creencia de que “la filosofía no sirve para nada”. Para que sigamos creyendo que un filósofo es alguien dedicado a la contemplación pura, montado en una torre de marfil, que nadie puede entender y que no hace nada que valga la pena. En el Medioevo se “filosofaba” sólo en latín, aunque los filósofos fueran franceses o alemanes o ingleses. Será por eso que a mí me parece que los filósofos de ahora siguen hablando en griego, aunque yo no sé cómo es ese idioma. Por eso será que me preocupa que mi hijo estudie eso en lenguas extrañas, se dedique sólo a pensar y se olvide del resto, y ¿de qué va a vivir?

Según la señora, cuando alguien se pregunta ¿dónde están los filósofos?, se refiere más a la búsqueda de respuestas prácticas que al sincero interés por escuchar lo que ellos tengan para decir, por escuchar las preguntas que ellos puedan hacer. Los que mandan y los que creen tener todas las respuestas, parecen no tener un interés real en que la gente del común piense por sí misma y saque sus propias conclusiones, como cuando iglesias y gobiernos prohíben ciertos libros, dicen qué se debe enseñar en colegios y universidades, limitan ciertas actividades, teorías y áreas de estudio, dan prioridad a la financiación.

Sin embargo, la señora decía que hay una propuesta de filosofía práctica, basada en un sistema educativo en el que se aliente y obligue a pensar y a cuestionar desde chiquitos, en diálogo y foros a través de toda la época escolar con lenguaje sencillo, y que después se refuerce con la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, sin importar su ocupación. Porque la filosofía es una actividad del pensamiento libre que interroga y cuestiona, algo así como los niños que aprenden sin que les de pena preguntar y decir lo que piensan. Porque, según ella, cualquier ser humano tiene la capacidad reflexiva, razonable. Que ahí está la utilidad de este oficio: aprender a usar la primitiva capacidad de asombro para luego deducir y sacar conclusiones. Porque la filosofía no es un saber científico especializado, no es un oráculo divino e infalible, sino el amor por la búsqueda de una vida significativa, el genuino deseo de nuevas preguntas. Se trata, según ella, de una apasionada reflexión sobre la vida, el interés más sincero y leal por sí mismos, por la sociedad que nos alberga, por el mundo que nos rodea y todo cuanto nos afecta.

La señora decía que la filosofía se compone más de de una manera de formular las preguntas, antes que de un recetario de respuestas. Y que las respuestas han de ser tomadas como orientación, pero no como verdades fijas. Preguntas y respuestas que nacen en una comunidad específica, en un diálogo enriquecedor lleno de tolerancia y respeto, entre seres diversos, inquietos y curiosos por la realidad, movidos por la búsqueda de ideales comunes. Si mi hijo llegara a estudiar filosofía, y si sus profesores y sus compañeros hicieran algo así, de pronto a mí no me preocuparía tanto y los de la revista sabrían dónde están los filósofos.”

La autoridad de los que enseñan perjudica, la mayoría de las veces, a los que quieren aprender” Cicerón

Cuentos de Julio Cortázar

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