¿Asilo? O ¿rendición de cuentas?

2 de diciembre del 2010

La madurez de una democracia se mide por la actitud de sus dirigentes de rendir cuentas sobre su gestión a los ciudadanos, como mandatarios que son de aquellos. A la vez, por la disposición de los ciudadanos de pedir cuentas y, si hay lugar a ello, establecer responsabilidades de sus representantes por las desviaciones, los manejos torcidos y los malos resultados.

Por ello lo sucedido la semana pasada desdice mucho de nuestra democracia: que una ex funcionaria investigada por la Fiscalía obtenga asilo en un Estado vecino, que otro alto ex funcionario lo pida –y afortunadamente no lo obtenga- en otro País. Y para rematar, que el único ex presidente de la República que ha desempeñado el cargo durante dos períodos haya expresado que está bien que sus exfuncionarios busquen el asilo en otros países porque no tienen garantías por parte de la justicia colombiana, sí es el colmo.

Utilizar las redes de internet y los micrófonos internacionales para decirle al mundo que en Colombia la justicia no es fiable, es el peor perjuicio que ex mandatario alguno le puede causar a su propio País. Si la Administración de Justicia actúa de manera inapropiada, qué hizo el ex presidente Uribe para fortalecerla? O su manifestación es una autocrítica a su propio gobierno por no haberle dado apoyo y por haber demeritado su importancia al suprimir el Ministerio de Justicia como interlocutor necesario? Desconfía acaso del Presidente que lo sucedió y que formó parte de su propio gobierno?

Al buscar el refugio y el amparo en otro Estado, en qué queda la obligación de los exfuncionarios de responder por sus acciones públicas? Si consideran que no son culpables, tienen todas las garantías para demostrarlo ante los jueces y la ciudadanía. Acudir al asilo en casos como éstos desdice de la seriedad de estas personas y tiende un manto de sospecha sobre su gestión, y más cuando se los acusa de haber cometido delitos como espionaje a magistrados, defensores de derechos humanos y miembros de la oposición, o por otorgar prebendas a cambio de votos, o sea por atentar contra las instituciones democráticas.

El Asilo es una institución que busca defender al perseguido político, normalmente por regímenes dictatoriales en los cuales la justicia es manipulada por el Ejecutivo, o forma parte del mismo. Pero en Colombia, aunque la rama judicial no es perfecta, sí trabaja con independencia y muestra de ello la han dado las Altas Cortes y en particular la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia al adelantar los procesos contra la parapolítica.

El Asilo no puede convertirse en una forma de refugio de quienes han ejercido funciones públicas y no quieren ser juzgados ni responder por sus actuaciones ante la ciudadanía, ni menos ante la Justicia. No se entiende entonces que un Estado vecino se convierta en cómplice de la impunidad, cosa que Costa Rica, a diferencia de Panamá, sí entiende bien.

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