¿Bogotá la tiene Clara?

13 de junio del 2011

Bogotá parecía no tener Alcalde. Pero la semana que pasó tuvo cuatro: El suspendido Samuel Moreno, la encargada en ejercicio María Fernanda Campo, la alcaldesa ad honorem para la venta de la ETB Cristina Plazas y la recién designada y posesionada Clara López. Una versión capitalina y contemporánea de “la patria boba”.

Confiemos en que la decisión del Presidente Santos al designar a Clara López como Alcaldesa encargada, así sea por escasos dos meses, nos libere de la bobería. Seamos más confiados y supongamos que el Procurador prorroga la suspensión de Moreno. Quiere decir entonces que la desazón institucional que hoy nos embarga se disipa y que tendremos alcaldesa hasta el final del periodo.

Sigamos confiando. Confiemos en que Clara López entienda que debe encarar en tiempo record enormes desafíos. Que puede, si quiere, recuperar hasta donde le sea posible el prestigio de un partido venido a menos por la incompetencia y la corrupción del gobierno de Samuel. Que asuma la enorme responsabilidad de indicarnos por donde empezamos a salir del caos. Que comprenda que le toca corregir lo que parece incorregible. Y que valore la magnitud ética que le implica contratar más de cuatro billones de pesos.

Para hacerlo tiene ante sí dos caminos. Puede dejarse atrapar de una mentalidad bonsái. Limitarse a administrar recursos y burocracias.  Hacerle caso a quienes piensan que reconocer las equivocaciones propias equivale a hacerle favores al adversario político. Seguir respondiendo que todo lo que ha pasado en la administración de Bogotá es el resultado de una persecución política de la derecha contra el Polo. Obedecerle a quienes  anhelan que todo el aparataje público debe ponerse al servicio de mantener curules de concejales y ediles.

Pero la nueva alcaldesa puede escoger otro camino: GOBERNAR con mayúsculas. Ayudando a terminar por destapar las corruptelas y los negociados que coparon la gestión de la ciudad.  Ejerciendo autoridad frente a los contratistas para terminar prontamente las obras y evitar más sobrecostos. Rodeando las licitaciones en curso de total transparencia y objetividad. Y lo más importante, borrando el fantasma de los Moreno que aún merodean  las entidades y las contrataciones. Quizás, la reestructuración del gabinete que ha anunciado sea un buen comienzo.

Clara puede convertir estos meses que restan en una corta transición hacia un nuevo gobierno que recupere el rumbo de Bogotá. Los bogotanos deberíamos volver a reír de optimismo y felicidad y no de las equivocaciones de  nuestros gobernantes y funcionarios públicos. Una ciudad que no repita la triste imagen de un contralor o un senador conducido a un establecimiento carcelario por delitos cometidos contra el patrimonio de todos.

Se me ocurre que, guardadas las inmensas proporciones, Clara López frente a Samuel Moreno se puede comportar como Juan Manuel Santos lo hace ante Uribe. Desmarcándose, tomando prudente distancia y jalonando una agenda propia. Clara como Santos pertenecen al mismo partido de su antecesor. Ambos fueron sus funcionarios claves. Pero Santos, sin aspavientos mediáticos, marcó su propio camino. Solo así Bogotá la verá Clara.

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