¿Cansados de la corrupción?

14 de febrero del 2011

Así como la sociedad colombiana se saturó del Caguán, de las FARC, hecho que captó perfectamente Álvaro Uribe Vélez y que lo llevó a dos períodos presidenciales, hay indicadores interesantes de que esa misma sociedad se está cansando de la corrupción. El cartel de la contratación, con familias no precisamente de escasos recursos involucradas; algunas EPS’s haciendo de las suyas con el dinero de la salud de los colombianos; negocios ilícitos por doquier; personas viviendo de millones de dólares a punto de trampas y engaños; en fin, una  lista interminable de casos diarios que están llenándole la copa a los colombianos. Y no se trata de los corruptos de siempre, para sorpresa de sectores sociales de altos ingresos, sino de miembros privilegiados de ese círculo, que perdieron las luces con el dinero de los demás. Tampoco se trata solo de los narcos, ni de los paras, sino de “gente bien”, como despectivamente se estratifica a la población de este país, tan desigual y tan injusto.

Esas fortunas hechas a pulso, asumiendo grandes riesgos y pensando en el bien de Colombia, dejaron de ser un modelo a seguir y ahora, la moda son “los empresarios de la política”. Aquellos personajes que se acercan al poder, lo financian, lo apoyan con la intención de beneficiarse, como nadie, de las políticas públicas y de los recursos del Estado. Parece que por fin esta situación ha llegado a tal límite, que lo que siempre se ha dicho está calando en la sociedad: los recursos públicos son de todos y cada uno de los habitantes del país. Es el producto de impuestos que pagamos todos de una u otra manera. Y parece que la concientización de esa realidad no solo tocó el bolsillo de los ciudadanos sino el alma: así no se juega, parecen sentir muchos. Es una situación muy desigual: mientras la mayoría no tiene como trabajar dignamente; es una tarea titánica sostener una familia, otros se llevan los recursos que debería dirigirse a hacerle la vida más fácil a todos,  porque este país no puede seguir teniendo ciudadanos de primera y de segunda. Unos que todo lo tienen y otros que no tienen nada.

Lo interesante es que esta sensación de descontento no se está dando entre los pobres, ese sector del país que con sus historias de vida saben que poco pueden esperar, que no son escuchados porque pocos canales de comunicación tienen con las altas esferas nacionales. Tampoco se originan en los sectores medios, porque como dice la Ocde, en América Latina no hay clases medias; esos sectores, hoy muy disminuidos, que con frecuencia se tienen que disfrazar de pobres para tener salud y entrar a Familias en Acción, o colarse en el Sisbén. Los que empiezan a manifestar públicamente su malestar hoy son empresarios exitosos. “Es injusto”, comentan, “que mientras nosotros trabajamos cumpliendo la Ley, pagamos los impuestos que nos toca, tengamos que ver cómo esta dejó de ser la forma de construir riqueza”.  Estos sectores, que muchas veces permanecían callados, ya están dispuestos a protestar o por lo menos a apoyar líderes políticos que les garanticen un freno real a la corrupción.

Renace lo  que se había perdido en Colombia: la sanción social que muchas veces es más eficiente que la sanción penal. Si los partidos políticos no interpretan este despertar y siguen prefiriendo los votos a la ética, perderán el poder y ganaran el país y todos sus ciudadanos y ciudadanas.  Sigo con los dedos cruzados…

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