¿Culebra o lombriz?

29 de marzo del 2011

Dicen que a la culebra hay que matarla por la cabeza y eso era lo que se creía con relación a las Farc, que una vez se la estriparan moriría, pero lamentablemente no ha sido así. Se les murió Tirofijo, que era como la vieja piel de la culebra, mataron de un bombazo a Reyes y de otro al Mono Jojoy, que eran dos lados de la misma cabeza, el “intelectual” y el violento, le amputaron la mano después de matar a otro cabecilla y han cortado cabezas de múltiples culebritas en cada frente de las Farc, pero las arremetidas demenciales de la guerrilla continúan y su tráfico de narcóticos, armas y seres humanos sigue intacto.

¿Será entonces, que no es cierto el decir campesino de que la culebra muere por la cabeza? ¿O será más bien que el símil de culebra con las Farc no es exacto y lo que tenemos, en lugar de una serpiente, son miles de lombrices, haciendo daño, dejando a su paso, minas antipersonas, despojo de los recursos naturales para siembra de coca, secuestros y ataques a patrullas y poblaciones?

El que si puede ser una serpiente, pero de mil cabeza, como la medusa mitológica, que cuando le cortaban una le salían tres y era imposible acabarla, es el narcotráfico, con sus bandas emergentes, apoderado de amplios territorios donde la fuerza pública no llega, pero las Farc, sin grandeza, sin expresión política, sin capacidad de mostrarse a la opinión pública, se volvieron simples pero dañinas lombrices que, como las estomacales, son unos parásitos nada inocuos, por el contrario, si no se combaten, van debilitando el organismo, produciendo enfermedades y aunque raramente lo matan, si impiden su desarrollo y crecimiento.

Por eso resulta perjudicial esa obsesión por cazar a Alfonso Cano, dizque para terminar de rematar la culebra. Probablemente también caerá, como sus antecesores; esperemos que cuando esto se produzca, no sea otro golpe de imagen, en el que seguramente el ministro dará la palabra a los comandante de las diversas fuerza y de policía, el presidente los felicitará en vivo y en directo, mostrarán el cadáver ensangrentado, recuperarán computadores y se entregarán recompensas, pero la culebra, digo las lombrices, seguirán allí haciendo daño y retorciéndose, como pasa cuando uno las desentierra.

El mayor desafío con los grupos armados al margen de la ley, guerrillas o bacrim, es el aseguramiento del territorio, algo que nuestras fuerzas armadas, fortalecidas en la aviación, no conseguirán desde el aire. Para que un territorio se domine, hay que ocuparlo, asentarse en él, hacer inteligencia en directo y aplicar justicia. Todo lo anterior no está sucediendo como se pudo ver recientemente en los dolorosísimos casos del asesinato una la pareja de estudiantes en Sucre, el secuestro masivo de trabajadores de una compañía de sísmica en el Vichada, las tomas y retomas en Tacueyó, Caloto y Santander de Quilichao, el fortalecimiento del narcoguerrillerismo en el Litoral Pacífico y sus alianzas con las bandas emergentes y recientemente “los casos aislados”, según el gobierno, de asesinatos de líderes campesinos que enfrentaban valerosamente el tema de la restitución de tierras y el asesinato de la jueza en Arauca.

Si se busca que la ley de tierras no se convierta en letra y gente muerta derramando sangre sobre las mismas parcelas que tanto soñaba con recuperar, si se quiere que la guerrilla empiece por fin a desfallecer, que la seguridad, pero no la de Uribe sino la de toda Colombia, sea algo tangible en un futuro, hay que recuperar tres cosas: el territorio, el monopolio de las armas y el sentido de autoridad, esta última extraviada por los desmanes de las mismas fuerzas militares. Recuperar el territorio copándolo, con presencia, con inversión cierta y no la de las regalías que solo ha servido para que se la roben los politiqueros de turno. Hay que bajarse de los aviones y helicópteros y quedarse en donde habita la hiedra de mil cabezas y las lombrices parasitarías de las Farc. Claro, eso tiene sus riesgos, el principal es que en la convivencia con estos bichos las fuerzas militares terminen comportándose como ellos y en vez de perseguir criminales se vuelvan sus aliados y se dediquen a violar niños y a matar indigentes vestidos de guerrilleros para hacer creer que estaban librando una verdadera guerra.

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