¿Está leyendo, chino?

1 de enero del 2011

Podemos fácilmente perdonar a un niño que tiene miedo a la oscuridad; la tragedia real de la vida es cuando los hombres tienen miedo a la claridad.”  Platón

Mi cuerpo ya no es mío. Mi casa tampoco. No tengo familia ni nada y ahora no sé si alguna vez el lugar que ocupe tendrá nombre, un nombre que me diga algo, que me diga algo de la tierra que dejé atrás, donde caminaba y caminaba, llevando agua, llevando adobes, llevando maíz para los pollos. Caminando a la escuela que ya no es nada, al río que se botó, al cerro que se vino abajo. Las vacas han desaparecido como por arte de magia, también las matas de plátano y de café. Y la madera y la yuca. Y las cebollas y los pollos. Y entre tanta agua, nos quedamos sin agua. Sin hospital, ni doctores. Lodo y agua sucia, mugre y frío es todo lo que me queda, todo lo que tienen mis zapatos rotos que ya no son nada.

Yo vivía en Loma Linda. ¿O en La Gabriela? ¿O en San Benito? ¿Tal vez en Cota o Mosquera? ¿O en las afueras de Neiva? ¿O en Plato, El Banco, en Gamarra? ¿O fue en el Litoral? ¿O Gramalote? ¿O en los cerros orientales de Bogotá? ¿O en La Virginia, Cantagallo, Simití, Morales? ¿O tal vez en Regidor, Barrancabermeja, Puerto Wilches? ¿O en La Curumuta, en Bodega Central o en El Poblado? ¿Tal vez en La Donjuana? ¿O en Arauca? Ya ni sé.

Dicen los periódicos que la tragedia fue causada por el desbordamiento del río Bogotá. ¿O del Magdalena? ¿O del Cauca? ¿O del San Juan? ¿O río Palo? ¿O por los arroyos Seco y Britador? ¿O del Pamplonita? ¿Tal vez por el Balsillas? O por derrumbes en los cerros, en las montañas, en las lomas. Donde yo vivía las calles desaparecieron. Y las carreteras que hasta ahí se atrevían a llegar tampoco sirven. Los puentes no sirven para lo que servían. Municipios, corregimientos y veredas incomunicados. Dicen que la lluvia causa trancones en Bogotá. Pobres los que tienen carro. Y una señora se queja: “Nos toca subir las cositas a lo más alto de la casa para que el río no se las lleve porque hace dos años nos tocó ver cómo el agua se nos llevó las poltronas”.

Dicen que fue causada por el aflojamiento de la tierra, por el mal manejo de las aguas de escorrentías −qué palabra más rara y ya no tengo a quién preguntársela− que están desestabilizando los terrenos. También por las basuras, que tapan las canales y los sumideros. Y por las empalizadas en los ríos. Dicen que hubo cambios en las construcciones, falta de licencias, que las casas, los barrios o los pueblos fueron levantados sobre terrenos inestables no aptos para vivienda. Dicen que ahora sigue la realización de un estudio geotécnico e hidrológico del terreno, yo no sé qué es eso, para conocer con más argumentos las condiciones del suelo. Y que analizan los casos con el fin de determinar responsabilidades. También dicen las autoridades que estos son fenómenos lamentables de la naturaleza, que son cosas de Dios, al que una señora da las gracias porque antes de que la piedra más grande cayera, había caído otra más pequeña, por lo que pudo correr con su nieta en la cima de La Popa y se salvaron.

Los periódicos, como estos que ahora me cubren en un andén cualquiera de una ciudad cualquiera, cuentan los muertos, los heridos, los damnificados, las viviendas destrozadas, las vías dañadas, las pérdidas económicas. Los contaban desde antes, porque aquí tengo unos periódicos viejos, de 1996, que dicen que “el invierno que afecta al país desde marzo del año pasado supera los niveles históricos de lluviosidad de los últimos 45 años”. Y otros del 2003, y del 90, que también cuentan de los peores inviernos en el país. Antes le tenía miedo a la lluvia. No es lo que la lluvia hace lo que me da miedo. Lo que me da miedo es lo que el hombre no hace.

También nos cuentan que un tal Porsche pide acelerar el TLC porque el 2010 es uno de los mejores años en la venta de vehículos, que el dólar está en alza, que uno debe tener conceptos financieros y económicos básicos para manejar las finanzas personales y que el euro lucha por sobrevivir. Como yo. Qué cantidad de cosas que uno debe saber, dicen los periódicos. Y en mi pueblo que los usaban para empacar tamales…

También cuentan los periódicos que hay riesgo de enfermedades de todo tipo, y nos tienen remedios: “contra la gripa, mantenga las habitaciones bien ventiladas e iluminadas; evite pasar bruscamente del calor al frío; lávese las manos con agua limpia; aspire con frecuencia tapetes y cortinas; mejore sus defensas con buena nutrición, siga una dieta equilibrada, haga ejercicio en forma regular, manténgase dentro del peso adecuado y visite con regularidad al médico; evite el humo, incluyendo el de la chimenea y los asados; repare goteras o filtraciones; tape bien  las canecas y bolsas de basura; no se automedique, los antibióticos no sirven para tratar las gripas, compre sólo lo necesario para aliviar síntomas como la fiebre o el exceso de secreciones”. ¿De babas?

Los periódicos también nos cuentan que “los días de lluvia intensa y de frío paralizador están aquí para quedarse, por lo menos por varios meses más”, así que lo mejor es acostumbrarse, “vivir con la lluvia y a pesar de ella”. Para eso dicen que “nada mejor que aprovisionarse de las prendas y accesorios mínimos que le permitan vivir la temporada de lluvias de forma digna −es decir, sin llegar todos los días mojado a su trabajo−, sin enfermarse y sin dañar el resto de su ropa que de tanto recibir agua de la lluvia se va acabar rápidamente”. Prendas indispensables para todo ciudadano, dicen los periódicos: “un buen impermeable y sombrilla; guantes, gorros y bufandas; salir con zapatos elegantes y cambiarlos al llegar a su destino por los acolchados, los impermeables y los sintéticos, más adecuados para los días de lluvia que los cueros o las gamuzas de años anteriores; la moda actual presenta chaquetas, pantalones, camisas y faldas en material impermeable o térmico, que guardan la temperatura del cuerpo”. Dicen que el mejor consejo para no congelarse es “vestirse al estilo cebolla, es decir con prenda sobre prenda, colocándose una camisilla, encima camiseta, encima la camisa, luego el saco y encima la chaqueta, así se forman capas de ropa que van guardando el calor”. Y yo aquí tirado con tanto frío.

En estas pasa un señor vestido así, con su gabardina liviana y de color camel, como debe ser, guantes y bufanda, me mira y me dice: −Ala, mi chino, ¿estás leyendo?

−No, señor, aquí tratando de apañar la lluvia.

De todas las suposiciones absurdas de la humanidad, nada excede las críticas hechas de los hábitos de los pobres por aquellos que están bien abrigados, bien alimentados, y que tienen una buena casa.” Herman Melville

Diez claves para prevenir gripas: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-3379451

Vístase para el invierno: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-883857

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