¿Golpe a la corrupción o golpe a la Constitución?

4 de junio del 2011

En Colombia hoy no se discute sí se cierra la Dirección Nacional de Estupefacientes, por donde muchos políticos encontraron la forma de devolverle a las mafias sus bienes, o de quedarse con ellos. Tampoco cursan proyectos de ley para eliminar el DAS, que decidió chuzar y hacer seguimientos a los jueces y a la oposición. Menos hay en el Parlamento  alguien pensando en cómo acabar con las empresas de salud que se llenaron los bolsillos y dejaron sin servicios médicos a los usuarios. No se discute como acabar con las grietas que permitieron Agro Ingreso Seguro, o con las troneras que facilitaron la desviación de anticipos en los carruseles de la contratación. No, la gran cruzada contra la corrupción de este gobierno era acabar con la Comisión Nacional de Televisión.

Ahora habrá que meter presos a los comisionados, porque las entidades que producen casi a diario un carcelazo, una orden de captura o una destitución, no tienen tantos paladines pensando en cerrarlas. Ni tantos aguerridos defensores de la moral pública que cuestionen su existencia. La corrupción, los malos manejos, el tráfico de influencias, la extralimitación de poder y demás delitos que llenan las páginas judiciales de los medios no encuentran tanto eco en el Congreso como lo logró la eliminación de la CNTV. Todos votaron por acabarla, todos hacen creer que están sintonizados con una justa por la ética y la transparencia pero nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que está matando ni por qué.

No deja de ser raro que desde el gobierno le hayan pisado tanto el acelerador a un proyecto de ley, que desafía incluso la Constitución, y que los congresistas hayan sido tan aplicados para despachar en una sola legislatura los ocho debates en los que no se debatió nada. Con excepción de una insignificante minoría que entiende de equilibrio de poderes, pluralidad informativa y medios de comunicación que no estén a merced de los gobiernos de turno, siempre los padres de la patria estuvieron juiciosos para votar su eliminación. Y es más, de repente todo el mundo terminó hablando de las nuevas tecnologías, la convergencia y los contenidos sin saber de qué diablos hablaba.

Y mientras, la Constitución del 91 sigue su proceso de erosión provocada. Lentamente a punta de espectacularismo y amarillismo se generó el clima perfecto para asestarle un nuevo golpe a las conquistas democráticas de lo que comenzó con la séptima papeleta y terminó con una Carta de navegación que año tras año ve cómo le cercenan un nuevo pedazo. Pero a nombre de la lucha contra la corrupción que nadie ha demostrado en los estrados judiciales, y la ineficacia que lo único visible es lo que dicen los medios, se le está dando un nuevo golpe certero a la voluntad del Constituyente del 91.

Y a la CNTV, ¿quién podrá defenderla? si no contaban con la astucia de un ministro que con tono altisonante hizo creer a la opinión que había llegado al Ministerio de Justicia a acabar con la corrupción. Que gran golpe a la corrupción haber formalizado, lo que hasta hoy ha pasado, que la televisión será controlada por el gobierno. Porque contra de la voluntad de Alberto Zalamea, Carlos Lemos Simonds, María Mercedes Carranza, Álvaro Gómez y muchos de los que aún viven y ven cómo muere lentamente su legado, el haber dejado una junta de cinco miembros con dos del gobierno y uno de los gobiernos regionales, vía sus canales, era haber matado desde su nacimiento la razón de ser del ente autónomo.

Para saber qué tan mala era la CNTV y por qué tanto empeño reciente por acabarla, sólo hay que leer los twitters y los mensajes de quienes celebran hoy esta decisión de extraña urgencia manifiesta para dos ministerios y de curiosa celeridad parlamentaria. Celebran hoy desde la mezquindad aquellos fabricantes de asociaciones de papel como Germán Yances con su Juan Carlos Muñoz, su Diego Plazas y su Humberto Vanegas; celebra Alberto Pico y sus malambowoods, y seguramente deben celebrar quienes no pudieron adjudicar el tercer canal en contra de las normas legales. Celebrará el Ministro de Comunicaciones que cree que puede controlar los contenidos y no sabe lo que es censura, y no ha entendido que la televisión debe ser manejada con un criterio democrático por más que las tecnologías lo lleven a sentir sólo el mundo tecnocrático. En todo caso no celebrarán los demócratas ni los constitucionalistas.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO