¿La reinvención del Liberalismo?

21 de marzo del 2011

Tremendo desplante le hizo el presidente Santos a Álvaro Uribe. Porque no es un juego de palabras decir que “si soy el presidente del Partido Liberal, el Partido Liberal es mi partido”.  Una verdadera bofetada a quien su adulador, José Obdulio Gaviria, no ha dudado ilusamente en comparar con Núñez, Uribe Uribe o Simón Bolívar.

Más allá de lo anecdótico, una cadena de acontecimientos indican que estamos ante un nuevo intento de refundación del Partido Liberal. Y quien lidera tamaña empresa es el mismísimo presidente Santos. Ha sabido marcar territorio propio en el contenido de su agenda gubernativa. También en los nombramientos de sus colaboradores y en la relación con los demás poderes públicos o con los países vecinos. Lejos estamos de una derecha dura gobernando los asuntos públicos y de un estilo pendenciero y altanero característico del finquero del Ubérrimo.

Pero insisto, el asunto no es un deslinde personal. Se trata de una operación política para refundar el Liberalismo y el Partido que lo encarna. Como la cruzada que acaba de iniciar el ex presidente Pastrana para recuperar el Partido Conservador de las garras de Uribe.  No es una maniobra inédita, es la aplicación de una repetida fórmula en la historia de nuestras dos “colectividades históricas”.

Ya en el pasado esta operación se ha ensayado con éxito. Los llamados a la “unidad nacional”  a la “salvación de la patria” no han cuajado como fuerzas políticas con vocación de largo plazo. Al final, las aguas vuelven a su cauce, y la tradición histórica se impone. Con razón me decía un profesor de historia, “hasta los cincuentas primero se era liberal o conservador y luego se era colombiano”. Y las legítimas y oportunas disidencias a los partidos, al final volvieron al redil como ocurrió con el Movimiento Revolucionario Liberal de López Michelsen o el Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán.

En esta nueva reinvención liberal convergen tres variables. En primera línea, Santos y lo que pueda arrastrar de esa burbuja denominada pomposamente “partido” de la U; Vargas Lleras y su invento partidario “Cambio Radical”; y el oficialismo Liberal en cabeza de la dupla Pardo-Gaviria, sin  descartar la presencia influyente del Samperismo. Quizás, al final del cuatrienio salte a la vista un logro que habita en la agenda oculta del Presidente: la reinvención del liberalismo como partido.

Más difícil es la tarea de refundar el liberalismo como doctrina. El partido se puede reorganizar con puestos y burocracia, el liberalismo implica repensar los contenidos. Y las preguntas resultan inevitables: ¿los derechos humanos y las libertades individuales, tan caras al ideario liberal, que importancia tendrán en esta refundación liberal? ¿la reforma educativa que pretende transformar la universidad pública en entidades con ánimo de lucro se compadece con el criterio liberal-socialista del derecho a la educación pública? ¿Y el libre mercado se impondrá sobre el desarrollo sostenible? Ojalá no se repita la paradoja de un cascarón liberal sin liberalismo ideológico y el gesto de Santos quede reducido a un mero desplante.

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