¿Otra metida de pata?

12 de mayo del 2011

En los cotarros musicales se ha ido conociendo, a sottovoce todavía, el programa de la temporada que organiza en el segundo semestre la llamada Ópera de Colombia. Parece que Don Carlos, obra maestra de Verdi, inaugurará la estación lírica y que luego vendrán Don Pascual de Donizetti y Madama Buterffly de Puccini.  Otro tanto de lo mismo, a no ser por Don Carlos cuya programación, a su turno, indica el minúsculo conocimiento que tiene del género la dirección de la empresa o, lo que es peor, el ningún sentido de las proporciones.

Según mis fuentes, todo el mundo en el seno de la organización, incluyendo la junta directiva, fue enfático en indicar la inconveniencia de programar esa amada, pero dificilísima partitura. En un país donde no se ha explorado el repertorio a fondo había muchas posibilidades; no obstante la tozudez se impuso, acaso por el glamour del título, con exóticos argumentos, que no me fueron revelados para evitar que trascendieran.

Don Carlos, parafraseando a Caruso al referirse a otra obra de Verdi, es facilísima de producir si se dispone de seis, óigase bien, de seis primeras figuras de la escena lírica. Se necesitan dos señores bajos –ninguno de los cuales, por desgracia, es Valeriano Lanchas- una  soberbia soprano, una mezzosoprano de varios quilates, un gran barítono y un tenor poco común para enfrentarse con cierta tranquilidad a una obra de dimensiones heroicas. ¿De dónde van sacar ese reparto? ¿De entre los cantantes de medio pelo de las vecindades que han venido en recientes temporadas? O, por el contrario, ¿Incurrirán en los costos de traer primeras figuras de la escena mundial? Ojalá fuera así pero ningún presupuesto aguantaría y se comprometería la eficiencia de unos recursos que, si bien no son tan bajos como se le ha hecho creer a la opinión pública para poder agobiar al estado pidiendo más, tampoco dan de sí para excesos.

Como si fuera poco, Don Carlos exige un director escénico que tampoco existe en la llamada Ópera de Colombia; alguien que conozca el teatro de Schiller, autor el cual partieron los libretistas o, por lo menos, la atmósfera densa de la corte española del sucesor de Carlos V donde transcurre la trama. Al no disponer de quien pueda hacer una lectura conceptual, lo que de sobra se ha puesto en evidencia, seguramente intentarán resolver el asunto enfrentándose a la topa tolondra al dificilísimo realismo de una producción que retrate el final del renacimiento español, ardua de lograr con un mínimo de verosimilitud, que además exige un riquísimo vestuario pre-barroco y, por lo tanto, muy costoso.

¿Por qué insistir con obcecación en programar semejante responsabilidad? Es evidente que por un desconocimiento absoluto del percal: pocas veces se consigue ver un acertado Don Carlos y aún teatros de mucha solera meten la pata al tratar de sacar adelante lo que no deja de ser un compromiso. Ahí está la desastrosa última puesta en escena del Metropolitan de Nueva York: se les ocurrió, entre otros innumerables exabruptos, vestir a Felipe II de Rojo, color cuya existencia ni siquiera debía conocer el luctuoso monarca escurialense. Dios quiera que Don Carlos, una de las más extraordinarias obras del repertorio,alcance, al menos por, por coincidencia, algo de suerte en Bogotá; ojalá que no se enrede en las fanfarrias que han sido la tónica de la Ópera de Colombia. Habrá que ver a donde llegan y de salir avanti con toda seguridad se registrará el hecho diciendo que a todo señor todo honor. Faltaría más.

Por lo pronto la temporada, se supo también por las habladurías, trae la novedad de la vinculación del serio director escénico colombiano Pedro Salazar, para la dirección del Don Pascual de Donizetti. Por fin se le permite a un nacional, por demás talentoso, que tenga a su cargo un título operístico después del pésimo comportamiento, por intereses creados, que tuvo la compañía con el equipo de Mapa Teatro tras la bella Flauta mágica de Mozart y la interesante Cenerentola de Rossini. Ya veremos cuanto tiempo dura Salazar en un ambiente donde quienes demuestran más talento del que hay en la compañía son defenestrados sin consideración.

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