¿Puede dejarse la medicina en manos del mercado?

6 de abril del 2011

Me gustaría decir que sí porque siendo un antiguo profesional liberal (término que no tiene nada que ver con el conocido partido político colombiano) tengo dudas viscerales sobre la intervención gubernamental en el campo de la salud.  Pero por otro lado hoy no confío en el mercado como regulador de la medicina.

La acción de salud o el acto médico son bienes y servicios con ciertas características bien especiales.  Si los dejamos navegar en las tormentosas aguas del mercado los resultados no son los mejores.

Comencemos por reconocer que en el discurso social contemporáneo la salud es considerada un derecho fundamental.  Yo no estoy personal y filosóficamente de acuerdo con este principio y tengo una opinión “políticamente incorrecta” sobre él, lo que me ha llevado a difíciles discusiones con muchas personas en los últimos veinte años.  No voy a repetirlas aquí pero sólo imagine que el “completo bienestar biológico, psicológico, social y familiar” (o sea la salud como se define hoy)  fuera un derecho.  Sería casi como afirmar que la felicidad es un derecho.  Estamos en todo nuestro derecho de luchar por la felicidad pero nadie puede garantizarnos que la consigamos y mantengamos.  Igual pasa con la salud.  En resumen creo, pero Ud. no tiene porque tener la misma opinión: la salud no es un derecho fundamental sino un deber personal y social.

Pero sigamos analizando la salud, la acción de salud y el acto médico como bienes y servicios.  Para este análisis me apoyo en las ideas de Kenneth J. Arrow, premio Nobel de Economía en 1972, quien viene discutiendo el tema desde un artículo seminal suyo en 1963 y cree que la medicina no puede dejarse en manos del mercado.

La medicina y sus actividades son un bien y servicio económico con dos características muy especiales: sus efectos son inciertos y existe una asimetría significativa entre quien la ofrece y el consumidor.

Lo primero es lo incierto del resultado.  Imagine que va a comprar un carro y el vendedor le dice que no puede asegurarle que el vehículo encienda apropiadamente y es posible que en cinco años simplemente deje de andar.  Difícilmente lo compraría.  Esto es lo que ocurre en muchos tratamientos de enfermedades crónicas: no es cien por ciento seguro que el tratamiento funcione en su caso y es posible que pasados los años necesite otro tratamiento distinto.  Así es la biología humana.

Por eso en el lenguaje usual de nuestros abogados y especialistas en ética se dice que la medicina es un oficio de medios y no de resultados.  Se debe hacer todo lo posible por aliviar el sufrimiento humano pero es difícil garantizar absolutamente los resultados.  Se gastan millones y millones en complejos estudios clínicos para definir el tratamiento adecuado pero siempre los resultados son probabilísticos, por ejemplo: en un 80 o 90 por ciento de los casos esto funciona, dadas estas y aquellas condiciones en el paciente.  A los médicos nos sorprende que el común de las personas parece no entender la incertidumbre, pequeña o grande pero siempre presente, en que nos toca trabajar.

Pero la segunda característica de la medicina, según Arrow, se hace cada vez más grave y peligrosa: la asimetría de conocimiento entre quien la provee y quien la necesita.  Esta asimetría se refiere al hecho que la gran mayoría de los pacientes no sabe interpretar la evidencia científica que lleva a una decisión médica.  En la medicina actual esta evidencia viene expresada en operaciones estadísticas que son  difíciles de entender aún para el profesional de la salud.

En marzo de este año la revista TIME publica un artículo que se titula: “Entendiendo las estadísticas médicas: lo que debe hacer un paciente”.  Se dan allí cuatro recomendaciones muy útiles.  Primero, no sea tímido, confronte al profesional de la salud y exprese todas sus dudas.  Segundo, preste atención a los números y pida estadísticas.  Tercero, sopese las opciones terapéuticas y solicite una segunda, o tercera, opinión si lo necesita.  Cuarto, como decían los griegos: conócete a ti mismo, o sea conozca su organismo y lo que puede esperar de él.

Se me ocurre a mí que además  de enseñar biología en las escuelas secundarias debe existir una materia obligatoria: medicina.  Más allá de primeros auxilios y educación sexual se debe enseñar al joven ciudadano algunos mecanismos patológicos básicos y algunos principios básicos del enfoque moderno de las enfermedades.

En resumen, la medicina contemporánea exige un consumidor educado e informado que disminuya esa asimetría de conocimiento entre enfermo y proveedor de salud.  El frecuente desconocimiento de la evidencia científica y la incertidumbre, según el economista Arrow, aconsejan no abandonar la medicina en manos del mercado.  La mano invisible del mercado de Adam Smith no es necesariamente buena para nuestra salud.

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