¿Qué tan cierto es que estamos en un proceso de paz?

28 de mayo del 2011

Encontrar actos de gobierno coherentes con el anterior, brillan por su ausencia. Actualmente el gran común de quienes votaron por Juan Manuel Santos se siente desilusionado  o quisiera cortarse la mano. En tan solo diez meses de gobierno son más los desaciertos y trapisondas  contra los avances en seguridad, confianza inversionista y cohesión social que el planteamiento y ejecución de unas políticas que trasciendan el paradigma con el que esperaban encontrarse sus electores.

Cuesta creer que hoy se hable de una popularidad de cerca del 80 por ciento de un gobierno que tristemente ha dedicado sus esfuerzos a resolver si Zelaya hace las paces con Lobo o si regresa Honduras a la OEA. Es pavoroso creer que la popularidad de Santos es de esa magnitud con unas locomotoras que no han arrancado y por lo que parece tampoco lo harán, con el retroceso en temas de seguridad rural y sin claridad frente a la urbana, y sin una sola acción al grave problema del desempleo; al parecer el lema “Más trabajo mejor pagado”, se quedó en eso, en un simple y triste lema de campaña.

No basta con entender que al gobierno le cuesta trazar una hoja de ruta y saber con claridad qué quiere y para dónde va, suponemos que la bipolaridad es por la ola invernal,  lo que no comprendemos es cómo no se mencionan los asuntos que tienen que ver con el ejecutivo cuando de afectar su imagen se trata, las actuaciones hacen deducir que la agenda del gobierno Santos es mostrar desaciertos del gobierno Uribe.

A  nuestro meridiano entender, el más impactante y más cuestionado de la administración anterior fue el escándalo de los  falsos positivos que salió a la luz pública cuando Santos se desempeñaba como ministro de defensa,  hoy de falsos positivos no se habla. El mandatario de los colombianos  aparentemente intervino en política declarando en un Congreso Liberal que “si a él lo consideraban su presidente, pues él lo consideraba su partido” y a esto nadie hizo reparo alguno. ¿Qué  pasó con el caso Ferrostal?

Muchos son los escenarios para cuestionar, muchas las dudas por resolver, pero el más grave de todos, a juicio de quienes votaron por el señor Santos, es la bipolaridad del gobierno en asuntos propios a la agenda de defensa y seguridad nacionales. No es claro ni prudente que un gobierno que después de diez meses de posesión lance una “política integral de defensa y seguridad para la prosperidad” y por otro lado la de “ legislar para la paz”, quisiéramos saber realmente para dónde va el gobierno, o a dónde pretende llegar…. es excluyente que por un lado se legisle para un posible proceso de paz, que según versiones del abogado Jaime Restrepo  ya está acordado, y que quizás lleve a la segunda caguanización del país por cuenta de Santos y su sanedrín, pues todo indica que existe un fuerte interés por un nuevo marco de justicia transicional. Más pavoroso aún es pensar que el gobierno efectivamente está haciendo un proceso de paz con las Farc sin socializarlo con los colombianos, que con tanto ahínco y dolor han padecido los desmanes de los violentos, y como consecuencia de ello se eligieron políticas de seguridad extremas, muchos creyeron que eligiendo a Santos esas políticas de seguridad continuarían  pero todo indica que no es así. ¿Será cierto que el gobierno está tras un proceso de paz con las farc y los colombianos no lo sabemos?

Ya a finales de los 90 los colombianos vivieron la posibilidad de hacer la paz con los considerados mayores narcotraficantes del mundo y sintieron toda la decadencia del Estado por cuenta de las zonas de despeje y el cúmulo de beneficios para unos bandidos que se exhibían con fusiles en hombro alardeando sobre una “nueva Colombia”.

Se dice mucho que el país podría estar  nuevamente en un Caguán  jurídico por cuenta de quienes presuntamente visitan las cárceles en nombre del gobierno, motivando y socializando procesos de paz y marcos jurídicos benéficos, valdría la pena saber -de ser ciertas esas tesis- a que costo y beneficio los colombianos sacrificarían un avance en política de inversión, seguridad y cohesión social, por un caos y bipolaridad propios de gobiernos con tendencia de izquierda e “influencia” de la internacional socialista que no saben para dónde van.

PS: Declarar enemigo de la paz a un hombre como Fernando Londoño, no solo es un pésimo chiste si no un acto grosero para los colombianos de bien que saben a quién él hizo extraditar a los Estados Unidos, y que también saben  de quién eran amigos esos extraditados.

TWITTER: g_rodriguezm

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