“Chesil Beach”. La frigidez en una maravillosa noche de bodas.

20 de noviembre del 2010

Esta magnífica , inteligente, y trágica novela , de Ian McEwan quien junto a Hanif Kureshi , Kasuo Ishiguro y Paul Auster son considerados como los mejores escritores en lengua inglesa actuales, nos presenta el trágico desenlace  de lo que hubiera podido ser una mítica noche de bodas.

La compasión envuelve la historia de dos hermosos protagonistas, Florence, virtuosa del violín de clase media alta y Edward, historiador de un nivel social inferior a ella, ambos hermosos, inocentes y vírgenes se aproximan a lo que consideran el sueño de los enamorados, su noche de bodas; solo que Edward no alcanza ni siquiera a imaginar la tortura que esto representa para Florence, quien presa de pánico ve que se aproxima la desnudez de su frigidez. Esta particular condición de ella, narrada de manera magistral, lenta y descarnada, nos representa una mujer con una tristeza y profunda compasión por no poderle cumplir a su amado, quien a su vez se siente enloquecer no solo por su deseo físico, sino por la brutal verdad de su gran amor.

A veces, los planteamientos más absurdos, resultan ser los más coherentes, y es tal vez esta la última de tantas reflexiones que nos plantea McEwan,  en un contexto histórico donde los temas sexuales, fruto de un riguroso conservatismo de la época, comienzos de los sesenta,  eran vedados; donde la condición de ella era antagónica a la de él, donde las expectativas de Edward eran por supuesto, diferentes a las de Florence, donde los dos cuerpos no eran compatibles, donde las dos mentalidades comenzaban a enfrentarse.

McEwan nos advierte en esta pequeña obra maestra, lo que estaba por venir, lo que les esperaba al hombre y a la mujer, lo que para muchos existe hoy en día, un mundo donde la mujer habla y exige y donde el hombre responde y cumple; no como le toco a esta hermosa pareja, como lo narra el escritor en su inicio “Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible…”.

En ésta, como en todas sus  novelas, Ian McEwan, nos sorprende nuevamente por su excelente capacidad de transmitir las más profundas emociones y sentimientos, con la descripción de un simple gesto.

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