La peligrosa libertad de Cienfuegos

5 de junio del 2011

“Cienfuegos”: un hecho más para repensar la justicia en Colombia

Esta columna llevaba el título “Alcaldía de Bogotá: ¿Cuándo comienza el debate?”, pero los acontecimientos políticos de este país, tan dinámicos y complejos, me hicieron cambiar de tema radicalmente, so pena de irradiar indiferencia sobre un asunto que genera indignación y tristeza, además de rabia.

De nuevo la justicia colombiana, probablemente impulsada por su injustificada ingenuidad e ignorancia, tomó una decisión completamente inverosímil en el marco del derecho y, claro está, del contexto colombiano: dejó en libertad a un terrorista de la peor calaña, de esos que son incapaces de usar el uniforme y portar las armas porque prefieren “colaborar” desde la orilla facilista del discurso, reclutando jóvenes, buscando financiación y estructurando el bosquejo para el logro de los objetivos del proceso “revolucionario” de las FARC. Son estos, y no los otros, los terroristas más peligrosos, porque se camuflan, como buenos camaleones, al interior de la sociedad, y desde adentro golpean el statu quo con toda la decisión y determinación que los mueve.

Se trata del eterno estudiante Miguel Ángel Beltrán Villegas, perfil que encaja con sus propósitos de legitimarse estratégicamente bajo el rótulo de “académico”, más conocido con el alias de Cienfuegos. Este hombre, ya en sus cuarentas, se ha dedicado a pasear por el mundo como estudiante, con la finalidad subrepticia de impulsar el proyecto terrorista de las FARC. Esa fue su función concreta y específica, que cumplió con relativa eficiencia como miembro de la Comisión Internacional (Cominter) de esta agrupación ilegal.

Pero nuestra justicia ve las cosas de una manera muy distinta, entre otras cosas por un sistema exageradamente garantista que pone en peligro, irónicamente, la viabilidad de este país. Para la Juez Cuarta Especializada de Bogotá, el señor Beltrán Villegas es una mansa paloma, porque nunca ha tenido un fusil en sus manos y, claro está, también porque desde que la cada vez menos honorable Corte Suprema de Justicia desestimó risiblemente las pruebas encontradas en los computadores de Raúl Reyes, sus colaboradores se frotaron las manos pensando en su segura libertad. Es, de alguna forma, la crónica de una libertad anunciada, no solo para Cienfuegos, sino también para tantos otros que aparecen en dichos computadores.

Basta leer los correos, y en aras de la discusión debo decir que sí son correos, digan lo que digan y peleen lo que peleen, los he visto personalmente y aseverar que no lo son es un sin sentido. En ellos, queda explícita la relación vergonzosa que tenía Beltrán Villegas con alias Raúl Reyes, una relación, que valga decir, perjudicó enormemente a los colombianos, ya que gracias a esas “gestiones”, las FARC consiguieron recursos, hombres y un ambiente favorable en varios espacios en donde se movía libre y estratégicamente el terrorista Cienfuegos. No se trata entonces solamente de un “pensamiento crítico” como este hombre lo denomina cobardemente, sino de una actividad política al servicio de un grupo terrorista y narcotraficante, gracias a la cual las Farc obtuvieron réditos importantes.

Debo decir que el sólo hecho de intercambiar correos con terroristas ya es una razón suficiente aunque no absoluta para, por lo menos, dudar del procesado. Pero más allá de eso, el tono y el fondo de los mensajes no dejan lugar a la especulación y ratifican con certeza que Beltrán Villegas hacía parte de las FARC. Por ejemplo, en uno de ellos, Reyes le pone a Cienfuegos una tarea con fines ideológicos que benefician a las organización: “Aprovecho su importante decisión de aportar sus conocimientos para los objetivos políticos del proceso revolucionario colombiano, le propongo elaborar un documento de reflexión y análisis con el llamado a vincularse a la lucha a los estudiantes, académicos, con ocasión a los estudiantes muertos el 8 y 9 de junio del 54, a manos de agentes estatales. Esto en el marco de nuestra concepción Fariana y Bolivariana. La idea es conocer anticipadamente su borrador de documento y luego convertirlo en documento oficial de las FARC”. En otras palabras, busca hacer un manifiesto de reclutamiento en sectores universitarios, que es claramente un ejemplo de apología al terrorismo y al crimen.

Efectivamente, como buen militante y parte de las Farc, el “profesor” Beltrán Villegas publicó meses después un texto denominado “Estudiantes, política y sociedad”, en el cual, luego de hacer un recuento histórico del movimiento estudiantil en América Latina, invita de manera tácita a la vinculación de los estudiantes a los movimientos revolucionarios cuando afirma: “a lo largo de este último siglo que ha transcurrido, las movilizaciones estudiantiles han puesto de presente que es justo rebelarse y que es posible poner fin al autoritarismo(…) por eso hoy que hay más razones para ello, el movimiento estudiantil debe rebelarse.”. Más claro no canta un gallo, Cienfuegos le cumplió a su jefe al pie de la letra.

Tan fuerte es la relación y tan importante el papel de Beltrán Villegas en las FARC, que el propio Raúl Reyes le da consejos para que su actividad sea más efectiva y sistemática. En un correo de 2005, Reyes le afirma a Cienfuegos lo siguiente: “Comparto tu idea de mantener cierta neutralidad en la Universidad en el objetivo de garantizar la ejecución del trabajo, (…) exactamente el trabajo clandestino o conspirativo significa ante todo asegurar el desarrollo de las tareas sin necesidad de aparecer donde no se requiera”. Esto comprueba que este hombre, hoy libre, estaba camuflado en la sociedad para realizar un trabajo “clandestino y conspirativo” contra el Estado colombiano.

Adicional a ello, Beltrán Villegas se alegraba con los reveses militares sufridos por la Fuerza Pública, en una actitud de apátrida y de traidor. En 2004 le escribe a Raúl Reyes con desparpajo absoluto que está “muy contento de la respuesta que nuestra organización viene dando al Plan Patriota. A Uribe le ha sido difícil  ocultar los golpes recibidos”.

Por último, para no alargar más este espacio, Cienfuegos fue consultado por Reyes para la fundación de un centro de investigación que, adicional al espacio académico-ideológico que generaría para las FARC, también ayudara a la consecución de recursos económicos para la organización, es decir, para financiar el terrorismo.  El correo dice así: “Por vía de Sara estamos coordinando la posibilidad de unas ayudas de unos profesores canadienses para montar un centro de investigación científica en esos temas. La idea es que constituida esta entidad, a la vez representada por camaradas expertos en el mundo de la investigación y academia, podamos, por esa vía, conseguir algunos recursos económicos, fuera del beneficio dado por el techo de la institución”. Eso es, aquí y en todos lados, financiación del terrorismo, un delito muy grave, pero además un adefesio contra la nación colombiana.

Ese es el Cienfuegos que hoy, la Juez Cuarta Especializada de Bogotá, amparándose en el auto insolente de la Corte Suprema de Justicia y de un criterio jurídico bastante pobre, dejó en libertad. Este hombre que recluta en las universidades, que contribuye a la financiación del terrorismo, que abre espacios académicos y sociales a las FARC, que trasmite una visión de país sesgada en sus clases, que se alegra con la muerte de nuestros soldados, políticas e infantes de marina, está libre, en la calle buscando como hacernos daño a todos los colombianos.

Esa es nuestra justicia, alejada de la realidad del país, de las necesidades de sus conciudadanos y de los peligros reales y tangibles del Estado del cual, irónicamente, hace parte. Una justicia que acatamos, porque nos toca, pero que también podemos criticar y cuestionar, porque nos ampara el derecho a la libre expresión. Con esta justicia, debo decirlo con sinceridad y tristeza, serán muchos los años que tendremos que vivir con este lastre de las FARC. No sé si los magistrados y los jueces han leído los extensos textos de las FARC, pero es bueno recordarles que en todos ellos queda claro que el 20 por ciento de su esfuerzo es militar, el otro 80 por ciento es exclusivamente un esfuerzo político, como el que desarrollaba (y lo seguirá haciendo desde hoy) Miguel Ángel Beltrán Villegas, alias Cienfuegos, y tantos otros que están aquí, con nosotros, sin fusiles, pero haciéndonos un daño enorme a todos los colombianos.

En ese sentido, hasta que no entendamos que las guerras no las ganan los soldados, sino los pueblos, será muy difícil avanzar a un verdadero postconflicto. Toda la sociedad, pero también sus instituciones, deben unirse en torno a un mismo fin: cerrarle las puertas al terrorismo, tanto armado como discursivo, provenga de donde provenga. Pero si seguimos actuando con cierta indiferencia que le permita espacios discursivos “legítimos” a éstos grupos, el conflicto perdurará eternamente. Es un paso difícil y arriesgado, pero creo que vale la pena por el futuro de Colombia y sus gentes.

Desde mañana habrá un terrorista más en las calles, otro que la justicia no supo como enfrentar para el bien de los colombianos. Cienfuegos hará de las suyas y aprovechará su anécdota para impactar con más fuerza al Estado y sus instituciones, en cumplimiento del plan estratégico de las FARC, el cual él tiene muy claro. ¿A quién le escribirá sus próximos correos presentándose de nuevo al servicio? ¿Será a Cano, a Granda, a Ramírez, a Márquez? ¿Seguirá reclutando a nuestros jóvenes universitarios, financiando a las FARC, abriéndole espacios en el exterior o se dedicará a defender a Joaquín Becerra (director de Anncol) que también hacía parte de la Comisión Internacional de las FARC? No sé las respuestas, pero tengo claro que de su libertad no saldrá nada bueno para los colombianos.

Escolio: Las Consultas internas del pasado domingo demuestran la falta de compromiso de los partidos políticos colombianos. Definitivamente no tienen presentación. Si tuvieran un poco de respeto por los ciudadanos, devolverían los dineros gastados en consultas que a última hora fueron inexplicablemente canceladas. Pero dudo que actúen éticamente, no esperemos tanto de ellos.

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@javierflorezh

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