2017: el año de las verdades

2017: el año de las verdades

9 de enero del 2017

El que inicia será sin duda un año de grandes retos para esta democracia imperfecta que vivimos pues el mayor desafío, el de enfrentarnos a las verdades de cincuenta años de conflicto, puede tener repercusiones de tsunami en la política y la economía nacional.

Algunas personas pensaran que los guerrilleros de las Farc van a desfilar frente al Tribunal Especial contando obviedades y todo terminará con una reconvención o regaño de mamá a niño travieso. “Si, fui yo el que aprobé el enfrentamiento con los paras a sangre y fuego en Bojayá sin respeto por las bajas de civiles”, esperarán que confiese humildemente Timochenko o cualquier otro comandante y que así quedarán saldadas esas deudas dolorosas.

Yo pienso que las cosas no serán tan obvias o tan tristemente conocidas como ese episodio de la infame masacre en una iglesia abandonada hasta por Dios mismo. Las verdades ocultas de toda guerra son las de los intereses, las motivaciones y sobre todo las de las conexiones camufladas entre sectores diversos de una misma sociedad. Esos hechos que no se conocen y que pueden estremecer los cimientos de una nación.

De tanto en tanto en los Estados Unidos se desclasifican documentos de inteligencia. Cuando ya han pasado muchos años y no se afecta la realidad presente se permite revelar los hechos subyacentes a la política, las guerras y la economía. Esas verdades de haber sido conocidas antes habrían cambiado el rumbo de la historia y pero ahora parecen fábulas inútiles del pasado son las que se revelan para que todo siga igual.

En nuestro caso, las verdades que pueden salir a flote lenta e inexorablemente no serán las de los inicios del conflicto armado de las Farc, esos hechos en la Marquetalia de Tirofijo, que podrían nutrir el inventario de leyendas históricas sin mortificar la vida política actual. Si algo nuevo se supiera de aquellos años, no generaría titulares, ni grandes debates y apenas uno que otro historiador juicioso tomaría nota de ellos, para corregir la historia ya contada.

Las cosas que deben conocerse y que sí pondrían a temblar a Colombia son las que han sucedido en los últimos 25 años, las verdades post constitución del 91, cuando creíamos estar refundando la patria y lo que se estábamos generando era un monstruo de cinco o más cabezas, en la que el corazón era uno solo, el motor de masacres y guerras sin fin: el poder del narcotráfico.

Interesará conocer quién o quiénes participaban en las diferentes etapas de este comercio global. Quién o quiénes producían, quién o quiénes financiaban, quién o quiénes comercializaban, quién o quiénes facilitaban las acciones y quién o quiénes se lucraban del negocio.

Que guerrilla y paras se disputaban terrenos y rutas es una verdad sabida, pero no se conocen los bandos ocultos de cada lado, porque detrás del fabuloso y multimillonario negocio de la venta de cocaína, marihuana, heroína y otras sustancias, hay miles de rostros desconocidos entre transportadores, terratenientes, comerciantes, informantes, abogados, ingenieros, médicos, banqueros, etc., que también se lucraron con la guerra y han pasado de agache hasta ahora.

Las verdades incomodas serán esas: ¿cuántas manos hay detrás de cada viaje de coca exportada y cuantas en cada pago recibido y lavado? A esas verdades y no a las de la guerra, que ya sabemos fue atroz, es a las que les temen muchas personas del establecimiento y de los partidos políticos. Bueno y necesario conocerlas oportunamente, antes de iniciar los próximos eventos electorales para presidente y congreso.

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