63 años de violencia, ¿o un poco más?

13 de junio del 2011

Siempre nos han vendido la idea que la violencia se inició en Colombia con el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán Ayala, hace 63 años, y que a partir de esa fecha la violencia nació en Colombia.

Pero remontando históricamente los hechos violentos en el actual territorio colombiano, encontramos los ataques de los aborígenes Colimas a los territorios de Panches para subsistir; los Panches atacaban a  los Muiscas porque los Panches han sido considerados una tribu belicosa y cruel, es más, estudiosos del tema afirman que si los españoles no hubiesen llegado, los Panches se habrían tomado la meseta cundinamarquesa habitada por los Muiscas. Sangre aborigen derramada hace ya más de 500 años.

Luego llegan los conquistadores con sed y avaricia del Dorado y azotan las diversas tribus de esa época del actual territorio. Y esta conquista no fue con espejitos, fue a sangre y fuego, y con desventaja para los aborígenes quienes atacaban con sus armas rudimentarias a estos hombres que poseían armas de fuego y cuerpos blindados, cayendo miles y miles de aborígenes diariamente.

Asegurado el territorio, los chapetones  se creían más que los criollos, y los chapetones explotaban miserablemente a la nueva raza denominada mestiza, y estos últimos se sublevaron  en el Socorro, Charalá, Guaduas, Mariquita costándole la vida a muchos, en especial al desmembrado José Antonio Galán, cuyo cuerpo quedó regado por la Nueva Granada.

Después de esto crece la vena independista, y chapetones y criollos se vuelven a enfrentar, tomándose  el poder los criollos de 1810 a 1816.  Pero en 1816 la madre patria envía a un pacificador, y este pacifica a sangre, y sangre a sus rebeldes hijos criollos, que mueren por centenas en diferentes ciudades, villas y villorrios de la Nueva Granada, caso Cartagena y así sucesivamente.

Llega el 7 de agosto de 1819, salen victoriosos los ejércitos patriotas, pero empiezan las divisiones: Bolívar, Santander, y así sucesivamente todo el siglo XIX,  federalistas, vs centralistas, y  de guerra civil,  en guerra civil, resaltando una pléyade de gobernantes militares. Terminando el siglo XIX, e iniciando el siglo XX con la famosa guerra de los mil días.

Y en el siglo XX, el magnicidio de Rafael Uribe  Uribe, la disputa del poder gubernamental entre los partidos Liberal y Conservador, la retoma del poder del Partido Liberal, la división del Partido Liberal, el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán Ayala, que algunos denominan bogotazo, como si la matanza hubiese sido solo en Bogotá, cuando en realidad las pequeñas ciudades y el campo se llenaron de muertos de ambos colores; nos más leer “Cóndores no entierran todos los días”  para tener en cuenta cómo era la cosa en los diferentes pueblos en esa época.

Y para colmo, ambos partidos respaldaron grupos insurgentes, insurgentes que caen traicionados y solo sus jefes pasan a la historia, muertos, pero pasaron a la historia. Luego nacen grupos rebeldes que aun hoy hacen presencia en diferentes regiones de Colombia, y para completar el narcotráfico, y las autodefensas continúan derramando sangre por mayor en todo el territorio, y así finaliza el siglo XX, para dar inicio al siglo XXI. ¿Y qué tenemos en el siglo XXI?  Grupos rebeldes y las famosas bacrim, mejor dicho, violencia. ¿Será que aun en los genes de algunas personas fluyen como volcán en erupción continua esa llama por la violencia?

Retomemos las palabras del presidente Juan Manuel Santos, al firmar la Ley para la reparación y restitución de tierra a las víctimas del conflicto armado, palabras dicientes en el concierto nacional: “No sólo los colombianos sino el mundo entero son testigos del propósito de un Estado que -en nombre de la sociedad- está dispuesto a pagar una deuda moral, una deuda largamente aplazada, con las víctimas de una violencia que tiene que terminar, que vamos a terminar”.

“Hemos sufrido mucho, hemos llorado mucho; hemos sentido el golpe de la mano asesina, el dolor de las viudas y los huérfanos, el desamparo de los despojados, y tenemos el reto, la obligación, el anhelo, de sacudirnos las cenizas y continuar el viaje. ¡Y vamos a hacerlo, colombianos! ¡Podemos hacerlo!”.

Además, los medios de comunicación nacional  resaltaron estas palabras, donde aseguró que Colombia no está condenada a “cien años de soledad ni a cien años de violencia”. Como se podrá leer son más de 63 años de violencia, o un poco más.

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