Políticamente in correcto

Políticamente in correcto

13 de diciembre del 2016

Por años, tal vez décadas, se buscó que el lenguaje corrigiera las inequidades de la sociedad. Nombrar algo se convirtió en un reto ético y empezamos a utilizar palabras diferentes para darle nuevos significados a los antiguos nombres que conllevaban estigmas o discriminaciones.

El primer gran cambio (creo) nos vino de Estados Unidos que a partir de la lucha por los derechos civiles se alejó de la palabra “negro” o gente de “color”. La discriminación derivada de la esclavización de las personas traídas de África, hacía necesario que se las nombrara de otra manera, aunque lo mejor habría sido simplemento no nombrarlas como no se nombra a una persona de raza blanca.  

Surgió el Black Power y de esas luchas se llegó a lo Afro Americano para señalar una población con un origen común, como podrían ser los italo Americanos o los Irlandeses Americanos o los Chino Americanos. De allí nos llegó la influencia para re denominar a nuestras comunidades con origen Africano, ahora reconocidas como Afro Colombianas.

Otros conceptos lingüísticos que se transformaron fueron los relacionados con las limitaciones o condiciones físicas. Recuerdo que en mi infancia se hablaba de “Minusválidos” para referirnos a personas que hoy llamados invidentes y antes eran ciegos o a aquellos que tenían limitaciones motrices que les decíamos cojos o mancos o mucho peor “bobos” a quienes las tenían de carácter cognitivo.

Mas tarde aprendimos a no hablar de “maricas” ni de “marimachos” cuando nos referíamos a personas con opciones sexuales diversas y por supuesto de allí derivaron las siglas LGBTI, que requieren todo un doctorado para entender las sutilezas de sus diferencias.

Los pobres, se convirtieron en población vulnerable y los pordioseros en habitantes de la calle. Así como las prostitutas pasaron a ser trabajadores sexuales y las “cocineras o entreras” empleadas domésticas.

Las mujeres tampoco nos quedamos atrás y empezamos a exigir un lenguaje incluyente. Para generar conciencia sobre nuestra existencia hubo que hacer énfasis en que habían niños y niñas, que se debía saludar con un todos y todas, que debíamos hablar de arquitecta, ingeniera, abogada, etc.

Reconocer estos cambios es también reconocer que la sociedad ha ido cambiando para bien afortunadamente, porque esas denominaciones no eran gratuitas, cada una de ellas generaba un prejuicio, una forma ideológica de ver a las personas.

Poco a poco, se fue dando esta revolución silenciosa que cambió el idioma para siempre incluyendo nuevas acepciones, formas más respetuosas de nombrar la diferencia y sobre todo de reconocer que se existe.

En otros espacios, que no se refieren a las personas, se empezó a hablar de los temas ambientales, de los derechos de los seres sintientes, que en general son los que antes llamábamos animales o de lo que era basura y ahora son residuos, así se incrementó el léxico con palabras garantistas, todas derivadas de una concepción más holística del universo.

Debemos estar atentos porque ha llegado la contra ofensiva de la derecha internacional y tal vez muchas cosas retornen a ser llamadas con sus viejas, xenófobas, misóginas y discriminadoras formas de señalarlas. Lo que se puede poner de moda con Trump es un mundo donde se vuelvan a etiquetar con palabras degradantes lo que había sido renombrado y entonces tendremos un muncho hecho al estilo de los WASP “White, Anglo, Saxon People” que significa gente blanca anglo sajona, es decir los Donal Trump que pasan a gobernar el planeta.

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