7 candidatos a vuelo de pájaro

3 de marzo del 2018

Opinión de Ignacio Arizmendi Posada.

Periodismo

El estadounidense Abraham Moles, investigador de la comunicación social que estuvo en Colombia hace unos años, recuerda en una de sus obras un principio simple y obvio: “Cuando un individuo es suficientemente conocido, se habla de él”. Es lo que voy a hacer aquí: hablar, a vuelo de pájaro, de algunas de las fortalezas y debilidades de siete (elección subjetiva) de los candidatos a la Presidencia según mi percepción de sus maneras de aparecer y proceder en radio, prensa, televisión, redes, reuniones, etc.

Humberto de la Calle: Político experimentado, sencillo, con la tradicional calidez paisa, reflexivo, claro, convencido, culto, constante en la búsqueda de sus objetivos, conciliador y confrontador, talentoso. Su lastre se configura a partir de diversos hechos, por ejemplo: pertenecer a lo que los muchachos llaman “la vieja política”, alineada con el partido liberal; su vapuleada actuación en las negociaciones con las Farc en La Habana; su línea bastante pendenciera a favor del Sí en el plebiscito, y haber elegido a Clara López su fórmula para la vicepresidencia, pese a su matriz ideológica básica, la misma de las guerrillas.

Iván Duque: Uno de los nuevos valores en la política nacional, inteligente, brillante, bien informado, con vivencias internacionales en su formación y trabajo profesional, seguro de sí, franco, valeroso, honesto, comprometido con sus ideales, carismático. Por supuesto que tiene factores de lastre: carece de experiencia de gobierno (tampoco la tenía Obama cuando llegó a la Casa Blanca), le falta ser más conocido en el país y es muy joven. Rasgos que simplemente se corrigen con el tiempo…

Sergio Fajardo: Matemático, condición que le facilita tener una visión secuencial de las cosas. Ejemplo: la corrupción se debe a la falta de ética y ésta, a fallas en la educación, por lo tanto la vía es la educación en valores ciudadanos. Inteligente, honrado, autoconfiado, curtido en la acción política y el gobierno, ecléctico, cordial, bien intencionado. ¿Lastres? La abstracción o niebla, su inclinación a la autosuficiencia, hablar de “calma” en contradicción con su fórmula, Claudia López, puntal del descontrol, y de “democracia” en contradicción con su socio Jorge Robledo, puntal del marxismo-leninismo del viejo Moir.

Rodrigo Londoño: Duro, combativo, talentoso, claro en sus objetivos, desenvuelto, creyente firme en sus ideas y conceptos, resuelto, realista. Carga con no pocos elementos de lastre: haber empleado todas las formas de lucha para imponer un sistema fracasado y maligno, haber activado el odio social sin atenerse a las consecuencias, mantener la guerra a muerte hasta hace poco, contar con el desafecto de muchos colombianos, ser fiel a una ideología oscurantista condenada por los pueblos y la Historia.

Gustavo Petro: Tozudo, guerrero, identificado a fondo con sus convicciones, inteligente, buen comunicador, cercano a la gente que lo acepta, sabe qué quiere y cómo lograrlo, estratega. Lo lastran su facilidad para suscitar el odio social, sus notables bemoles como alcalde de Bogotá, la sensibilidad de buscar sus metas a como dé lugar, su complejo de víctima, sus venias hacia Chávez y el chavismo (documentadas en videos y textos), su origen de extrema izquierda, si bien en un trino del 28 febrero pasado dice que “desde joven, mi mentalidad libertaria no me permitió ingresar al círculo ideológico soviético” (debería precisar, entonces, a cuál círculo pertenecía cuando militaba en el M-19, cuya ideología era la misma del círculo ideológico soviético).

Martha Lucía Ramírez: Con una estupenda experiencia empresarial, administrativa y política; seria, honesta, preparada, talentosa, transparente, batalladora, fluida, con sinceros deseos de servir y no servirse, de lograr un mejor país. Ser mujer. Componentes de lastre: la tendencia a la locuacidad, que la lleva a decir y prometer más de la cuenta; cierta soledad en la pugna por triunfar; un bajo coeficiente de carisma; un alto factor de ansiedad por resultar elegida, lo que le resta objetividad.

Germán Vargas Lleras: Buena experiencia política y de gobierno, valeroso, habla a destajo, claro, informado, buen ejecutor, hábil, preparado, seguro, inteligente, víctima de las Farc. ¿Tiene lastres? Su compromiso con el gobierno Santos, con el que aparentó romper; ser un ícono de la “vieja” política; temperamento propenso a la arrogancia y el maltrato a otros; el utilitarismo como motor.

Acertadas o no –lo dirán los e/lectores–, ahí quedan estas percepciones, enmarcadas en otra reflexión del ya citado Moles, quien, hablando del proceso de venta, decía: “En el cliente [en este caso, el elector] interviene algo muy importante y que poco se había considerado: la compra [la escogencia] impulsiva. Aquel puede pasar muchas horas sopesando racionalmente las ventajas y desventajas de un bien [o de un candidato], pero cualquier detalle puede intervenir en su última decisión y tumbar sus largas reflexiones anteriores”.

En el campo electoral, “cualquier detalle” puede ser el vocabulario del aspirante, su modo de reaccionar ante un estímulo, la manera en que confía en sí mismo, su vaguedad en una respuesta, la cara, su caminado, la apariencia, etc. Sin embargo, los candidatos podrán tener en cuenta, o no, lo dicho por Michael Korda en su conocida obra sobre el poder: “Lo que está en juego es nuestra capacidad de ser la persona que queremos ser, en vez de la persona que otros quieren que seamos”.

INFLEXIÓN. Si es altamente doloroso lo que sucede en Venezuela, será doblemente doloroso si en Colombia llegamos a replicar ese modelo.

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