A dar la palabra

13 de agosto del 2012

En Colombia, país monotemático, no es fácil despertar curiosidad frente a un nuevo evento que involucra personas conocidas de la vida nacional. El llamado “misterioso encuentro de Medellín” lo logró, por razones no muy claras. Al principio descalificaron las canas de muchos de sus asistentes, sobre todo aquellos que creen que solo la juventud es […]

En Colombia, país monotemático, no es fácil despertar curiosidad frente a un nuevo evento que involucra personas conocidas de la vida nacional. El llamado “misterioso encuentro de Medellín” lo logró, por razones no muy claras. Al principio descalificaron las canas de muchos de sus asistentes, sobre todo aquellos que creen que solo la juventud es creativa; pero después, empezó a crecer el interés por lo que se estaba preparando. Independientemente del preámbulo, la verdad es que mínimo, la reunión debe calificarse como especial.

En un país no siempre eficiente, es una proeza producir en tres horas menos de una hoja y media de ideas, que además, todas y todos aprobaron con aplausos. Se debe reconocer que las presentaciones preparadas por María Teresa Garcés, José Antonio Ocampo, Navarro Wolff y Antanas Mockus, sentaron elementos que aglutinaron al grupo. Muchos asistentes estaban listos, gracias al trabajo del equipo preparatorio de la reunión, con Iván Marulanda a la cabeza. Pero sin duda, la voluntad del grupo de producir algo distinto y la capacidad de Claudia López, apoyada por los designados para redactar el comunicado, fue lo que hizo posible la rápida armada del sentido de este movimiento ciudadano que “no le tiene miedo a la política.”

Aunque nunca se descartó que el ejercicio de los canales de la política se utilizarían, es interesante observar cómo los medios de comunicación califican el evento de “fuerza política,” de “nuevo movimiento político” y ya decidieron por nosotros que tendremos listas para el Congreso de la República y candidato presidencial. Definitivamente, la sociedad colombiana está lista para ver personas reconocidas en distinto campos, planteando un tema central: la necesidad de reconocer y abordar seriamente la profunda crisis del sentido de lo público, de la ética, del ejercicio de la política contaminada.

Aclaradas y divulgadas las bases de este movimiento, ahora lo que corresponde en este país de regiones diversas, es Dar la Palabra. Este ejercicio continuará en Cali y el resto del país, “sin prisa pero sin pausa.” Como la descentralización de Colombia es una realidad que debe fortalecerse y dinamizarse, es necesario Dar la Palabra, con la absoluta certeza de que mucha gente quiere hablar. Se piensa en los jóvenes con toda razón, porque muchos se han quedado en las redes y a la hora de votar, de comprometerse, no lo hacen. Y tienen razón, pero si ahora tienen la posibilidad de opinar, de compartir inquietudes y buenos propósitos, pueden salir de esa especie de inercia política en la que han estado.

También se trata de Darle la Palabra a los académicos de este país. Esa separación que vivimos entre el conocimiento que ellos tienen y el poder que manejan los políticos, es una de las grandes causas de los males nacionales. Poder y conocimiento deben marchar a la par para recuperar el rumbo de una sociedad que está indignada “por el racismo, el clasismo y el machismo” como lo dice el documento, pero que no quiere quedarse en las lamentaciones sino que busca generar cambios. También hay generaciones mayores, que ven con dolor como se debilita la institucionalidad colombiana y está dispuesta a hablar. Además están los empresarios grandes y pequeños aún con poca representación en este grupo, que tienen que reconocer que no pueden ser empresarios de la política sino, como la mayoría en el pasado, creadores de riqueza dentro de la transparencia y el respeto por la Ley. Muchos de esos verdaderos emprendedores que no utilizan la política para enriquecerse, quieren opinar y deben participar. Ellos también, Tienen la Palabra.

Lo que este grupo de ciudadanas y ciudadanos puede aportar es experiencia, que no siempre es lo mismo que éxito. Precisamente porque muchos se han dado contra el mundo cuando reconocen sus propios errores o cuando ven sus ideales subestimados, destruidos o su labor ignorada, es mucho lo que pueden ofrecer honestamente en este ejercicio de “recuperar el sentido público, ético y representativo de la política.”

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