A los constituyentes nos pidió la gente que…

13 de mayo del 2011

Me parece interesante describir la manera como entendimos los constituyentes del 91 el oficio que nos pusieron los ciudadanos. Es sencillo. Nos pidieron les diéramos  instituciones que no solo les permitieran vivir juntos sin matarse, sino que además les permitieran sobrevivir y progresar, es decir competir en este pequeñísimo planeta reducido de la noche a la mañana al tamaño de un pañuelo. Recuerdo a los políticos que tienen responsabilidades de decisión que los campesinos y los artesanos y los empresarios pequeños y grandes y los trabajadores de todas las categorías y condiciones ya no están disputándose el pan y los mercados y los negocios con el vecino de al lado, sino que sus competidores vienen ofreciéndose desde las antípodas hasta acá y que a su vez los mercados les esperan a nuestros compatriotas en cualquier punto del mundo siempre y cuando vayan a buscarlos con las ventajas y la inteligencia que exigen los compradores en el regateo sin piedad que desató en el mundo la globalización. En este punto hay que decir que nos modernizamos y descentralizamos, o perecemos.

Reitero que la Constitución además de echar los cimientos de la convivencia en la democracia y los derechos humanos, sentó las bases de la modernización y la descentralización del país que deben encontrar desarrollo por gobernantes y legisladores y jueces y por la población en general con la mirada puesta sobre realidades de la humanidad que son mutantes y dinámicas y con la imaginación y la creatividad disparadas, no con esos miedos seculares que los espantan desde épocas que no tienen vigencia en esta hora y que no volverán a tenerla nunca más como la tuvieron en los tiempos de las espadas y los caballos.

La evolución de las instituciones colombianas a partir de la Constitución del 91 ha sido vergonzosa. Miren nada más el proceso centralizador y concentrador de poder en la metrópoli que se experimenta de continuo contra el espíritu descentralizador y autonómico de la Carta Política¡Qué ironía! Siendo que los ciudadanos integraron la Asamblea Constituyente con provincianos que reconocieron que las sociedades que progresan en el mundo contemporáneo tienen por axioma que el desarrollo social y la competitividad y por lo mismo el progreso económico y la profundización de la cultura y la sostenibilidad ambiental y la seguridad y la soberanía se construyen en el territorio. Las construyen desde los territorios los pobladores porque están ahí y ahí viven bien o mal según sus esfuerzos y ahí está su memoria y su sentido de pertenencia y su orgullo y ahí trabajan con su experiencia de generaciones, su conocimiento del medio ambiente y de sus oportunidades y sus fortalezas y sus limitaciones y sus arraigos y su adaptación al lugar que es su vida, su porvenir su tradición en fin, su sitio y su existencia en este mundo. Siendo que Colombia es país de culturas diversas, de regiones, rico como ninguno en biodiversidad y en climas, extenso en tierras y aguas y en fronteras y prolijo en elementos y recursos, cada día para su desgracia está más confinado en los recintos helados y empinados del Capitolio y el Palacio de Nariño por cuenta del inmovilismo de esta política sin ideales y sin principios que domina a Colombia y la invade de corrupción.

Me pregunto qué sentido tiene la Constitución del 91, constitución de ciudadanía hecha para que el pueblo se realice en sus propias dinámicas y se acople en las dinámicas de las demás comunidades del planeta, si se apropian de ella políticos a los que no les interesan estas cosas no las perciben no las obedecen ni las interpretan ni les gusta. Que tienen por deporte cambiar la Constitución y desnaturalizarla cuando se les da la gana y de cualquier manera para que cada vez se parezca más a ellos y a sus intereses que a sus compatriotas y a los sueños de la gente, políticos cuyas categorías de poder como he explicado tantas veces no devienen de mandatos populares transparentes de los que se desprendan obediencia lealtad deberes, porque las elecciones funcionan como mercados de compraventa de votos y por lo mismo no interpelan las conciencias de los ciudadanos ni respetan su libertad, sino que se desenvuelven bajo la creencia de que la lucha por el poder es batalla campal para hacerse a codazos al botín del Estado y obtener licencia para apropiárselo, saquearlo y no volverlo a soltar… Y pensar que este ciclo de tormentos culmina en las cárceles… ¡Qué ejercicio tan inútil y frustrante terminó siendo la política colombiana…!

A lo largo de tantos años de bregar de ver de padecer aprendí que siempre se llega la hora de cambiar las cosas y que las tiranías como las corruptelas no solo tienen término sino que siempre acaban pésimo… ¡Si supieran los abusadores cómo es su final no serían abusadores…! Colombia sigue su marcha y la Constitución que algún día caerá en buenas manos, también.

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