A propósito del TIAR

4 de diciembre del 2019

Por: Gabriel Jiménez.

A propósito del TIAR

No hubo peor forma de empezar las acciones en política exterior de la nueva canciller Blum que mediante la trigésima reunión de consulta de ministros de relaciones exteriores del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR) celebrada ayer en Bogotá. ¡Qué mal calculo ministra!

Como lo expresé en mi columna anterior, y pensando positivamente, aludí a que la estrategia al menos iba a cambiar aún manteniendo la misma idea de política exterior. Pero al parecer, no lo ha sido hasta el momento y no se si lo sea. Quizá me apresuré.

Utilizar el TIAR como herramienta de poder es insistir en la diplomacia como el medio único para perseguir el interés de Colombia, y que hoy día se convirtió en un interés regional; el derrocamiento del régimen ilegitimo de Nicolás Maduro. Pero ¿Qué tan bueno es utilizar este tratado? A mi modo de ver, una estrategia de poco peso. La composición de la organización no es suficiente. A parte porque el TIAR, maneja medidas resolutivas de tipo diplomático- el retiro de los jefes de misión, la ruptura de las relaciones diplomáticas, la ruptura de las relaciones consulares, la interrupción parcial o total de las relaciones económicas, o de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, telefónicas, radiotelefónicas, radiotelegráficas, u otros medios de comunicación- las cuales, la mayoría de ellas, ya se han hecho. Resultado: no ha pasado nada.

Lo que caracteriza a los acuerdos o tratados internacionales como el TIAR es su falta de acción y compromiso. Históricamente se ha invocado dos veces el TIAR; 1. Malvinas 2. Ataques terroristas 9/11. Ambas, una decepción. La primera por la falta de voluntad política de los estados y los juegos geopolíticos de la guerra fría. Y la segunda, por el inminente interés particular de los Estados Unidos en llevar una guerra en Irak por medio de una coalición, a lo que los estados latinoamericanos no vieron con buenos ojos, o así lo expresó el presidente de México, Vicente Fox. Total, ¡un fracaso!

Para que el TIAR funcione debe ser reformado. Incluso bajo la idea de la política exterior colombiana y la búsqueda de su fin ultimo; asfixiar al gobierno venezolano. Las buenas intenciones sobre el mantenimiento de la paz y la seguridad regional, los principios de solidaridad y cooperación interamericana, la solución pacifica de controversias y la obligación mutua de ayuda y de común defensa en las repúblicas americanas, no son más que principios propios de un tratado sin fuerza. Un león sin dientes.

Si miramos detalladamente la composición del tratado, podemos encontrar que el órgano consultivo, solo podrá llamar a reunión exclusiva para invocar el tratado cuando se presente una agresión. El tratado lo dictamina de la siguiente forma: “ La agresión es el uso de la fuerza armada por un Estado contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de otro Estado, o en cualquier otra forma incompatible con las Cartas de las Naciones Unidas.” ¡Qué preocupante que solo se denote el uso de la fuerza armada!

Acaso ¿la guerra y su forma de llevarse acabo no ha cambiado? Las agresiones no son solo el uso de la fuerza armada, evidentemente no, existen nuevos espacios donde la guerra se propaga mediante acciones no violentas. Por nombrar algunas; el ciberespacio, los medios digitales, las redes sociales, la desinformación de la prensa, las narrativas de inclusión, los medios cognitivos, entre otras. Aunque algunos académicos y políticos piensan que la guerra es la misma, pero con otros medios, pues creo que se equivocan, la guerra ha mutado, tanto en su composición, su organización como en sus métodos.

Siguiendo la lógica de la política exterior colombiana, el TIAR funciona en la medida en que “el envió por un Estado, o en su nombre, de bandas armadas, grupos irregulares o mercenarios a otro Estado” o “ la acción de un Estado que permite que su territorio sea utilizable para su desestabilización”, sea demostrada -así lo dice el acuerdo-. Cuestión que Colombia tiene bastante clara, no me cabe duda. Pero, y ¿la votación? Cabe que recordar que para que se adopte una resolución se necesita la mayoría absoluta y por lo visto, este calculo no lo ha hecho bien el Estado colombiano. Aunque claro, me puedo estar equivocando, sin embargo, la resolución dictaría una acción diplomática y, ¿No se ha hecho acaso?

Mi recomendación es que, la forma de invocar el TIAR debe permitirse ver desde una visión multidimensional tanto de las amenazas como de sus acciones -medidas-. Debe ampliarse la gama de acciones llamadas “agresión” y poder constatar que la injerencia en asuntos internos de los países, no solo se da bajo la agresión del uso de la fuerza armada, sino también bajo las nuevas formas de perpetrar la guerra en acciones no violentas. Por lo tanto, considero que se ve la necesidad de enmendar y/o reformar artículos del TIAR o pensar en un nuevo tratado que se ajuste a la realidad. Mientras tanto, todo seguirá igual. Espero con fe estar equivocándome.

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