A Santos lo que es de Santos

14 de julio del 2018

Por Jaime Arias

A Santos lo que es de Santos

Calificar los resultados de un gobierno no es una tarea sencilla por la complejidad de asuntos que debe manejar una administración nacional y por los difíciles problemas que afectan al país, casi todos estructurales, como la inseguridad en ciudades y campos, el lánguido comportamiento de la economía y de la competitividad empresarial, la curruptela e inoperancia de la justicia, entre otros.

En el caso Santos debe considerarse que el “juicio de residencia” corresponde a dos mandatos que suman casi una década, período suficiente para redondear un programa de gobierno. En este caso, para juzgar con objetividad los resultados, será mejor esperar a que pase el tiempo y sea, como se dice, la historia la que juzgue sus tareas, particularmente en el objetivo central que fue el proceso de negociación con las Farc.

Se ha criticado al presidente Santos por haber concentrado obstinadamente tantos esfuerzos, tiempo y recursos de su administración y del país en un acuerdo con las Farc, como si fuese el único problema, y al concluir su octenio pareciera que será recordado casi exclusivamente por las negociaciones de La Habana.

El paso de los días nos dirá si valió la pena el pacto con la guerrilla “fariana” o si tanto empeño terminó limitándose a establecer acuerdos con un grupo subversivo —sin duda el más grande, pero no el único—, y el conflicto continuó diseminado en muchos otros frentes.

Ha sido tan amplia la exposición del presidente alrededor de los acuerdos con este grupo, que él mismo se ha encargado de ocultar otros éxitos de su mandato: por ello, el índice de aprobación de su gestión rodea el 20%, uno de los más bajos alcanzado por un mandatario colombiano al terminar su cargo.

Faltando escasos meses para la entrega del mando es justo reconocer importantes logros de la administración Santos que, desde otra mirada, podrían ser tan importantes como el proceso parcial de apaciguamiento.

Hace unas semanas se anunció la aceptación de Colombia en el exclusivo club de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, conocida por su sigla OCDE, y su calidad de vinculado a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que une militarmente a 29 países para enfrentar cualquier ataque externo a Europa o a cualquiera de sus miembros.

Se trata de dos membresías, cada una importante y útil en su campo si sabemos aprovecharlas. Estos vínculos y el respaldo dado por la cancillería a los acuerdos de paz, incluida la obtención del Premio Nobel en cabeza del presidente Santos, constituyen un éxito de su política exterior, un poco opacado por los pleitos limítrofes con Nicaragua, hasta ahora mal manejados.

Los programas de construcción de vivienda y carreteras principales (4G) y secundarias, con una inversión de cerca de 40 billones de pesos, dieron un gran impulso a la conectividad vial, rezagada en varias décadas, y fomentaron el empleo. En este punto debe reconocerse la contribución de Germán Vargas Lleras, artífice principal de las iniciativas.

Un logro significativo que permanece oculto es el de la agenda contra la pobreza. En los dos períodos de Santos la clase media superó en número a los pobres, lo cual es muy significativo en términos sociales y económicos; la pobreza multidimensional bajó en un 13,4 %, lo que significa en que en ocho años 5,4 millones de colombianos salieron de la pobreza, particularmente en las zonas rurales. Tanto la pobreza relativa como la extrema disminuyeron considerablemente.

La economía no fue un punto estelar para Santos. Las famosas locomotoras que irían a impulsar el crecimiento no funcionaron o apenas lo hicieron a medias, obligando repetidas veces a buscar nuevos ingresos tributarios, principalmente entre los asalariados y la clase media.

La crisis del petróleo (2015 a 2017) frenó el impulso de los años anteriores y obligó a tomar medidas difíciles, pero al final se mostró un manejo prudente desde el Ministerio de Hacienda. En el primer período el crecimiento fue de alrededor del 4 %, pero descendió a menos del 3 % en la segunda etapa, debido a la crisis del petróleo.

El desempleo se mantuvo en niveles aceptables por debajo de un dígito, pero la informalidad se mantuvo por encima del 50 %. La inversión extranjera tuvo un comportamiento moderado, inferior a otros países de la región, y la balanza externa no cambió sustancialmente.

En la política ambiental se registran resultados buenos y malos. De un lado, se ampliaron las zonas de protección con la expansión de los parques nacionales, pero del otro, se amplió la deforestación y el deterioro de ríos a causa principalmente de la minería ilegal y de la ampliación de la frontera agrícola. No fue clara la respuesta a los conflictos entre minería y comunidades, por lo cual esa tarea se mantiene inconclusa.

El crecimiento de los narcocultivos, fundamentalmente a raíz del relajamiento derivado de las conversaciones de la, es un lunar grande que deja Santos y que de nuevo pone al país en situación de peligro, por el crecimiento de las bandas delincuenciales y el crimen, y por la tensión que produce en las relaciones con Estados Unidos.

La agenda de salud tuvo un buen manejo en cuanto se mantuvo el funcionamiento de los servicios médicos pese a la presión enorme de los gastos, principalmente por el ingreso de tecnologías de muy alto costo.

Los ajustes o reformas parciales a la estructura del sistema fueron oportunos y necesarios, en especial la creación de la Adres, las normas sobre afiliación y la puesta en marcha de la atención primaria de salud bajo el modelo MIAS.

Así como se mejoró la situación de la pobreza, los indicadores de salud de la población son cada día mejores. En cambio, en el campo educativo no se vieron avances importantes, excepto por el mayor gasto del sector, ampliado con la idea de convertir al país en el más educado de la América Latina, lo cual no pasó de ser una simple consigna.

El espacio no permite analizar cada sector ni cada programa, pero en términos resumidos podemos admitir que la administración Santos pasa como una de importantes logros en varios sectores y de pocos resultados en otros. Que la historia lo juzgue, sin las pasiones del día.

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