A tu salud

21 de febrero del 2011

Ante las dificultades de nuestro sistema de salud para financiar el gasto y garantizar la cobertura real y la calidad del servicio, resulta irrebatible la conveniencia de la prevención en salud.

El asunto es de tal lógica que cuesta trabajo entender por qué sólo hasta ahora se incorporan de manera estructurada en nuestra legislación los conceptos de prevención de la enfermedad y cultura del autocuidado.

El ejercicio físico (mínimo 30 minutos, cinco veces a la semana), la ingesta balanceada de alimentos, el control del peso y el hábito del chequeo médico periódico, constituyen los elementos básicos de una conducta preventiva y de autocuidado, que, de ser adoptada masivamente, debe redundar en beneficios para todos los actores del sistema.

El gobierno debe tener claro que al dar cabal cumplimiento con lo que le señala la recientemente aprobada Ley 1438 de 2011 (reforma del sistema de salud) en materia de promoción de la salud y prevención de la enfermedad (pilares de la estrategia de Atención Primaria en Salud-APS-) se evita muchos de los problemas de atención que tanto se le cuestionan al sistema actual  y que, según varios expertos, no fueron intervenidos debidamente en dicha ley. La razón es sencilla; necesariamente, al haber menos enfermos, menos casos de enfermedades graves, menos demanda de medicamentos costosos y, lo que es más importante, una mejor calidad de vida de la población, así mismo habrá menos demanda de recursos económicos y menos congestión del sistema en general.

Y aunque seguramente en la adopción de las acciones de promoción y prevención como política de Estado, antes que evitarle enfermedades a la población, primó el propósito central de la ley de racionalizar el uso de los recursos del sistema mediante el buen comportamiento de todos los actores, para que el negocio sea sostenible (lo que según el profesor del Departamento de Salud Púbica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, Mario Hernández, “no significa ir a las causas estructurales del desajuste sino apretar clavijas”), es la gente la que más se beneficiará con el desarrollo de tales acciones. Pues, así suene a verdad de Perogrullo, es más reconfortante y menos dispendioso gozar de buena salud por prevenir enfermedades que por tener que curarlas.

Pero ¿Cómo lograr que la prevención masiva sea una realidad? No resulta fácil alcanzar esta condición ideal. Para la ejecución de la estrategia de APS en todos sus componentes, la misma ley prevé la coordinación entre el Ministerio de la Protección social, gobernaciones, alcaldías y EPS; contempla, además, la participación social, comunitaria y ciudadana.

Y es aquí donde está el instrumento para presionar el buen funcionamiento del nuevo esquema. Ante las consabidas debilidades institucionales de estos entes estatales, incluido el mismo ministerio, y los distintos requerimientos que se demandarán,  es la comunidad el actor llamado a asumir un papel activo para que las acciones de promoción y prevención sean desarrolladas cuanto antes y como corresponde. No se debe perder de vista que es ya una tradición colombiana incluir en nuestras leyes disposiciones que duermen en la letra y no se cumplen.

Debería ser suficiente motivación para la participación de los ciudadanos la reducción drástica de enfermedades que agobian a todos. El gran reto está en llegar al mayor número de población posible y lograr que ésta asuma los comportamientos y consumos (inclusive, frente a muchos de nuestros platos tradicionales, tan saturados de grasas y carbohidratos) que la librarán de muchos problemas de salud.

A hacer causa común, pues esta es la oportunidad de gozar de buena salud por autocuidado, lo que nos evita o nos minimiza el impacto de enfermedades que, cuando se presentan, nos exponen a sufrir, además de los padecimientos propios de las mismas, el calvario azaroso de acudir al servicio regular de las EPS.

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