Abran su juego señores

25 de enero del 2011

No hace mucho le dediqué una de estas columnas a las Corporaciones Ambientales, comparándolas con Zombis, esos muertos vivientes que andan por ahí haciendo daño y dejando su hedor a corrupción y podredumbre.

Ahora que el presidente Santos anuncia que las va a transformar se abre un panorama distinto, la oportunidad de enterrarlas y liberarnos de ese mal que por fortuna solo ha durado un poco más de una década. Pero ¿Cuál sería el esquema administrativo ideal para los nuevos organismos ambientales?

Para empezar sería bueno fijar unos principios básicos, pocos, pero elementales sobre el manejo de algo tan serio y de tantas repercusiones hacia el futuro como es la administración de nuestros recursos naturales y de los cuantiosos presupuestos destinados a ello. ¿Cómo podríamos evitar que los nuevos entes no sean clones de los viejos zombis? Porque, aunque no lo crean, puede que no se dejen enterrar o, enterrados formalmente, sigan vivos y traspasen su espíritu clientelista y corruptor a estos nuevos cuerpos.

El primer principio básico podría ser regresar a que las jurisdicciones ambientales no coincidan con las jurisdicciones político-administrativas. Corporaciones y Departamentos son un coctel que no funciona. Pero sobre todo porque los problemas ambientales no tienen los mismos límites. Lo que pasa en los páramos del alto Cauca, por ejemplo, afecta la depresión momposina y hoy en día ese problema lo atienden más de cinco corporaciones autónomas o precisamente por ser autónomas no lo atiende ninguna.

Lo segundo sería quitarle a las nuevas corporaciones la ejecución de obras. Estos entes no están para eso, sino para planificar el futuro y vigilar el presente, no para hacer obras civiles, distritos de riego, represas o saneamientos básicos. Su tarea deberá limitarse a establecer los parámetros para una economía sostenible y una explotación de nuestras riquezas con riguroso cumplimiento de estos parámetros. No puede permitírseles ser juez y parte y seguir en la feria de contratación de obras que nadie controla o seguir siendo la caja menor (¿o mayor?) de las gobernaciones que encontraron en ellas el presupuesto y las atribuciones perdidas en la Constitución del 91.

El tercer principio, para que no regresen los zombis, es que estas nuevas corporaciones sólo se ingrese mediante un riguroso concurso de méritos y todos sus funcionarios sean elegidos así. Cuando esto ha pasado antes en Colombia el problema es que quienes entran por méritos tienden a “adueñarse” de sus cargos y después no los saca nadie de allí. Sería necesario repensar la meritocracia para que quien entre con dificultad, después de demostrar conocimientos y capacidades, salga facilidad si no presenta resultados.

Y el cuarto y último principio elemental para crear entes realmente eficientes y autónomos es que se establezca una evaluación periódica de resultados, con indicadores objetivos sobre calidad de aire, de agua, cantidades de cobertura boscosa, de diversidad en flora y fauna, de ordenamiento territorial, etc. Si no se piden cuentas, y no desde el formalismo en el que son expertos los corruptos, sino con indicadores objetivos y medibles, no se conseguirá derrotar los vicios que atacan el manejo del medio ambiente en Colombia. No se trata de evaluar cuánta plata se gastó, sino qué resultado produjo y si no hay resultados pues pa’ la calle, así sean apadrinados por el mismísimo Senador Martinez.

El presidente tiene las cartas en la mano, ojalá no esté cañando con par doses y se le mida de veras a construir una escalera flor para ganarle la partida de poker a los vicios actuales. No será fácil, por supuesto. Puede escapársele el juego en buenas intenciones, porque los zombis son jugadores mañosos. Ellos se sentarán también a la mesa a barajar con naipes marcados, apostando fuerte, travestidos de angelitos para hacernos creer que están sin cartas, pero pueden estar vivitos y coleando, con un full de ases en la mano. Así que vamos preparando con cuidado las apuestas para cuando llegue el momento de gritar: ¡Abran su juego señores!

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