Actitud de aprendizaje

13 de agosto del 2011

El título de esta reflexión sale de labios de un asistente durante una charla que dirigíamos hace unos días. Me recuerda también la frase de un alto ejecutivo de multinacional “La única ventaja competitiva que podemos tener, es la capacidad de aprender”. Caigo en cuenta que tal vez es el más grande regalo que nos […]

El título de esta reflexión sale de labios de un asistente durante una charla que dirigíamos hace unos días. Me recuerda también la frase de un alto ejecutivo de multinacional “La única ventaja competitiva que podemos tener, es la capacidad de aprender”.

Caigo en cuenta que tal vez es el más grande regalo que nos ha dado Dios, luego del amor, es la capacidad de aprender.

Aprendemos a abrazar, a besar, a caminar, a expresar nuestra alegría, a ser bondadosos, a sonreír a los desconocidos, a hablar con el corazón.

Aprendemos solo si estamos dispuestos, si queremos, si lo elegimos. De otra manera nos quedamos con nuestros comportamientos habituales.

La vida se puede convertir en una escuela permanente si adquirimos la actitud de aprendizaje. Es nuestra elección mantener la mente y el alma abiertas a aprender con cada situación que nos sucede día a día, o también es nuestra elección quedarnos tratando de amoldar nuestra verdad a dichas situaciones.

La actitud de aprendizaje nos enfrenta a revisar continuamente lo que llamamos nuestros valores, creencias, hábitos, costumbres y pensamientos. También nos invita a revisar en forma permanente las emociones que nos producen. Nos llama a incorporar cada día nuevos elementos en el trato para con nosotros mismos, con los demás, el planeta y con Dios.

Creemos que es mejor comportarnos como siempre hemos sido, sin darnos cuenta la cantidad de sufrimientos que esto produce y sin saber cuan grandes serán las dichas al modificar nuestras reacciones, al mantener una permanente actitud de aprendizaje. Porque aprendizaje implica mejorar nuestras habilidades espirituales, mentales, emocionales y físicas. Y mejorar habilidades requiere de práctica constante en las mismas.

¿Cómo se desarrolla la actitud de aprendizaje?  Observando.

Observándose conscientemente. Observando nuestros actos, las intenciones con que los hacemos, los sentimientos que generamos y reconociendo que ellos, los actos, traen consecuencias hacia si mismo, hacia los demás y hacia el ambiente.

No es lo mismo sonreír al habitante de la calle, que mostrarle un gesto desdeñoso y crítico. No es lo mismo darle dinero con la intención que se alimente, así sepamos que va a comprar bazuco, que dárselo y respetarle su libre albedrío.  Aprendemos sobre nuestra intención, sobre nuestra capacidad de respeto, sobre la compasión o miseria que llevamos dentro, y que ese ser humano nos refleja como un espejo finamente pulido.

Centrados en las reacciones que nos presentan mente-emoción y cuerpo conoceremos aquello que nos proporciona bienestar o aquello que nos infunde malestar. Aprenderemos a elegir el bienestar, sobre el malestar. Aprenderemos hábitos que generen salud y amor, en ves de malestar o temor. En últimas, crecemos en el Amor.

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