Sí, sí es cierto: “todo está acordado” … en favor de las Farc

Sí, sí es cierto: “todo está acordado” … en favor de las Farc

27 de agosto del 2016

Una vez leídos los acuerdos, diría que miserable y desconsideradamente Santos entregó desmedidas y exageradas concesiones a las Farc.  Seguro estoy que los guerrilleros no esperaban tanto, ni tan fácil. Hasta la historia que debió ser plasmada veraz para garantizar la ilustración lúcida de las nuevas generaciones, terminó escrita por ‘áulicos profarianos’ que los exculpan de todo crimen cometido: “que el Estado falla en garantizar necesidades, legitimando el derecho a la rebelión de los ciudadanos “, escribieron en los anales del conflicto versados comisionados impuestos por las FARC al Gobierno para construir el relato oficial de lo que acá sucedió, y así torcidamente exculpados, terminaron estos terroristas descritos en los textos históricos como una romántica y legítima insurgencia civil, de aquellas conformadas por litúrgicos próceres que enfrentaron las despóticas dictaduras colombianas.

Lamentable distorsión que hará carrera en documentos que deambularan por el mundo académico y las comunicaciones, entregando una verdad distorsionada, donde el Estado colombiano pasa a ser el victimario y las FARC héroes que combaten con altruismo pleno. ‘Los mentados’ documentos, como dirían en el bello corregimiento de Patillal, sustentan que la guerra se originó por la tenencia de la tierra en Colombia y el capitalismo agrario, que combinados generaron brechas y desigualdades por doquier. Esa reconstrucción histórica, parcializada, sesgada, incompleta y amañada a los intereses de las FARC, sustentó las concesiones estrafalarias, que en materia de tierras se otorgaron en el punto 1 de la negociación de la Habana, mientras tanto y concomitantemente, el Gobierno y su socio lideraban una esforzada campaña difamatoria contra millones de agricultores y ganaderos, víctimas de FARC y paramilitares, reduciendo su estatus moral a asesinos y actores de desplazamiento a campesinos.

El asunto parece haberles resultado, el país se ha desinteresado en conocer el punto 1 y está embelesado en la contienda política del plebiscito, aun sin mirar de reojo lo que en materia de tierras se viene pierna arriba. Colectivización del campo y consecuente destrucción del agro productivo, tal como lo hicieron Castro y Chávez en sus respectivos países, éste último, expropió 7 millones de hectáreas y dejó a Venezuela sin alimentos. En Colombia será peor.  Tienen en la mira textualmente a 10 millones de hectáreas de los 140 millones aproximadamente que tiene el país. Pero como el diablo está en los detalles, hay 13 millones de hectáreas adicionales que serán objeto de “Sustracción”; así dice el acuerdo, y que están comprendidas en zonas de reserva forestal habitadas, en las cuales tendrán prelación los campesinos y las Zonas de Reserva Campesina, desplazando a los habitantes actuales, mediante expropiaciones o injustas compras.

Así completarán 23 millones de hectáreas y como me dijo un alto dirigente de izquierda de este país: “Así les haremos la revolución”. La toma del agro se materializará por medio de las Zonas de Reserva Campesina, escogidas para ello por solicitudes de asociaciones de campesinos quienes señalarán a libre albedrío el lugar de conformación, donde todo predio cuya extensión esté por encima de 24-36 hectáreas será expropiado y mal indemnizado al 50% de su avalúo comercial; como hoy se hace con los segundos ocupantes de buena fe, perderían los propietarios en el mejor de los casos el 50% de su patrimonio; cuando no en su totalidad 3 millones de hectáreas saciarán la voracidad minifundista de ‘Timo’ como ‘cariñosamente’ lo llaman algunos ‘lamesuelas’ y sus secuaces, que es algo así (Dios nos ampare) como el tamaño completo, más otra mitad del departamento del Cesar.

‘Timo y Vanchis’ (lenguaje afectivo incluyente) obligaron al Gobierno, además, a formalizar 7 millones de hectáreas; cuando el 55% de los predios en el país tienen problemas de titulación, no encontraría el desprevenido lector objeción alguna. Se formalizará al poseedor, allí se cuelan las invasiones de tierras de décadas anteriores, donde ganaderos y agricultores perdieron sus predios a manos de la embestida violenta ordenada por FARC y ELN. Legalizar descaradamente las invasiones de tierras por ellos promovidas, estimulará la nueva invasión de tierras para ser luego formalizada, como está ocurriendo hoy en día en San Alberto Cesar, Carmen de Bolívar, Arjona Bolívar, El departamento del Cauca y los Llanos Orientales. Mientras el Gobierno improvisó en el tema de tierras, las FARC llevaban una sincronía perfecta con sus organizaciones sociales afines. La partitura que les otorgará la victoria absoluta en el mediano plazo está ya escrita; mientras tanto, los ciudadanos honestos del campo llorarán la expropiación de sus tierras y no tendrán voz que pida mejorar sus condiciones para hacerlas producir.

A todo lo anterior, súmele que serán elegidos por curules exclusivas, senadores, representantes, diputados y concejales y, aquellos que ordenaron asesinar a los tristemente recordados Diputados del Valle (para no tener que citar a medio país y a la otra mitad también) podrán lanzarse a Gobernaciones, Alcaldías y hasta a la Presidencia (calle esos ojos), y mientras eso pasa, los camioneros, campesinos, madres comunitarias, tenderos y demás, que tienen el legítimo derecho a la protesta, serán satanizados, empapelados y encarcelados.  Eso no va a pasar con los ‘señores’ de las FARC; y sí, en verdad, “todo está acordado”; no obstante, el NO también es una opción, soy un convencido de que, con la aprobación en el plebiscito, el Gobierno entrega el campo y el país ‘enteritico’ a las FARC, quienes a la postre han sido sus verdugos.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.