Bye bye Uribe de Washington

3 de abril del 2011

“Adiós Uribe” gana por W

No son más de veinte, casi todos muchachos. Estudiantes de pregrado y postgrado en su mayoría, algunos de ellos ahí mismo en Georgetown. Unos pocos tienen vínculos con Colombia, pero todos manejan minuciosas versiones de los alegatos ‘estándar’ que un sector de la izquierda ha esgrimido, desde siempre, contra Álvaro Uribe Vélez (ya se sabe: las convivir, el estado policial, el espíritu guerrerista, la retahíla completa). Los hay como Nico udu–Gama, que han vivido en San José de Apartado y conocen de primera mano la barbarie del conflicto interno que desgarra al país. Otros se han empapado de la compleja realidad nacional en las clases del profesor Mark W Chernik, del programa de Estudios Latinoamericanos de Georgetown, que se enfocan en temas como los derechos humanos, o la violencia. En un ecosistema como el de Georgetown, en donde la cercanía con las esferas de poder es un factor determinante, y se supone que se pasean los ejemplares que heredarán las posiciones de liderazgo en Estados Unidos y América Latina, son bichos raros, minoría casi absoluta. Sus vínculos, más que con los altos círculos políticos de Washington, son con una red variopinta de organizaciones sociales, activistas, centros de estudios liberales, y ONGs de derechos humanos. En una palabra, son lo que el ‘uribismo’ calificaría como mamertos.

Apenas se supo, por allá en agosto del 2010, que el expresidente colombiano había sido nombrado Educador Distinguido adscrito a la prestigiosa Escuela de Servicio Exterior, conformaron la coalición Adiós Uribe con el doble propósito de presionar a las autoridades de la universidad jesuita para que reversaran la decisión, e “informar a la comunidad de Georgetown sobre la otra verdad sobre la administración Uribe”. La primera jornada de protesta fue convocada para el 8 de septiembre, simultáneamente con el arribo del ex mandatario al campus.

Aquel día de verano acudieron al llamado más periodistas que protestantes. Los corresponsales de El Tiempo, Caracol, LaFM y Telesur, entre otros, se hicieron presentes en la ‘Plaza Roja’ de la universidad (sí, en Georgetown hay una Plaza Roja) para cubrir una manifestación que de otra forma habría pasado absolutamente desapercibida. Durante el acto central, uno de los integrantes de la coalición leyó un comunicado de prensa explicando el propósito del mitin, hubo palabras de una colombiana exilada en Washington y finalmente participó el profesor Mark Lance, director del Centro de Paz y Justicia de Georgetown, cuestionando que un mandatario que había calificado a Amnistía Internacional de “parásitos e idiotas útiles del terrorismo” fuera recibido en una institución que proclamaba que la justicia social “era uno de sus valores fundamentales”. Al lugar asistió, además, un grupo de estudiantes colombianos y venezolanos ‘uribistas’ que celebraban la decisión de Georgetown y desean expresar su apoyo al exmandatario. “Creo que es una gran adquisición para la universidad”, dijo uno de ellos.

Desde un principio, las directivas trataron el nombramiento de Uribe con una mezcla de sigilo y secretismo. Su vinculación no se hizo a través de los conductos regulares, sino utilizando la figura del Educador Distinguido, sin consultar el cuerpo de profesores ni tener que aplicar los criterios de selección habituales (como la exigencia de tener un doctorado). Más allá de un comunicado inicial, en el que el rector John DeGioia aseguraba que “tener a un líder global de su estatura aumentaría la importancia del trabajo académico de nuestros estudiantes”, mientras que Carol Lancaster, directora de la Escuela de Servicio Exterior, se congratulaba de que Uribe “hubiera escogido a Georgetown como el lugar desde el cual compartirá sus conocimientos e interactuará con Washington”, la política oficial fue de ‘no comments’.

No era la primera vez que aterrizaba en la universidad un peso pesado de la política con insuficientes credenciales académicas. En su momento, el expresidente del gobierno español José María Aznar también fue nombrado Educador Distinguido. Con el tiempo, Aznar se convirtió en la cabeza visible del Latin American Board, que opera como una especie de organismo independiente dentro de la Escuela de Negocios de Georgetown. Un rumor nunca confirmado apuntaba a una recomendación de Aznar como la razón por la cual DeGioia, el primer rector laico de la institución, se había decidido a incorporar a Álvaro Uribe. Confidencialmente, algunas personas sugieren que el expresidente español funge como el especialista en asuntos latinoamericanos para una administración que se ha propuesto fortalecer y expandir su impacto en la región, como parte de una política de internacionalización.

A partir de aquella primera manifestación, los miembros de la coalición Adiós Uribe se propusieron hacer presencia en todas las actividades que le programaran al exmandatario colombiano durante sus visitas a Georgetown. A pesar del bajo perfil que se le trató de dar a su presencia en el campus, los agitadores se las arreglaban para estar al tanto de sus movimientos. Por lo general, se apostaban en las afueras de los edificios en donde el ex presidente daba sus charlas, con pancartas, disfraces, y repartían panfletos informativos a los estudiantes que transitaban por la zona. Pero también consiguieron infiltrarse en sus charlas, como la del 13 de septiembre, en la que Nico udu–Gama confrontó a Uribe y fue arrestado por miembros de seguridad privada de la universidad, o la del 3 de noviembre, cuando la estudiante de derecho Charity Ryerson le entregó una citación judicial de una corte federal para que compareciera en calidad de testigo en el juicio a la Drummond Company por sus relaciones con grupos paramilitares.

Pero el activismo de Adiós Uribe no se limitaba a los mítines que convocaban regularmente, o las ‘clases paralelas’ que ofrecieron con representantes de las víctimas de la violencia colombiana y, en una ocasión, con la participación del periodista Hollman Morris. Adicionalmente, la coalición montó una página web y abrió una cuenta de Twitter mediante las cuales informaban sus actividades y se hacían eco de las voces de protesta que desde otros sectores se elevaban en contra del nombramiento de Uribe. A pesar del tamaño reducido de las manifestaciones, que de todas formas fueron tornándose más nutridas mientras avanzaba el semestre, la coalición se las arregló para producir un impacto considerable, generando menciones en la revista Newsweek y el Washington Times, además de los medios colombianos, que estuvieron pendientes de la historia en todo momento.

En el 2011, Georgetown redobló sus precauciones con la agenda del expresidente Álvaro Uribe. En vez de las charlas a clases enteras o conferencias magistrales, programaron encuentros casi furtivos con grupos reducidos de simpatizantes, en edificios alejados del campus principal. El miércoles anterior tuvo lugar el último de ellos, una cena en el Mortara Center programada para el final de la tarde a la que acudieron puntuales los miembros de la coalición Adiós Uribe. En esta ocasión, el despliegue de seguridad fue impresionante, con cinco patrullas, una van, y una decena de oficiales de seguridad que no permitieron el tránsito de peatones en los andenes contiguos al edificio.

De esta manera, casi que a escondidas, se termina la relación entre Georgetown y Álvaro Uribe Vélez. De acuerdo a Rob Mathis, miembro del equipo de comunicaciones de la institución, originalmente el contrato de vinculación con el expresidente colombiano era por un año. Así que, de no mediar algún cambio de última hora –advirtió– lo normal sería que no se renovara. La lectura de los hechos que hacen los integrantes de la coalición es muy diferente. “La universidad de Georgetown le dice “adiós” a Álvaro Uribe”, dice su último comunicado de prensa, fechado el 30 de marzo. “En un giro de regreso a sus valores jesuitas y su compromiso con la justicia social, la Universidad de Georgetown ha decidido no renovar su vinculación con su Educador Distinguido Álvaro Uribe Vélez. Esta decisión se produce luego de un año de intensa presión por parte de estudiantes, profesores, organizaciones de DDHH, y activistas colombianos”.

Adentro de la Unión

Felipe Lozano–Puche – @lozanopuche

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