* Advertencia

29 de agosto del 2011

La revelación de que la supuesta periodista colombiana de Al Jazeera que tuiteaba desde la cuenta @mpilargil en realidad no existía, suscita muchos interrogantes y pone de presente –una vez más– lo importante que es discriminar el ruido de la información en las redes sociales. Lo que de ninguna manera debería suceder es que los […]

La revelación de que la supuesta periodista colombiana de Al Jazeera que tuiteaba desde la cuenta @mpilargil en realidad no existía, suscita muchos interrogantes y pone de presente –una vez más– lo importante que es discriminar el ruido de la información en las redes sociales.

Lo que de ninguna manera debería suceder es que los usuarios nos limitemos o conformemos con la entendible reacción de rechazo hacia las personas que buscan engañar amparadas en las penumbras de las fronteras abiertas por los avances en las tecnologías de la información y las comunicaciones, o que optemos por satanizar a estas nuevas tecnologías porque abren las compuertas para farsantes como la falsa corresponsal en El Cairo.

En este caso, me parece, sería equivocado conformarse con culpar al (falso) mensajero, y totalmente injusto endilgarle la responsabilidad al medio.

Vale la pena recordar, por ejemplo, el caso de Jason Blair, un galardonado periodista del New York Times quien engañó una vez tras otra a sus editores y al público con historias plagiadas, inventadas, presuntamente escritas desde lugares en los que no había estado. O, en un caso más cercano a nuestra realidad nacional, la utilización por parte de los asesores del presidente Álvaro Uribe Vélez de los periodistas de la revista Semana como idiotas útiles dentro de su campaña de guerra sucia contra el poder judicial.

Esto para dejar en claro que la infalibilidad es una quimera y por lo tanto es demasiado ingenuo y muy poco realista exigirle a Twitter o a los blogs estándares de calidad que no cumplen ni siquiera los medios más tradicionales. ¿Hay información poco fiable en la blogósfera, hay fakes no identificados en Twitter? ¡Por supuesto! Esa descripción, me temo, aplicaría a una gran mayoría del contenido que puebla la red ¿Pero es que acaso alguien se cree letra por letra, por ejemplo, la información que se topa en El Tiempo, o las noticias que se transmiten por Fox News? Cada individuo tiene la responsabilidad de fabricarse su sistema de verificación, su red de confianza, que le permita distinguir lo que es más o menos veraz de las imposturas o las manipulaciones.

Ahora bien, si su sistema de verificación, su red de confianza, está compuesto por Ricardo Galán, o La W  Fin de Semana, o los periodistas que por docenas cayeron en el timo de @mpilargil, entonces es probable que usted también haya participado en el monumental engaño que durante seis meses se propagó desde su cuenta de Twitter. No es lo mismo que un ciudadano de ‘a pie’ peque de crédulo a que un veterano periodista haga lo mismo. Un periodista crédulo no es otra cosa que un profesional incompetente, y, por el efecto de la gente que lo considera una fuente creíble y seria de información, se convierte en un cómplice en la potencial propagación de un engaño.

En otras palabras, dirijamos mejor nuestra indignación hacia los periodistas que se dejaron meter los goles de @mpilargil que hacia la persona que estaba detrás de su cuenta de Twitter. La culpa de que el engaño se haya podido prolongar durante tanto tiempo es, sobre todo, de ellos. ‘maria del pilar gil’ era creíble porque Ricardo Galán, Gabriel de las Casas, Gonzalo Guillén, entre otros, le daban credibilidad.

Una de las moralejas de la historia de la corresponsal de Al Jazeera que nunca fue, es que seguimos cometiendo el error de creerle a los periodistas. Y está demostrado que en estas épocas ese es un lujo que no nos deberíamos dar.

Mi blog, adentro de la unión.

Mi twitter, @lozanopuche

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