Ahora o nunca: Transmilenio sin hollín

24 de febrero del 2018

La videocolumna de Diego Molano.

Ahora o nunca: Transmilenio sin hollín

En los próximos meses el Alcalde Peñalosa tiene que tomar una decisión de trascendental importancia para el futuro de la sostenibilidad de la ciudad; la renovación de la flota de transmilenio que estaría entre 1.350 y 1.450 buses.

A pesar de que ha debido renovarse desde el año 2011, se ha extendido la vida útil de la misma teniendo consecuencias nefastas para la calidad del servicio por problemas operativos y de mantenimiento, y por supuesto, para el deterioro de la calidad del aire de los bogotanos tanto en las calles como dentro de los mismos buses.

Ante las exigencias internacionales y nacionales de avanzar hacia una movilidad cada vez más limpia y el clamor de los ciudadanos de un mejor servicio, esta licitación no es menor. Allí se sentarán las bases para que, en la próxima década, Bogotá pueda tener la oportunidad de tener un sistema de transporte público con tecnologías limpias y renovables y no se quede atrapado en el pasado sufriendo combustibles contaminantes y tecnologías que pronto quedarán obsoletas.

Tres son las razones por las cuales el Alcalde Peñalosa debe tomar la decisión de asegurar que al año 2033, todo el sistema de transporte público de Bogotá sea cero emisiones.

La primera razón es para mejorar la calidad del aire que respiramos. A pesar de que Bogotá en promedio se tiene buena calidad del aire, es ya conocido que localidades como Kennedy, Puente Aranda y otras cercanas a troncales de Transmilenio tiene niveles intolerables. El transporte público de la ciudad contribuye con el 23% de la carga de material particulado contaminante de Bogotá. Ello tiene afectaciones en la salud de los niños y los adultos mayores principalmente. Para ser más gráficos, ese material particulado también es ese hollín que vemos a diario de color negro grasoso pintado sobre los andenes, separadores y vías. Este material está demostrado que es causante de cáncer y es uno de los agentes que tiene que ver más con el calentamiento global.

En Bogotá, el 10,5% (3.219) del total de las muertes que se presentan en la ciudad, son atribuidas a la contaminación del aire urbano, lo que generó costos estimados en $4,2 billones de pesos, equivalentes al 2,5% del PIB de la ciudad (año 2015).

El mayor impacto, según un reporte del Departamento Nacional de Planeación, es el de la contaminación del aire urbano que aportó el 75 por ciento de los gastos, con cerca de 15,4 billones de pesos. Estos gastos se asocian a unas 10.527 muertes y 67,8 millones de síntomas y enfermedades.

En segundo lugar, porque a nivel mundial se está dando un cambio tecnológico acelerado, ya se pronostica por los expertos que para el año 2025 todos los carros, taxis y buses serán alimentados con energía eléctrica. Las tecnologías de baterías de acumulación sumado a los nuevos modelos de vehículos eléctricos con autonomía de más de 300 km, ya están comenzando a prever un salto cualitativo en la movilidad y un cambio disruptivo que en pocos años, mostrará que ya no se producirán carros a gasolina y mucho menos a diesel.

Actualmente el costo comparado de los buses eléctricos es mayor que el de los alimentados con diesel, sin embargo, las inversiones que están haciendo compañías automotrices en tecnologías eléctricas está acelerando la disminución de su precio y garantizando que los costos de mantenimiento y operación sean mucho más reducidos que el diesel. En Lima tomaron una decisión política para que toda la nueva flota de sus buses fuera a gas. Varias ciudades en China y en los países nórdicos ya están implementando un transporte público totalmente limpio en sus emisiones.

La tercera razón es por la calidad del servicio. Transmilenio es una de las entidades peor calificadas, por la encuesta Bogotá Cómo Vamos, por su servicio, de hecho cayó en dos puntos su calificación entre el 2016 y el 2017. Los ciudadanos reclaman mejoras notorias en el servicio, mucho más cuándo sienten que el incremento del pasaje no se ve reflejado en nuevos buses.

Renovar la flota con buses más modernos, seguros y no contaminantes es una urgencia inaplazable.

Transmilenio y el Alcalde Peñalosa aseguran que el sistema está en quiebra y que los costos de tener buses eléctricos o a gas son muy elevados, sin contar que hay complicaciones operativas para implementarlo por parte de los operadores privados. Se han hecho pruebas con algunos buses eléctricos y también con los de gas, que al parecer no han sido satisfactorios para la empresa.

La movilidad eléctrica y cero emisiones es una realidad que llegó para quedarse y Bogotá no puede bajarse de ese bus. Si la nueva licitación, no considera estos nuevos estándares, vamos a perder nuevamente una década con una flota que va a tener un nivel altísimo de obsolescencia, mientras el mundo y sus ciudades va en una dirección totalmente contraria.

La ciudad debería ponerse como meta que al año 2033 todo su sistema de transporte público; Metro, Transmilenio, SITP y taxis sea cero emisiones. Eso quiere decir movilidad eléctrica. La propuesta sería que la licitación para la renovación de esta flota de Transmilenio se haga con una concesión a 15 años y con incentivos para que los nuevos operadores privados puedan hacer las inversiones y adopten estas tecnologías limpias en sus buses en este periodo de tiempo.

El mismo Ministerio de Ambiente acaba de enviarle una comunicación al Alcalde Peñalosa exhortándolo a que en la licitación de la renovación de los buses de Transmilenio permita que el 100% de la nueva flota sea con tecnologías de cero o bajas emisiones. Le recuerda que Bogotá puede ser ejemplo regional en el cumplimiento de estándares de material particulado para lograr mejorar la calidad de aire.

Los beneficios para la ciudad de adoptar masiva y progresivamente en Transmilenio tecnologías cero emisiones son múltiples; mejorará la calidad del aire de la ciudad y disminuirán costos de atención de salud por riesgos y enfermedades asociadas al ambiente. Otra de las ventajas es que la Empresa de Energía podría asumir un mayor liderazgo en la introducción y desarrollo de este nuevo mercado de servicios para la movilidad eléctrica, ello le permitirá ser más rentable y generar recursos que a la final, irán a parar a las arcas de la ciudad.

El tipo de buses de la nueva flota de Transmilenio para la próxima década, no puede ser una decisión de unos técnicos en un cuarto aislados de la realidad de la ciudad y del mundo. Todos los grupos interesados en la calidad del aire, las universidades, los jóvenes, el sector privado y los diferentes sectores políticos deberíamos movilizarnos para que en la licitación se incluya una flota que sea cero emisiones.

Esta no es una licitación cualquiera, es una que definirá qué tan sostenible será nuestra ciudad en los próximos 15 años, será una licitación que definirá qué aire respiraremos nosotros y nuestros hijos en las calles de esta ciudad. ¡Es ahora o nunca!

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