Al candidato uribista lo elegirá el CD o el uribismo

Al candidato uribista lo elegirá el CD o el uribismo

27 de octubre del 2017

Uribe dejó la presidencia siendo ícono de popularidad y con el 87% de Colombia pidiéndole un tercer período. Santos la dejará encarnando el desprestigio y con el 87% de Colombia pidiéndole que se vaya.

La diferencia es histórica: Uribe dejó una democracia fuerte y un país unido, estable, victorioso y seguro, mientras Santos deja una democracia pisoteada y un país polarizado, empobrecido, derrotado y con los criminales legislando.

Pero la gente no se acuerda, porque el raciocinio es manipulable y hay mucha plata para que se diga que Uribe es paraco, ultraderecha y asesino. Algunos ingratos y desmemoriados, incluso generales, corean los estribillos.

La palabra es un arma letal que hace más estragos que las balas. Impacta el cerebro y puede hacer que la víctima hasta agradezca ser victimizada, como el viejo feliz con el “te amo” de la jovencita que lo arruina; como la oficinista feliz por su “compromiso” con la empresa que le quita su hogar; como el soldado feliz, porque el tirano que lo usa lo llamó “valiente” y va orgulloso a matar y a que lo maten.

No seamos ingenuos. La justicia santista hubiera encerrado a Uribe de haber logrado sustentar una sola de la mil falacias en expedientes con testigos falsos.

Uribe no es un político corriente, su culpa es no pertenecer a la aristocracia criolla y dar ejemplo contra la corrupción y el clientelismo. Usó la violencia, sí, contra los violentos y en defensa de los débiles. Así limpió el país que estaba sucio de bombas, de guerrilla, de secuestro y muerte.

El uribismo no puede confundirse con un partido; es una filosofía de vida priorizada en la moral y los principios del Estado de derecho. Esto es lo que atrae a millones de colombianos y lo que exaspera a los contradictores, que no entienden de donde emana el poder de Uribe.

Los oportunistas lo rodearon con sus partidos y lo traicionaron al creerlo perdedor, pero su prestigio, más allá de la mezquindad electorera, lo mantiene al frente y vigente, con el pueblo esperando que decida con quien nos vamos, para salvar a Colombia.

Renuncio desde ya a la preinscripción que me pidieron para el Senado si en el CD se ofenden, pero 2018 es la última oportunidad para frenar a las FARC y el partido no puede incurrir en el error de creerse dueño del uribismo, inmensamente superior en número que sus carnetizados.

La necesidad de ganar es más urgente que nunca y sería absurdo incorporar intereses de política partidista en la elección de quien debe abanderar media Colombia contra las Farc. Si no es una elección seria, el riesgo de que no lo sigan es alto.

No oculto mi admiración por Iván Duque, injusta e incesantemente calumniado desde el CD, de quien puedo certificar que entusiasma en campos y ciudades y que llena de esperanza los ojos de la gente. Con un candidato que no logre lo que Duque logra, Colombia está perdida.

La encuesta y la escogencia deben hacerse por consulta abierta. En privado o Convención interna, Iván Duque no tiene opción de ser elegido por las maquinarias del CD y el uribismo, que es el que debe decidir, sería ignorado por el partido.

Muy peligroso.

Mario Javier Pacheco

www.mariojavierpacheco.com

@mariojpachecog

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