Premio Nobel para la paz

Premio Nobel para la paz

11 de octubre del 2016

La semana más dura en el ánimo de los colombianos fue la que siguió a la pérdida del Sí. La esperanza de una nación sin guerras ni violencia política para nuestros hijos y nietos parecía venirse abajo en medio del dolor que manifestaban entre llantos, los centenares de mujeres y hombres que creían en los Acuerdos de Paz recién firmados en medio de la solemnidad y la alegría desbordada en la emblemática ciudad Heroica de Cartagena,  entre el Presidente Santos y el ya ciudadano Rodrigo Londoño –Timochenko-, en representación de lo que eran las antiguas FARC-EP. Nadie parecía entender como un anhelo tan profundo y genuino por la reconciliación de la gran familia colombiana, podía desatar fuerzas que hubiesen sido capaces de derrotar el sueño anhelado de una sociedad sin emboscadas, sin centenares de muertos de las FF.AA, de la guerrilla y del sufrido pueblo, el más indefenso en medio de la desbordada  guerra.

El Presidente Santos habló a la nación y consciente de su profunda responsabilidad, sin atenuar el golpe recibido, convocó a todos los ciudadanos a seguir trabajando por el logro supremo y definitivo de la Paz. Y cerró así su dramática intervención llamando a “Perseverar, perseverar y perseverar” en estos esfuerzos. Hay que decir que nunca, hasta donde tenemos conocimiento, había brillado tan alto un Estadista como el Presidente Santos. Consciente como era, que las fuerzas políticas representativas de los terratenientes habían decidido cerrarle el paso a esa Colombia nueva, que se aprestaba a través de los Acuerdos de Paz a saldar en parte la vieja deuda con los campesinos de Colombia, al firmar lo que se llama la Reforma Rural Integral (RRI), al entregar 3.000.000 de hectáreas baldías para los pobres del campo.

Los intereses terrateniente liderados por el Senador Álvaro Uribe Vélez, es la verdadera fuerza ganadora del No. La que con todas las triquiñuelas y delitos electorales expresados en mentiras intencionalmente dirigidas a los sectores más pobres de las ciudades, exacerbando  con falsedades  sus miedos a la   perdida de reivindicaciones sociales ya alcanzadas y consolidadas. Claridad que se evidenció  en el comportamiento electoral: En los  barrios de estratos sociales cuatro, cinco y seis  ganó el SI, en cambio en los barrios de los estratos tres, dos y uno ganó contundentemente el NO, los sectores más manipulables por el miedo, unido al rencor y la indignación como bien el presidente de su campaña  del NO orgullosamente lo expresaba. Así  con una larga cohorte de falacias, había logrado arrinconar al Presidente Santos que esperaba un respaldo  contundente del SI.

De este modo, pasó por nuestras memorias el rayo clarificador de la historia, recordándonos cuando esas mismas fuerzas terratenientes llevaron a la derrota al gobierno progresista con marcado énfasis social  de la “Revolución en Marcha” de Alfonso López Pumarejo, obligándolo a renunciar a la primera magistratura de la nación, para sumirla posteriormente  en un baño de sangre que se originó desde el asesinato del caudillo popular Jorge Eliecer Gaitán, dándose  inicio  acelerado de la  descomposición del campo, que llevaban a la separación del campesino de la tierra y por consiguiente la consolidación del latifundio. Y también recordamos la célebre encerrona contra la Reforma Agraria de Carlos Lleras Restrepo, cuando los sectores políticos terratenientes,  enemigos de ella, la enterraron  en el famoso pacto de Chicoral, lanzando a los campesinos pobres y colonos a los brazos del narcotráfico, como bien lo sustenta la economista Ana María Ibáñez, ex. Decana de la facultad de economía de la Universidad  de Los Andes.

Lo que querían y buscaban afanosamente los dirigentes del No era presionar al Presidente Santos a su renuncia, con confusas galimatías, reclamándose verdaderos líderes de la Paz. Actuaban siguiendo esa máxima volteriana “Si no puedes ganarle a tu contrario, confúndelo con engaños y mentiras” y eso era precisamente lo que hacían. En medio de este dolor y confusión,  la Comunidad Internacional presidida por el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, quien no había ahorrado un solo gesto y esfuerzo de respaldo al proceso de Paz,  quien en bloque había asistido como garante a la firma de los Acuerdos, el mismo  que no salía de su asombro y buscaba elementos que le permitiera entender la esquizofrénica postura de la sociedad colombiana, mientras tanto las fuerzas insurgentes que ya buscaban su nuevo nombre para entrar a la arena política, hacían ingentes esfuerzos con los Comisionados de Paz para salvar el frágil  proceso de Paz.

Pero Dios en su infinita bondad para con este pueblo sacrificado,  en la madrugada del 7 de octubre le tenía reservado a Colombia un sitio inexpugnable para la Paz y la  reconciliación, al concederle al Presidente Juan Manuel Santos en nombre de las millones de víctimas de esta cruel guerra fratricida, el Premio Nobel de la Paz. En esta forma, el Comité del Nobel le entregaba al Presidente Santos toda su fuerza moral como signo inequívoco de apoyo en la gesta por mantener el cese al fuego y perseverar hasta las últimas consecuencias por conducir la Paz a puerto seguro y definitivo.

La respuesta en el país no se hizo esperar. Centenares de jóvenes inundaron las calles y plaza de Bolívar en una clamoroso manifestación que recordaba la Marcha del Silencio que realizó Gaitán, días antes de su asesinato, pidiéndole al presidente de turno Mariano Ospina Pérez que no permitiera la guerra y condujera nuestra nación hasta el puerto de la Paz y  Reconciliación Nacional.  Hoy el Presidente Santos y el Comandante Timochenko tienen la última palabra con la que los recordaran todas las generaciones futuras de haber conducido por fin, a la sociedad colombiana al espacio vigente de la política, las ideas y los argumentos, para nunca jamás volver a la guerra generadora de toda la violencia que hoy se esparce peligrosamente por el mundo y desgarra el corazón de  hombres y mujeres de buena voluntad.

Presidente Santos,  millones de colombianos lo acompañamos en este esfuerzo. Juntos vamos a ser capaces de derrotar la falacia y la mentira con la que engañaron a las gentes humildes de Colombia y juntos también, vamos a ser capaces de logar la urgente Reforma Rural Integral (R.R.I.) que entregará, por fin, a los millones de campesinos desterrados del campo, la tierra baldía y la tierra en extinción de dominio de los narcotraficantes, que tanta tragedia han causado a lo largo y ancho de nuestra geografía. Cuente con su pueblo Presidente! Hoy que la mentira está develada y usted es el líder mundial para salvar a Colombia de las garras de la guerra, de la mentira y la violencia.

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