¿Por qué soy Uribista?

10 de septiembre del 2013

Un amigo me insiste que no piense en la política. Que durante décadas las cosas han sido así y no cambiarán. No puedo estar de acuerdo con mi amigo, las cosas no han sido siempre así. Durante ocho años vimos que existía la posibilidad de disfrutar de las maravillas de nuestro país y de nuestras […]

Un amigo me insiste que no piense en la política. Que durante décadas las cosas han sido así y no cambiarán.

No puedo estar de acuerdo con mi amigo, las cosas no han sido siempre así. Durante ocho años vimos que existía la posibilidad de disfrutar de las maravillas de nuestro país y de nuestras gentes sin criminales al acecho y aun conservo la esperanza de que podremos recuperar el rumbo y alcanzar un país libre y próspero para nuestros hijos y para las generaciones futuras. Pero también quiero disfrutar de él muy pronto en familia y con los amigos, viendo a los colombianos desarrollando lo mejor de cada uno con la alegría y el entusiasmo que sólo se logra con seguridad y justicia en todos los campos. Y por eso soy uribista.

Desde hace más de una década a quienes apreciamos a Álvaro Uribe nos han querido hacer sentir culpables. Consideran algunos que calificar de uribista a fulano o a mengano es una grave acusación.

En una ocasión el fallecido periodista D’Artagnan me dijo que yo era el único artista uribista que conocía y ya se me miraba con recelo en mi círculo de amigos -con los que era muy frecuente caer en inútiles discusiones que corroían los lazos de amistad-. Para esa época no me consideraba uribista. La confianza y tranquilidad que sentía al saber que Álvaro Uribe dirigía los destinos del país no me hacía un militante de algo que de todas maneras no existía como tal. Y así fue durante los ocho años de su gobierno.

Cuando buscábamos una nueva reelección, un crítico de arte me dijo que si era reelegido Uribe se iría del país. Le repliqué que si no se le reelegía sería para empacar e irnos. El tiempo ha confirmado mi pronóstico funesto que basaba en algo muy simple: sin reelección se abriría la rendija por la que se podía colar cualquier oportunista que nos llevaría por una oscura senda -tal y como ocurrió para desgracia del país-.

De paramilitares, ultraderechistas, fascistas, asesinos y de lo que sea nos han tachado a los uribistas algunos políticos, periodistas, jueces, magistrados y hasta el presidente haciéndoles el juego a quienes quieren quedarse con el país y nos tienen en la mira porque saben muy bien que el único que ha sido capaz de enfrentarlos es Álvaro Uribe. Con su liderazgo ha sabido movilizar a los colombianos devolviéndonos la fe y la esperanza.

Y si así nos tratan qué decir de la despiadada persecución emprendida contra Álvaro Uribe. No han bastado los atentados de los que milagrosamente ha salido ileso sino que también se han permitido reescribir la historia del país para enlodar su nombre como recientemente lo hizo un magistrado de Medellín. La mentira y la calumnia ha sido un arma devastadora a la que han acudido insistentemente sus enemigos.

Para no caer en la trampa de la maledicencia podemos leer No hay causa perdida, la autobiografía de Álvaro Uribe que es el testimonio de una vida admirable que debería apelar a la dignidad de un silencio respetuoso por parte de sus detractores. O también escucharlo en las entrevistas que concede con frecuencia en las que sobresale su inteligencia, claridad y contundencia en la argumentación, agudeza en el juicio crítico y en el análisis, con un tono de voz que genera un acercamiento con quienes lo escuchamos. Lo vemos en nuestra orilla, como un colombiano más que presencia las torpezas de un mal gobierno y que sufre al ver como se nos escapa la posibilidad de un país mejor.

Muchos pueden sentirse identificados con este personaje que conoce cada rincón del país y es solidario con el dolor de sus gentes. Algunas veces al escucharlo se nos ponen los pelos de punta cuando nos hace ver que lo que está ocurriendo en el país es de extremada gravedad, pero no hay que olvidar que sus constantes críticas han desacelerado la caída al abismo.

Lo han querido mostrar como un ave de mal agüero cuando, muy al contrario, siempre está proponiendo caminos en los que el esfuerzo y el trabajo son quienes harán posible un país próspero y en paz.

¿Por qué soy uribista? Porque mi admiración y gratitud hacía Álvaro Uribe nunca han sido defraudadas sino que han ido acrecentándose con el tiempo. Considero que su guía es esencial en este momento para hacer realidad lo que vislumbramos en la pequeña luz de esperanza que subsiste entre tanta oscuridad.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO