Árboles

21 de marzo del 2019

Opinión de Juan Pablo Camacho

Árboles

La tala de árboles ha sido un tema recurrente en la opinión pública durante los últimos meses, puesto que ha visto cómo la Administración Distrital los tumba. Especialmente, alrededor de los parques con el propósito de evitar la sombra en los mismos para que exista más actividad y por ende, un entorno más vivo y un espacio público mejor utilizado.

Por su parte, la Alcaldía dice que por cada árbol que se tala se están sembrando ocho, para un total de 218 mil en los últimos tres años, y que la mayoría de los que tumban no son especies endémicas o están en peligro de caerse. Cabe recordar que el 70% del suelo de Bogotá es rural, sin embargo, la mayoría de este pulmón queda en la periferia de la ciudad y no alcanza a absorber la emisión de gases que causa contaminación y nos ha mantenido en alerta amarilla en días pasados.

Estamos emitiendo el doble de partículas contaminantes del máximo sugerido por la OMS, lo cual causa más de 2.000 muertes al año por enfermedades respiratorias en Bogotá. Es decir que muere más gente por contaminación en la ciudad que por violencia en Colombia; lo que indudablemente se convierte en un problema de salud pública asociado al cuidado medioambiental. Asimismo, los estándares internacionales hablan de 1 árbol por cada 3 habitantes y en Bogotá, tenemos 1 por cada 7, es decir que estamos en un déficit del 133%.  Si se mantiene el ritmo de 70.000 siembras al año, tardaríamos 20 años en llegar al número sugerido y el problema se agudizaría como consecuencia del crecimiento poblacional. Por lo anterior, debemos triplicar el esfuerzo y sembrar 700 árboles diarios.

De esta manera, una de las obligaciones que debe incluir el Plan de Ordenamiento Territorial- POT es la referente a que las construcciones privadas tengan mínimo el 30% de su área cubierta por jardines verticales, con el objetivo de mitigar el impacto de las emisiones y avanzar en temas de sostenibilidad vitales para la ciudad. De hecho, ya contamos con el jardín vertical más grande del mundo en Bogotá, este edificio comprende 115.000 plantas que absorben la huella de carbono de 700 personas al año, si replicamos ese modelo en todas las edificaciones nuevas, seguramente habremos avanzado muchísimo como ciudad verde. Sin olvidar que resulta urgente empezar de aquí a 2040, la transición hacia vehículos eléctricos que ya son una realidad aprobada por el Concejo de Bogotá en los Acuerdos 422 y 441 de 2018, y la correspondiente inversión en infraestructura y tecnología que esto implica.

Es importante destacar que los proyectos que se incluyan en materia ambiental tendrán que estar directamente relacionados con los planes de urbanismo, un componente inherente a programas de desarrollo que planifiquen integralmente un territorio tan complejo como Bogotá. En nuestra ciudad, hay 6 metros cuadrados de espacio público por habitante cuando se recomienda un mínimo de 15 metros cuadrados y en cuanto al espacio verde el déficit es del 60%, ya que solo contamos con 4 metros cuadrados por habitante cuando deberían ser 10. Estas cifras demuestran que es fundamental que las nuevas urbanizaciones para el crecimiento de la ciudad tengan como reglamentación no solo árboles y jardines verticales, sino también vastas extensiones de espacio público y de espacio público verde.

La responsabilidad frente a la construcción de una ciudad amigable con el ambiente y sustentable en todos los aspectos, tiene que ser colectiva y constante. No es posible desligar los avances en infraestructura y la preservación de los ecosistemas, la Bogotá futura con la que todos soñamos debe estar en la capacidad de armonizar estos dos ejes y de convertir sus recursos en motores de desarrollo. Finalmente, es posible afirmar que tomar conciencia sobre estas problemáticas y liderar acciones que contribuyan a solucionarlas, podrían otorgarle un plus a Bogotá como una ciudad innovadora, productiva y capaz de responder a retos como los que imponen los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030.

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