Paz y coca

Paz y coca

7 de Marzo del 2017

Quienes creemos que la paz es un resultado y no un objetivo, pensamos que el proceso de paz no puede separarse de la lucha contra el narcotráfico. Por ello, la publicación del reciente informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos sobre la situación de los cultivos de hoja de coca, confirma la fragilidad de la estrategia de Santos. En marzo del 2016, la Casa Blanca reconocía que el área cultivada era de 159,000 hectáreas. Hoy se acepta que superan las 200,000 hectáreas. En términos de producción, de 642 toneladas producidas de cocaína en el 2015 podríamos estar hoy por encima de las 1200 toneladas.

Las Farc han ratificado que su compromiso en el acuerdo sólo implica colaborar con la erradicación de cultivos pero que la responsabilidad de la política anti-drogas- que ellos no comparten- es del gobierno.

Santos, obsesionado por la firma de su proceso, accedió a suspender la fumigación aérea y luego neutralizó todo esfuerzo de la lucha en el terreno para evitar un posible conflicto con la guerrilla.

El resultado era previsible y Colombia recuperó el papel como primer proveedor mundial de cocaína. Los años de lucha contra este flagelo se perdieron totalmente y el país, de nuevo, enfrenta la peor amenaza para su estabilidad política e institucional.

Porque la paz es un resultado de la justicia, la legitimidad institucional y la seguridad, el aumento de los cultivos confirma que estaríamos entrando en un escenario de crisis, con aumento de la violencia y todos los demás peligros asociados con la explosión del fenómeno del narcotráfico. La paz no se acerca sino que se aleja pues el entramado de intereses delictivos entre la mafia y la guerrilla es demasiado denso para poder ser neutralizado por un Estado que no le asigna la prioridad debida. Así exista buena voluntad de una parte de la guerrilla por jugarle limpio al país, los recursos ilegales que están en juego son tan colosales y atractivos que es imposible que muchos no se sientan tentados por continuar en el negocio.

Todo esto era previsible y, a pesar de ello, el gobierno no tomó medidas al respecto. La estrategia anti- drogas del país quedó en suspenso mientras se vendía, a nivel internacional, la idea de que la paz era la mejor inversión, reduciría la violencia y el narcotráfico. Nada de eso parece confirmarse. Por el contrario las sombras cada vez son más claras.

Los Estados Unidos ya saben lo que está sucediendo. Los colombianos en cambio permanecen adormecidos por un prensa enmermelada que sigue sin querer confrontar al gobierno que la alimenta con pauta.

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Miguel Gómez Martínez

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