El Cambio Climático y los fenómenos extremos

24 de noviembre del 2010

Espero no equivocarme al decir que en los últimos años la humanidad se ha concientizado del impacto que tienen las acciones del hombre sobre la tierra. El tema ambiental ha pasado a formar parte de la política internacional, ha sido incluido en las propuestas de gobierno de algunos candidatos a la presidencia de países latinoamericanos y europeos y se ha tomado portadas de revistas reconocidas internacionalmente como The Economist, revista que dedicó su última edición a los pulmones del mundo, los bosques.

El pasado 7 de agosto fue para los ambientalistas del país reconfortante escuchar hablar al presidente Santos sobre la importancia de estar en armonía con la naturaleza, de cuidar nuestras tierras y nuestra riqueza hídrica, de respetar la naturaleza; del compromiso del Gobierno de incluir la tierra, agua, naturaleza y el buen gobierno como parte integral de la nueva administración.

Colombia es un país megadiverso. Nuestro territorio alberga al 10% de la biodiversidad del planeta; se cuenta con innumerables fuentes de agua, gran variedad de ecosistemas, que de no ser administrados correctamente pueden desaparecer. A lo largo de la historia civilizaciones completas han sucumbido por sobreexplotar sus recursos naturales, como los Mayas, los habitantes de la Isla de Pascua. Es nuestro deber asegurar la conservación y protección de nuestro medio ambiente, por nuestro bien y el de toda la humanidad, como dijo el Presidente Santos, “a nuestros niños les debemos también la obligación de velar, con responsabilidad, por la preservación de nuestro medio ambiente y por el futuro de nuestro planeta.”

El mes pasado el reconocido ambientalista, Lester Brown, nos demostró lo cerca que estamos del abismo y lo vulnerables que somos frente al cambio climático. Este año el verano fue excepcionalmente caliente y sus consecuencias no podían diferir más entre ellas, por un lado en Rusia dos millones de hectáreas fueron devastadas por los incendios y con estas una tercera parte de sus cultivos, impactando no solo al medio ambiente, también a la sociedad y a la economía: la tasa de mortalidad del mes de julio se duplicó, miles de campesinos perdieron sus viviendas y sus cultivos, los precios de los granos aumentaron, afectando la economía del país.

Por el otro lado una quinta parte de Pakistán quedo bajo el agua, debido no únicamente a las torrenciales lluvias como se suele creer, las inundaciones también son el resultado del deshielo de los glaciares por las altas temperaturas y por la alteración del ciclo natural del agua debido a la deforestación y el sobrepastoreo. Más de 20 millones de personas han sido afectadas por este desastre natural.

Pero no es necesario irnos tan lejos para observar las consecuencias de estos fenómenos naturales extremos. El fenómeno del Niño de los pasados meses nos demostró lo vulnerable que es nuestro país ante el cambio climático y la importancia de cuidar nuestros bosques y páramos que son fuente de agua. Es de reconocer que los acueductos que no presentaron problemas de abastecimiento fueron aquellos cuyas cuencas se encuentran en buen estado de conservación.

Actualmente estamos frente a un fenómeno de la Niña. En este mes de noviembre ha llovido en quince días más que lo de dos meses juntos;  las lluvias han generado el cierre de diversas carreteras, el desbordamiento de ríos, la inundación de centros poblados y de áreas de cultivo con sus catastróficas consecuencias. También, la degradación del medio ambiente y la deforestación impiden que la tierra absorba el agua y los cauces de ríos y quebradas llevan agua con barro, imposible de tratar. Esta es la paradoja, agua en abundancia y acueductos sin agua. Más de un millón de personas están damnificadas ni qué decir de las incalculables pérdidas económicas.

Ya no hay que hablar de fenómenos de la Niña y El Niño; hay que hablar de Calentamiento Global y sus efectos visibles y negativos, los cuales son la respuesta del planeta a la sobreexplotación de los mares, la deforestación, la sobrepoblación y su consumismo, la agricultura intensiva, la dependencia en los combustibles fósiles, la creación de compuestos químicos altamente contaminantes, la falta de planificación urbana.

Todas las repercusiones que están teniendo estos efectos extremos sobre nosotros nos demuestran que no estamos haciendo lo suficiente por salvar el planeta, que al final es luchar por salvarnos a nosotros mismos. Hay que salvar la civilización y por lo tanto, el control demográfico, el uso de fuentes limpias de energía, la eficiencia en el manejo de recursos son los elementos básicos para este propósito.

Para finalizar no podemos olvidar las palabras de J.J Audabon, reconocido naturalista, “el mundo no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”.

Finalmente, Amigo Lector: ¿usted qué está haciendo por el planeta?

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