Peñalosa “arrebatao”

Peñalosa “arrebatao”

6 de septiembre del 2016

A los ojos de algunos sectores ciudadanos y especialmente de quienes lo caricaturizan en radio, el alcalde Enrique Peñalosa es un viejo gomelo (o gomelo viejo), que habla todavía como los muchachos “bien” de la alta sociedad bogotana.

Los sectores populares que hoy reciben su visita se encuentran con un gigantón simpático (1.95 de estatura, 62 años) , capaz de bailar con ancianas, hacer bromas con habitantes de la calle, cargar niños mocosos, y otras acciones para la foto en campaña política, pero no en el ejercicio del alto cargo.

Peñalosa es así, descomplicado, nada formal, espontáneo. Por eso no me sorprendió la vez que en la cabina de Todelar se paró en la cabeza, como lo conoció Gilma Jimenez (qepd) la vez que fue a cumplirle una cita en su calidad de jefe de planeación de Cundinamarca, en los inicios de su carrera pública.

Peñalosa no necesita mucho espacio para asumir esa posición y relajarse un poco, sin temer por los estragos que podría causar si le falla el equilibrio, porque nunca se ha caído haciéndolo. Algún día  le pasará, seguramente, y ya se pueden imaginar los estragos del derrumbe de esa mole.

El fin de semana anterior, Peñalosa anunció ante un grupo de ancianos que incluirá otros 200 mil millones de pesos en el presupuesto para atender la llamada tercera edad.

Los viejitos bailaron de la dicha y Peñalosa se sumó al jolgorio y hasta bailó arrebatao, con música que en directo interpretó el periodista José Fernando Porras (Voz de Bogotá) , quien tampoco se demora mucho en improvisar.

La solemnidad convencional de quienes ocupan un alto cargo (la alcaldía de Bogotá es el segundo a nivel nacional) nada tiene que ver con el desparpajo natural de Peñalosa, que es natural, no una pose.

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