BEMOLES – ¿Shostakovich desplaza a Bach?

11 de enero del 2011

Mi compromiso con la revista KIENYKE se está complicando, pues con la actividad del festival de Cartagena, con tres conciertos por jornada, el asunto se pone peliagudo, por lo tanto me tocará escoger lo que más me gustó, que como en todas las cosas del arte es una visión particular. Entonces podré escribir en desorden, como hago con mis apuntes personales.

Primera sorpresa: que al público del teatro Heredia le haya llegado la música de Shostakovich, a través del pianista sudafricano Anton Nel, un hombre sencillo con quien tuve oportunidad de conversar unos minutos. Prefiere la música de cámara que actuar como solista. Ya lo habíamos oído el primer día en el trío de Haydn,  reseñado anteriormente. Actuó como solista del concierto para piano No.1 op 35 escrito por este ruso genial en 1933. Es música  diferente, que podríamos llamar contemporánea y por eso mi sorpresa cuando Nel acompañado por el director de la orquesta de cámara de Londres, Stephen Layton -muy coloradito por el sol caribeño-, y por el adusto trompetista Nicholas Bett quien tiene un papel destacado en esta obra, salieron varias veces al escenario para recibir el reconocimiento del público. La actuación del pianista, sobresaliente. Toca tranquilo, sin despeinarse y no perdió una nota de las tantas semifusas que tiene la partitura en el último movimiento, con una digitación endiablada que dejaría en el camino a más de un pianista.

Segunda sorpresa: la violinista Serena Canin, quien ocupa el segundo atril del cuarteto Brentano salió muy bien librada con la interpretación de la partita de Bach para violín solo No.3. Un trabajo serio y difícil con la limpieza que no tuvo su compañero Steimberg (primer violín del mismo cuarteto) la víspera con la sonata No.2. Seguí la partitura y creo que no le faltó ninguna de las difíciles dobles cuerdas de varios movimientos.

Fantasma: el trío opus 70 No. 1 de Beethoven, tiene ese sobrenombre. Pues el trémolo (de donde se dice deriva su apelativo) de la pianista Cheng en el segundo movimiento casi hace aparecer el fantasma del compositor en la capilla del Santa Teresa. Qué maravillosa interpretación de la rubia Vahala y el chelista Hoffman, que aún no habían podido demostrar completamente sus calidades de grandes intérpretes de la música de cámara. Los bajos del chelo “Amati”, 1662, daban una sensación alucinante también digna del gran sordo y sus dúos y diálogos con la violinista para ser seleccionados entre lo mejor del festival. De quitarse el sombrero.

En la presentación de la orquesta inglesa dos contrastes. El aplauso de cortesía en uno de los conciertos “grossos” de Händel y la ovación después de la taquillera serenata de cuerdas opus 48 de Tchaicovski, en la que sobresalieron los “pianísimo” de algunos movimientos, incluido el “diminuendo”  final en el vals.

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