Los bicitaxis me gustan…sí pero

Los bicitaxis me gustan…sí pero

2 de septiembre del 2016

En febrero de este año el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa dijo que le gustaban los bicitaxis. También dijo que el día que el Ministerio de Transporte reglamente el servicio ayudará a organizarlos.

De esas cosas, yo no sé mucho, pero entiendo que la reglamentación y regularización de ese servicio de transporte depende de las alcaldías. Ahí de entrada veo problemas. Es que “las autoridades”, “el ministerio”, “la alcaldía” o la “secretaría de movilidad”, no reglamentan ni legalizan nada. Esos son entidades, empresas públicas que existen en papeles. Quienes trabajan en ellas son seres humanos como usted y como yo: con cédula de ciudadanía, familias, hogares, deudas, sueños, emociones… Mejor dicho, todas esas cosas que nos hacen personas, no simplemente anónimos funcionarios que trabajan en una entidad pública. Así que quienes toman la decisión de reglamentar, legalizar o prohibir el funcionamiento de los bicitaxis es una persona o un grupo de personas de carne y hueso.

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El problema radica en que nadie se ha atrevido a darle forma a este mal llamado medio de transporte.

¿Hay control para los conductores de bicitaxis?

Estos aparatos que al principio eran máquinas de pedal, ahora tienen motor, y cada vez son más grandes y potentes. Los bicitaxistas no tienen pases de conducción, sin embargo, transportan personas y utilizan las vías públicas. ¿Se imaginan un taxi amarillo, una buseta o un bus, en el que el conductor no tiene pase? O peor, ¿sin una clases de conducción?

Esa es la realidad. Eso aparatos enclenques y precarios andan por andenes, calles, ciclorrutas, hasta por puentes peatonales, atropellando gente sin ningún control. Muchos de los conductores parecieran que ni 18 años tienen. Los he visto andando en contravía, hablando por el celular que tienen en una mano mientras manejan la cicla con la otra, cuando no con un equipo de sonido que emite lo último del reggaetón a todo volumen. Los he visto corriendo para llegar más rápido al descenso del puente peatonal para conseguir pasajeros, como en las mejores épocas de la guerra del centavo.

Por las noches van por calles y andenes sin luces, la mayoría sin reflectores, con sus conductores sin casco (¡ni uno solo!), cuando por lo menos por ley todo ciclista o motociclista debe usar uno. Los pasajeros van apeñuscados en unas banquitas que apenas aguantan dos de las cuatro letras donde se sientan y en algunos llevan hasta cuatro pasajeros en tremenda incomodidad y sin ningún tipo de seguridad pues no tienen de qué agarrarse mientras andan a 40 o más kilómetros por hora.

No están legalizados, pero tienen sus asociaciones, hasta con registro de Cámara de Comercio. Nunca he visto a una autoridad de tránsito o policía o un funcionario de cualquier institución del Distrito que se haya preocupado por este tema. Nadie se ha atrevido a decir que se reglamentará o se prohibirá. Como me decía alguien de la administración distrital, “es que ese tema es muy complicado por el tema social”. Ah, bueno, entonces no hagamos nada.

Pero esos seres humanos que son los toman o no decisiones, personas como usted y yo, serán los responsables de los accidentes que provocan y han provocado, dejando personas lesionadas y por lo menos una persona muerta. No es un ente que no puede decidir y actuar, son los seres humanos que hacen parte de ellas, que deben tener esto en sus conciencias.

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