¿Bogotá pulmón verde?

24 de enero del 2019

Opinión de Jorge Torres

¿Bogotá pulmón verde?

Cada vez que un ciudadano levanta la mirada hacia el oriente, se encuentra con el paisaje que custodia Bogotá, la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental que se levanta imponente, ofreciendo no solo belleza escénica, sino una gran cantidad de beneficios ambientales, que van desde limpiar nuestro aire hasta albergar flora y fauna características de la región. Esta reserva une el complejo de páramos de Chingaza y Sumapaz, creando conectividad ecológica entre estos dos Parques Naturales.

Lo que la mayoría de las personas desconoce es todo lo que ha tenido que sufrir esta porción de territorio para que su valor ambiental sea apreciado. Desde su declaración en 1976, la reserva ha presentado graves problemas con respecto a actividades como explotación minera, urbanización ilegal, tala de la vegetación e incendios forestales; y no fue sino hasta 2013, por medio de un fallo del Consejo de Estado, que las entidades ambientales a cargo de su administración prendieron las alertas e hicieron algo con respecto al abandono que había sufrido durante casi 40 años.

A pesar de esto, en los cerros se siguen presentando actividades clandestinas que ponen en riesgo a la reserva. Actualmente existen 19 procesos sancionatorios que adelanta la CAR por construcción indebida dentro de la reserva forestal, entre ellos el conocido caso de Bagazal, donde la autoridad ambiental tendrá que invertir 1.000 millones de pesos para la demolición de una estructura ilegal. Además, en agosto del año pasado, habitantes del sector conocido como Bosque de los Alpes, en la localidad de San Cristóbal, prendieron las alarmas por talas ilegales y apertura de caminos para la presunta ejecución del Plan Parcial El Tablón, por lo que realizamos una visita junto con las autoridades ambientales y administrativas, constatando la irregularidad de las actividades adelantadas en la zona, lo que permitió iniciar un proceso sancionatorio por parte de la Secretaría Distrital de Ambiente.

Pero no solo la urbanización ilegal pone en riesgo el patrimonio ambiental que constituye la Reserva Forestal, los incendios forestales reviven su protagonismo en esta época del año, más aún con el fenómeno del niño al acecho. Y es que los lamentables antecedentes existen; en febrero de 2016 se presentó un incendio de grandes magnitudes que arrasó con cerca de 18 hectáreas de vegetación en los cerros y por el cual debieron ser evacuadas cientos de personas debido a que el humo y las cenizas se esparcieron en varios sectores de la ciudad.

Ahora, en lo corrido de este año, con corte a 20 de enero, se han presentado 121 casos de incendios forestales en toda la ciudad, que han consumido 19 hectáreas de áreas verdes; dos de estos ocurrieron en el sector de Bosque de los Alpes, el primero el 4 de enero y nuevamente el 19, en el mismo lugar. Como señalé antes, ya habíamos realizado la denuncia por actividades ilícitas, particularmente en este sector, y posteriormente alertamos a la Secretaría Distrital de Ambiente acerca de la susceptibilidad de esta zona a incendios forestales. Es así que, como si fuera una crónica de un incendio anunciado, el fuego acabó con casi 3 hectáreas de vegetación, incluyendo frailejones en lugares donde incluso había procesos de regeneración natural nativa.

¿Y qué está haciendo la Administración Distrital? En el presupuesto de este año se destinaron más de 223 mil millones de pesos para la adecuación y construcción del sendero panorámico, el cual aún no cuenta con permisos de las autoridades ambientales para su construcción. Una cifra casi diez veces mayor a lo destinado para el cumplimiento del Plan de Manejo de la Reserva Forestal Bosque Oriental de Bogotá.

En cuanto a los incendios, las medidas están encaminadas al manejo y control del fuego, pero no contamos con actividades de prevención y de manejo posteriores, ya que las zonas que han sido expuestas al fuego tienen una alta vulnerabilidad a nuevos focos. Asimismo, aún no hay investigaciones en cuanto a la reacción de especies nativas de los cerros a los incendios, protocolos de eliminación de materiales combustibles como las acículas y los conos de los pinos, sustitución de especies como el eucalipto o el retamo espinoso que contribuyen a propagar el fuego y mecanismos de educación ambiental que nos enseñen las prácticas que debemos evitar para que no se presenten incendios forestales.

Y pese a que la gestión de la administración en este tema no es suficiente, la responsabilidad de cada ciudadano con nuestros cerros orientales cada vez debe ser más grande. Por eso hago un llamado a los bogotanos para que prevengamos la destrucción de los cerros y le digamos NO a las fogatas en sectores boscosos, NO a la quema y disposición de basuras en los cerros orientales, NO a las quemas agrícolas y NO al ingreso clandestino a la Reserva Forestal. Cada ciudadano es un vigía y la denuncia puede ayudarnos a concretar acciones que salven nuestros ecosistemas. Cuidemos entre todos nuestro patrimonio ambiental.

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