Bogotanic, el barco que se hunde

18 de septiembre del 2012

El pasado domingo el caricaturista Bacteria comparó a Bogotá con el Titanic y a la pareja Petro-Parody con aquella que, por encima de profundas diferencias sociales, encontró en ese fatídico viaje el verdadero amor. No pudo ser más acertado Bacteria con esta sátira sobre lo que está pasando en la capital. Recordemos que el mismo […]

El pasado domingo el caricaturista Bacteria comparó a Bogotá con el Titanic y a la pareja Petro-Parody con aquella que, por encima de profundas diferencias sociales, encontró en ese fatídico viaje el verdadero amor. No pudo ser más acertado Bacteria con esta sátira sobre lo que está pasando en la capital. Recordemos que el mismo Petro cuando le preguntaron acerca de sus sentimientos por la nueva y flamante “Consejera Presidencial” dijo que por Gina solo sentía amor.

Entonces, debemos rebautizar a la capital con el nombre de Bogotanic, porque esta ciudad es lo más parecido a un enorme y aparatoso navío que está destinado a zozobrar y terminará llevándose al fondo de los helados océanos su fracasada travesía. Nuestra capital, que parecía haber recuperado la capacidad de navegar en aguas turbulentas y mandaba mensajes de esperanza sobre civismo, sentido de pertenencia y urbanismo, después de los Moreno y con la llegada de Petro, está extraviada, tan perdida que cualquier tropezón así sea con una Consejería Presidencial puede hundirla en el desgobierno, la inestabilidad y la desesperanza ciudadana.

Petro, un capitán inexperto al que le está quedando grande este barco, no consigue una tripulación que le guste y en plena travesía ha tirado por la borda a varios de sus colaboradores sin inmutarse. El es voluntarioso, quiere acertar, llevar la nave a puerto seguro, pero se niega a ver los signos de peligro o a escuchar la voces sensatas de la tripulación. Si sus oficiales le dicen: cuidado con ese rumbo, Petro no cambia de ruta, cambia de oficial, o cuando la tripulación le pide orientación, habla de temas que nada tienen que ver con los que se requiere para gobernar esta megalópolis como si quisiera distraer el miedo de sus interlocutores.

A tanta zozobra no le faltaba sino el ingrediente sentimental y cayó del cielo mandado por los Santos como un regalo, ¡Gina Parody! un amor de persona que no esconde su interés por apropiarse del mando de Bogotanic. Y ¿qué hace Petro? Nada, dice que la ama; ¿pero quién le va a creer, si el Alcalde es más frío que un témpano?

Las cosas van a estar peor que antes, se los aseguro. Petro tratará de botar al agua a su Consejera amada y la Consejera tratará de arrebatarle el timón a Petro. ¿Quién va a mandar a quién? Es una pareja imposible, más que la del propio Titanic, y de pronto pueden terminar juntos, pero helándose en la duras aguas de una ciudadanía hastiada de tanta improvisación.

Improvisa Petro, improvisa Santos, improvisa Gina, porque por estar uno al lado del otro no significa que vayan a hacer equipo, lo más probable es que se agarren a codazos y empellones para ver quién logra quedarse con el mando. A Gina Parody, no le importa que la hayan impuesto en el lugar y la hora equivocada; tendrá gabinete (asesores) y línea directa con el Presidente y Petro por su lado tendrá alguien más a quien echarle la culpa de los problemas de Bogotanic.

Parecería que esta idea se la copió Santos a su nuevo mejor amigo Chávez. Recordemos que Huguito nombró Consejero Presidencial para Caracas y dejó sin oficio al Alcalde electo de la capital venezolana. Esto, por supuesto, no resolvió nada, pero si agravó la gobernabilidad de esa ciudad y creó el precedente, con tufillo dictatorial, de que el Ejecutivo nacional puede pisotear cualquier territorio si lo considera de su interés político.

Y Petro, como ya no tiene partido, ni Concejo, ni equipo, porque se está quedando más solo que un cactus del desierto, suelta esa promesa de cumbiambera cuando dice que amará a la Parody, porque su gobierno es de amor. Ay, por Dios, ¡lo que tiene que aguantarse la gente que vive en la capital!

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